Santuario Nuestra Señora de los Milagros

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ES DOMINGO…

El Evangelio de hoy, por medio de la parábola,

insinúa que no tenemos mucha idea de cómo es Dios.

Lo poco que sabemos de él es porque nos lo ha revelado Jesús.

Y lo que Jesús nos dice es que es un Padre, o mejor un “papaíto” (eso es lo que significa “Abbá”).

Que nos quiere y que nos mira siempre con ojos de cariño y misericordia.

Más allá de eso sabemos muy poco o nada.

Como dice la primera lectura, “como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros”. No hay forma de que podamos entender a Dios, introducirlo en nuestra mente y expresarlo en nuestras categorías y formas de hablar. Dios siempre nos sorprenderá con la infinitud de su amor. Por eso, Jesús no encontró modo mejor de hablar de él que usar estas historias.

Así, por comparación, podríamos atisbar un poco lo que es Dios, el amor que nos tiene, su capacidad de acogida, su voluntad de darnos la vida plena.

Por eso Pablo, que había abierto totalmente su corazón a Dios, pudo decir: “para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir”. Mejor es que no tratemos de manipular a Dios y que simplemente le aceptemos tal y como se nos reveló en Jesús.

FELIZ  DOMINGO

dia del Señor y de la familia cristiana 

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

 

Hay como cuatro categorías de oyentes:

Los incrédulos: Dios les da en su palabra luz, pero el diablo se la roba y así les impide la fe y la salvación;
Los débiles: La semilla se seca por falta de agua; no tienen raíces, pues aunque al principio creen, es sólo de forma pasajera. Cuando llega la tentación sucumben, reniegan de la fe y caen en la apostasía definitiva;
Los sofocados por las preocupaciones egocéntricas, por las riquezas y los placeres y comodidades de la vida. No es un fracaso repentino, sino que van decayendo lentamente. Están en el buen camino, pero no alcanzan nunca la meta fijada por Dios. Su fe no llega a madurar, ya que carece de perseverancia y su conducta se relaja.
El éxito del ciento por uno es una cosecha milagrosa.
La actitud que se condena con mayor severidad es el apego a lo que se posee, por eso la adhesión a la palabra es lo que más adecuadamente describe la vida cristiana, que consiste en caminar tras los pasos de Jesús.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

El salmo que hoy leemos en la liturgia nos ayuda a ser sabios con la sabiduría de Dios.

Es un himno a la bondad de Dios manifestada en la belleza y bondad de sus obras.

Y es en este salmo donde se recoge una de las afirmaciones fundamentales de la tradición sapiencial: “el temor del Señor es el principio del saber”.

Es decir, la sabiduría plena es un don divino y sólo se alcanza desde una actitud de “temor de Dios”, entendido como reconocimiento, obediencia y fidelidad amorosa.

El fracaso de los que se consideran dueños de la verdad está precisamente en esa falta de sabiduría que les impide entrar en el Reino a ellos y que tampoco quieren dejar entrar a los demás.

FELIZ DÍA A TODOS 

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Todo comienza por la mirada de Jesús a la madre.

Y esta mirada provoca en él una infinita compasión por aquella mujer aplastada por el dolor.

El Dios de Lucas es compasivo, también lo es su Mesías. Pero además de este impulso del corazón, Jesús tiene poder para cambiar los destinos de las personas.

Dice a la madre: “No llores”. El consuelo tiene su fuente en Dios, que puede despertar a los muertos. Y Jesús manifiesta este designio y esta voluntad de vida no por una nueva palabra, sino por un gesto, el de tocar el féretro.

Y a continuación la palabra de Jesús da la vida y levanta al joven que iban a enterrar. Al devolver el hijo a su madre, Jesús se revela como señor de la vida.

FELIZ DÍA A TODOS

ES DOMINGO…

Setenta veces siete. Esta expresión nos lleva a un dato fundamental: la misericordia de Dios es tan enorme que no podemos siquiera imaginarla. El amor de Dios por sus criaturas es tan grande que ni siquiera se habla de perdón. Es simplemente un amor que lo cubre todo, que nos envuelve totalmente. Como dice Pablo en la segunda lectura: “en la vida y en la muerte somos del Señor”. Al lado de ese amor, de esa inmensa misericordia, queda claro que cualquier cosa que nos haga uno de nuestros hermanos es nada. Por heridos y dolidos que nos sintamos.

Pero tendríamos que ir un paso más allá. ¿No es mucha soberbia pensar que puedo perdonar a mi hermano o hermana? Cuando hago eso, me estoy situando pensando que soy superior a mi hermano. Me arrogo el derecho de determinar, a juzgar, no sólo que me ha ofendido y me ha herido sino que además lo ha hecho voluntariamente y, por eso, es culpable. ¿Desde cuándo me han nombrado juez de mi hermano? ¿Desde cuándo sé lo que pasa por su corazón? Eso pertenece a su intimidad y a Dios que seguramente lo verá como un hijo y lo atenderá como tal. Por mi parte, ¿no será mejor que trate de usar con mi hermano un poco de la misericordia que tiene el rey de la parábola o, mejor, de la inmensísima misericordia con que Dios me mira y compadece? Situado en esa perspectiva, es difícil que llegue a tener que “perdonar” alguna vez en mi vida a mi hermano.

