Santuario Nuestra Señora de los Milagros

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UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Hace algunos años, en mis primeros tiempos de sacerdote, vino una señora a hablar conmigo.

Estaba triste y amargada. Resulta que junto con otros matrimonios formaban un grupo de amigos. Y… ella estaba teniendo una “aventura” con otro, que era del grupo pero que casualmente no era su marido.

La señora venía a hablar conmigo triste. Pero no por haber tenido esa “aventura” que podía llevar a destrozar la familia del otro y su propia familia. No. Nada de eso. Su tristeza provenía del hecho de que, parece ser, algunos de los otros se habían enterado de la historia y se la estaban cotilleando unos a otros. Más o menos, venía a quejarse de lo malos que eran aquellos que estaban aireando su “aventura”. 

      Esto que me sucedió con aquella señora, lo he ido viendo muchas veces a lo largo de mi vida. Mucha gente que se preocupa no con haber metido la pata o hecho algo que no debían hacer sino por el hecho de que se llegue a saber. Porque, claro, eso afecta a su imagen pública. ¿Qué van a pensar los demás?

      Una vez más, Jesús nos hace una llamada al realismo. Nos invita a dejar de lado la imagen, la apariencia, y a centrarnos en la realidad. Lo importante no es que nos vean orando sino que recemos de verdad. Lo importante no es que nos vean ayudando a los pobres, sino que dediquemos parte de nuestro tiempo y recursos a ayudarlos, aunque no nos vea nadie hacerlo. Lo importante no es que nos vean ayunando sino ayunar de verdad de las injusticias y de todas las cosas malas que anidan a veces en nuestro corazón.

Dicho en palabras mucho más actuales: lo importante no es salir en la foto sino actuar en la realidad. Ser lo que somos independientemente de que nos vean o no nos vean. 

FELIZ DÍA A TODOS… 

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

 Lo que nos dice Jesús en el Evangelio de hoy nos deja fuera de lugar, sin respuesta.

De verdad, que nos cuesta entenderle y mucho más vivirlo.

Hay que amar a los enemigos y rezar por los que nos persiguen.

Y, en este caso, amar no se refiere a una actitud etérea y flotante sin consecuencias prácticas. Ya sabemos todos que para Jesús eso de amar es algo que tiene mucho que ver con la vida diaria, con la relación, con el cariño, con la atención a las necesidades del otro, con el servicio…

Así que cuando dice “amar a los enemigos”, está refiriéndose a que les tenemos que servir, atender y tratar con cariño en sus necesidades. Algo enormemente práctico y concreto. 

FELIZ DÍA A TODOS… 

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Vamos a ser sinceros: nos cuesta entender esta posición de Jesús. Nos cuesta más llevarlo a nuestra vida. Lo que nos sale de dentro es defender nuestros derechos y los derechos de los pobres. Y, si es necesario, aplastar al poderoso abusón y abusador. Lo que nos sale de dentro es el “ojo por ojo y diente por diente.” Pero Jesús se mueve en la órbita del Reino. Y eso es otra cosa, otra forma de mirar a la realidad, otra forma de construir la relación entre las personas. 

      La verdad es que, bien pensado, llevamos muchos años aplicando el “ojo por ojo y diente por diente” y nos ha ido como nos ha ido. Tenemos una historia plagada de guerras, venganzas sin fin y sangre. Podríamos probar con lo que nos dice Jesús. Igual esta historia comenzaba a ir de otra manera. Más fraterna y más al estilo del Reino del que tanto habló Jesús.

FELIZ DÍA A TODOS… 

ES DOMINGO… DÍA DEL SEÑOR

Hoy el Evangelio nos trae a la memoria dos parábolas de Jesús. Una acentúa el aspecto misterioso del crecimiento. El Reino se parece a la semilla que siembra el campesino y que luego crece sin que nadie sepa cómo en la oscuridad de la tierra. Pero crece y termina dando su fruto. Da lo mismo que el campesino duerma o esté en vela. Llegará el momento en que lo único que tendrá que hacer será recoger la cosecha.

La otra dice que el Reino se parece a la semilla de mostaza, la más pequeña de las semillas, pero que luego se hace tan grande que hasta los pájaros del cielo se cobijan en la planta que sale de aquella semilla. También el Reino crecerá hasta acoger a todos los hijos De Dios.

Feliz Domingo a todos… día del Señor y de la familia Cristiana…

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

El Señor nos dice: «Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’» (Mt 5,37).

Es decir, nos invita a vivir la veracidad en toda ocasión, a conformar nuestro pensamiento, nuestras palabras y nuestras obras a la verdad.

Y la verdad, ¿qué es? Es la gran pregunta, que ya vemos formulada en el Evangelio por boca de Pilato, en el juicio contra Jesús, y a la que tantos pensadores a lo largo de los tiempos han procurado dar respuesta.

Dios es la Verdad. Quien vive agradando a Dios, cumpliendo sus Mandamientos, vive en la Verdad. Dice el santo Cura de Ars: «La razón de que tan pocos cristianos obren con la exclusiva intención de agradar a Dios es porque la mayor parte de ellos se encuentran sometidos a la más espantosa ignorancia. Dios mío, ¡cuántas buenas obras se pierden para el Cielo!». Hay que pensar en ello.

Nos conviene formarnos, leer el Evangelio y el Catecismo. Después, vivir según lo que hemos aprendido.

Feliz día a todos… 

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Escuchamos aquí el eco de aquellas otras palabras de Jesús, que nos advierte que quien es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y quien es deshonesto en lo poco, también lo será en lo más importante (cf. Lc 16, 10).