FELIZ DOMINGO 

Día del Señor y de la familia cristiana…

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

¿Por qué le llamamos Señor y no hacemos caso de lo que nos dice?

¿Por qué le llamamos Salvador y no acabamos de acoger su salvación?

¿Por qué nos acercamos a él y no ponemos en práctica la Palabra que nos dirige?

Porque no acabamos de creer.

¡Señor, aumenta nuestra fe!

Para que construyamos nuestra vida cristiana sobre la roca firme que tu Palabra segura nos ofrece.

¡Señor, aumenta nuestra fe!

Para que la bondad que viene de ti se atesore en nuestro corazón y saquemos a relucir el bien.

¡Señor, aumenta nuestra fe!

Para que las dificultades de la vida no puedan con nuestra firme decisión de llamarte Señor y hacer lo que tú nos digas.

FELIZ DÍA A TODOS… 

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Las cruces están despareciendo de muchos lugares públicos en nombre de la laicidad social. Si no colgamos símbolos de otras religiones ¿por qué habríamos de colgar cruces en las escuelas o en los juzgados, por ejemplo? Y, sin embargo, la cruz de Jesús no es el logotipo de una multinacional religiosa sino un símbolo universal de amor.

La fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz no nos invita a acentuar nuestros rasgos de grupos, como si fuéramos unos fanáticos, sino a contemplar al Crucificado. Su trono no es un solio real del pasado ni tampoco un poder mediático del presente, sino su Cuerpo traspasado por amor.

Contemplar la cruz de Jesús significa adentrarse en la historia del sufrimiento de la humanidad. Por eso, los cristianos no somos fanáticos de la cruz como otros lo son de su raza, lengua, bandera, territorio, etc. Al contrario, por la Cruz de Jesús, entramos en esa “internacional del sufrimiento” que solo encuentra un punto de luz en su Cuerpo Resucitado. De esta comunidad de sufrientes no queda excluido ningún ser humano. Cualquiera puede adherirse a la cruz sin sentir que toca madera extrañaa. La cruz de Jesús está hecha con la madera de mi propia tiniebla.

FELIZ DÍA A TODOS

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Parece que San Pablo esta semana no nos deja respirar.

O más bien nos está enseñando a hacerlo,

jugando con los significados del verbo aspirar en castellano:

“aspirad a los bienes de allá arriba, donde está Cristo”.

Sería conveniente para nuestros pulmones cristianos “aspirar” los bienes de arriba, en lugar de aquellos que contaminan el oxígeno de la fe.

Seguro que respiraríamos mejor y tendríamos una vida cristiana más saludable.

FELIZ DÍA A TODOS…

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Hay decisiones en la vida que implican exigencia. Hay momentos en que toca apretar los puños y entregarse a fondo, aunque parezca que lo de ahora es menos apasionante, menos interesante, más árido. Pero es parte de la vida… De cualquier vida y, ciertamente, de una vida con sentido. Pelear con los propios fantasmas, subir cuestas que parecen interminables, encarar lo exigente…

Enséñame, Señor, a recordar, en la hora del esfuerzo el sentido profundo de lo que hago, prepararme, crecer, preguntar, formarme… Bendice mi vida, Señor y ayúdame siempre a responder a tu elección…

FELIZ DÍA A TODOS

HOY CELEBRAMOS…

SAN JUAN GABRIEL PERBOYRE, C.M 

Nuestro misionero se embarcó en El Havre el sábado 21 de marzo de 1835. Llevaba como compañeros a los cohermanos Gabet y Perry, que todavía eran sólo diáconos. Las relaciones con la tripulación fueron excelentes a lo largo de los tres meses que duró el viaje de El Havre a Batavia. La influencia del P. Perboyre sobre los oficiales y marineros fue tal, que en el momento en que, después de despedirse, nuestros misioneros abandonaron el barco, los miembros de la tripulación, al cambiar impresiones entre ellos, decían de Juan Gabriel: “¡Ése, ése es un verdadero santo!”.

Tomaron un barco inglés en Batavia, que les debía llevar primero a Surabaya, y finalmente a Macao. Los misioneros franceses de Macao, PP. Danicourt y Torretteapprenant, estando para llegar el P. Perboyre, escribieron a París manifestando su alegría ante la buena noticia, pues la reputación del subdirector del Seminario Interno había llegado hasta ellos: “¡Lo que han mandado ustedes a China es verdaderamente un tesoro!”.