Es esta la clave que nos permite entender la exigencia, para muchos un ideal imposible, de la indisolubilidad matrimonial: si viviéramos la fidelidad en lo pequeño, en los mínimos detalles de la vida cotidiana, si tratáramos de encarnar también ahí el mandamiento del amor (que incluye el perdón, otorgado y pedido, la reconciliación, la misericordia…), seríamos capaces de las grandes gestas, de las fidelidades mayores.

Feliz día a todos…

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Las palabras en el Evangelio de hoy deben entenderse en este sentido. No resuelven una cuestión legal ni de mera interpretación de la ley. Jesús ha venido a dar plenitud a la ley, a llevarla a su perfección. Y esa perfección es la ley y el mandamiento del amor. Y el amor no es una actitud genérica, “global”, sin matices. Al contrario, el que ama de verdad está atento también a los pequeños detalles, a esos que no parecen importantes, pero en los que se decide habitualmente nuestra vida, y en la que el ser humano se hace grande. Porque sólo amando en lo pequeño (y a los pequeños) como Jesús, es posible prepararse para los grandes momentos, para las grandes gestas, como la de Elías frente a los falsos profetas de Baal, como la de Jesús ante su misterio Pascual.

En definitiva, los niños creyentes de las escuelas soviéticas no recibieron caramelos, pero no se inclinaron ante el ídolo, en este caso de acero, salvaron su dignidad, y dieron un testimonio más valioso que, incluso, el del gran profeta Elías.

Feliz día a todos

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Ser bienaventurado (bendito, beato, feliz) es un don que reciben los que aceptan a Cristo, porque es en él en quien las Bienaventuranzas se encarnan y se hacen realidad. Y esta bienaventuranza no puede no reflejarse en el modo de pensar, de actuar, de vivir de los que la han recibido.

Por eso, Jesús no se dirige hoy a nosotros en condicional: lo que podríamos llegar a ser si cumplimos ciertas condiciones; sino que, después de habernos declarado felices (“bienaventurados vosotros…”), Jesús nos dice lo que ya somos: sal y luz. La sal da sabor, resalta lo bueno de lo que sazona, pero además ayuda a conservarlo.

Ser sal de la tierra significa mejorar la calidad de la vida, aumentarla, darle plenitud. La luz nos permite ver, descubrir la belleza que nos rodea, pero también no perder el camino, orientarnos, acercarnos a la meta de nuestra vida.

Ser luz del mundo significa ayudar a descubrir el sentido verdadero de la realidad toda, iluminar los valores que salvan nuestra vida, hacer al Dios Padre de Jesucristo visible en nuestro mundo.

FELIZ DÍA A TODOS… 

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Hoy la Iglesia celebra a San Bernabé como apóstol, aunque no fuera del grupo inicial de los Doce.

¿Qué sabemos de él?:

“José el apellidado por los apóstoles Bernabé, que traducido es lo mismo que Hijo de la consolación, levita, chipriota de linaje, como poseyese un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles” (Hch 4, 36-37).

Realmente, este gesto debió impresionar mucho a la primitiva comunidad cristiana: no sólo vender su campo sino poner el dinero a disposición de los apóstoles. Porque, ciertamente, podría haber repartido él su dinero entre los pobres como mejor le pareciera, no? Está claro que se fiaban de él, que era “un hombre bueno”, como nos dice la primera lectura, “lleno del Espíritu Santo y de fe”.

No sabemos si tenía el don de la palabra y el anuncio, pero sí sabemos que junto a Pablo, fue cauce de conversión para muchos en Antioquía. Más aún, fue un decidido valedor de los paganos ante los cristianos judaizantes, abriéndoles las puertas de la Iglesia y del Evangelio.

También sabemos otro dato que puede ayudarnos a nosotros hoy: cuando Pablo llega a Jerusalén buscando a los discípulos, nadie le creía; seguían viendo en él al perseguidor. Y fue Bernabé quien intercedió por él y le dio credibilidad al llevarlo consigo ante los apóstoles y en la misión. 

¿Qué aprender nosotros hoy de este apóstol?

  • su desprendimiento efectivo de los bienes y propiedades que tenemos
  • su sentido eclesial al poner a disposición de los apóstoles el reparto de esos bienes
  • la capacidad para saber ver en otros (aunque estén cuestionados y rechazados) su disposición para el anuncio del Evangelio, arriesgando nuestra propia imagen y credibilidad
  • su corazón misericordioso, compasivo, sensible a las necesidades de los demás y capaz de consolar a sus hermanos
  • su dedicación plena en el anuncio del Evangelio, dando gratis lo que gratis le fue dado, como nos recuerda hoy san Mateo.

FELIZ DÍA A TODOS… 

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Hoy el Evangelio nos invita a seguir nuestro camino. Seguir a Jesús no es otra cosa que vivir a fondo nuestra libertad y tomar nuestras decisiones conscientes de que no hay más que una realidad: que todos somos hermanos y hermanas, hijos del mismo Padre.

Y asumir la responsabilidad de nuestras acciones que deben orientarse a construir fraternidad y no a destruirla. Porque la gloria de Dios no es sino el bien del hombre.

Esa es la voluntad de Dios.

Ese es el mensaje que Pablo predicó siempre: liberarnos de todas las opresiones para vivir en la libertad de los hijos. ¡Que nunca pequemos contra el Espíritu de la libertad!

FELIZ DOMINGO… 

día del Señor y de la familia cristiana