La santidad de nuestro héroe no le impide apreciar los encantos del viaje y las distracciones fraternas: un santo triste sería un triste santo. Así en Surabaya, con sus compañeros de viaje va a bañarse en el mar. Hacen también algunas excursiones por las costas de Java y de la isla vecina de Madura. Durante el período que le va a llevar primero a Macao, y luego hasta su misión, va a disfrutar con un placer manifiesto, de lo que se hacen eco sus cartas, los gozos de la amistad. Efectivamente, se encuentra en Macao con el P. Torrette, antiguo condiscípulo suyo. Cuando va para Kiangsi pasa unos días con el P. Laribe, natural, como él, de la diócesis de Cahors; pudieron hablar en la lengua de su tierra, el “quercynol”, e intercambiar noticias y recuerdos. A continuación va donde el P. Rameaux, que tenía la misma edad que él y había sido ordenado también en 1826, pero en Siontauban, donde había conocido bien al tío Santiago Perboyre.

Una vez llegado a los lugares de su misión, Juan Gabriel va a dedicarse de lleno al trabajo apostólico. Pero en los designios de Dios, es preciso que lleve a cabo en sí la semejanza más perfecta con Cristo, su modelo. Va a sufrir dos pruebas graves. Apenas hubo llegado a los lugares de su apostolado, sufre una fiebre maligna que lo deja completamente extenuado, hasta el punto de que hubo de administrársele los últimos sacramentos. No llegó a recuperarse hasta pasar dos o tres meses más tarde, en noviembre. A esta prueba física le sucedió otra de orden espiritual. Estaba persuadido de que era un obstáculo para la gracia, y convencido de su inutilidad. Asimismo entró en una noche de la fe hasta el punto de creer que estaba condenado. Esto fue para él durante unas semanas una verdadera agonía; de ella el mismo Cristo lo libró apareciéndosele y confortándole. Un cohermano chino, que había trabajado largo tiempo con él, tenía una opinión enteramente distinta sobre su persona; decía a quien quería oírle: “¡Es un santo viviente!”.

A partir de su llegada a los lugares de su misión en agosto 1836, una serie de acontecimientos van a completar en nuestro mártir una extraordinaria semejanza con Cristo hasta en los detalles de su Pasión. El Santo Padre León XIII se complacerá al destacarla en el Breve de Beatificación.

Durante uno de los largos interrogatorios que le hicieron sufrir sus jueces, una vez le forzaron a revestirse los ornamentos sacerdotales que habían sido confiscados en la misión. Al verlo así revestido, lleno de majestad recogida, los testigos de la escena exclamaron llenos de admiración: “¡Es el dios Fuo, el dios Fuo vivo!”, es decir, la encarnación de Buda.

Y en la cárcel la paciencia y la mansedumbre de Juan Gabriel impresionaron de tal manera a los demás presos y a los guardianes, que le trataban con respeto, y que al término de su cautiverio trataron de rodearlo de cuidados y de atenciones.

Juan Guitton en su libro “Portrait de Marthe Robin” decía que “sería bueno que el momento inicial (el que funda nuestra fe, la Pasión de Cristo) se reproduzca. La historia de los santos es esta reproducción: es bueno y es hermoso que haya sobre la tierra imitaciones de la Pasión” (p.239).

Juan Gabriel ha sido, de un modo perfecto, una de esas imitaciones, uno de esos testigos vivientes de la Pasión de Cristo. No le ha faltado nada: la agonía, la traición por 30 monedas de plata, el prendimiento, el envío de un tribunal a otro, el Cireneo, el abandono por parte de los suyos, la negación de un compañero fiel, la corona de espinas, el suplicio sobre un patíbulo en forma de cruz, con los bandidos, el reparto de sus vestidos.

Algún tiempo después de la muerte del mártir, el P. Huc, que pasaba por aquella región hizo su averiguación sobre los hechos y he aquí lo que escribió:

Cuando el P. Perboyre fue martirizado, una cruz grande, luminosa y dibujada perfectamente apareció en el cielo…Muchos paganos fueron testigos del prodigio, y unos a otros se dijeron: “Mirad el signo que adoran los cristianos…; quiero servir al Dueño del cielo…”.Según la investigación hecha por Mons. Rizzolati, fue vista en el mismo sitio del cielo por un gran número de testigos, cristianos y paganos, que habitaban en distritos muy alejados unos de otros. Monseñor además interrogó a los cristianos que habían conocido al P. Perboyre, y todos declararon: “que ellos siempre lo consideraron como un gran santo”.

Que nuestro mártir haya sido considerado como un gran santo a los ojos de sus cristianos, no tiene por qué extrañarnos. Los últimos años de su vida misionera y las circunstancias de su pasión y de su muerte lo demuestran abundantemente. Pero es que es toda su existencia la que ha sido una subida hacia la santidad; poseemos los testimonios de ello en las diversas etapas de esta vida tan plena.

Fue beatificado el 10 de noviembre de 1889 por el Papa León XIII y canonizado en Roma el 2 de junio de 1996 por el Papa San Juan Pablo II