Santuario Nuestra Señora de los Milagros

Noticias

CON FLORES A MARÍA…

Asegura el viejo pensador: 

“Mira dentro de ti. Allá está la fuente del bien,

que nunca se agotará con tal de que vayas excavando tu interior en cada instante”.

La Pascua, nos invita a descubrir esa alegría de esa fe cristiana que,

a veces, tanto disimulamos y tanto nos cuesta manifestar.

Entregar una  flor “tulipán” a Santa María conlleva descubrir la belleza

y el colorido que  aporta el mensaje de Cristo cuando se vive y se cuida con intensidad y con interés.

El “tulipán” florece a los cien días de ser sembrado y, después, va apagándose para en el próximo año y con el mismo bulbo volver a nacer.

María nos recuerda que la Palabra de Jesús se cumple.

Vivamos con alegría y cerremos los ojos a este mundo con la misma alegría y certeza de saber

que volveremos a encontrarnos por aquel que triunfó sobre la muerte: CRISTO.

Así lo sintió Ella, ni corta ni perezosa ( con la alegría de llevar en sus entrañas a Jesús) se puso en camino para hacerle saber a Santa Isabel lo que el ángel le había hecho partícipe.

Mientras tanto, muchos de nosotros, aletargados y enmudecidos por no sé qué miedos o temores en los rincones de nuestras sacristías.

Que no se apague el fuego de Pentecostés.

 

HOY CELEBRAMOS…

 BEATA  SOR MARTA WIECKA (1874-1904)


de la Compañía de las Hijas de la Caridad

de San Vicente de Paúl

Infancia y familia

La vida de Sor Marta Wiecka fue corta. Sólo 30 años fueron suficientes para alcanzar las cumbres de la santidad. Fue una auténtica Hija de la Caridad. Su entrega total al Señor y a los pobres fue testimonio atrayente para quienes vivían junto a ella. Servía a los enfermos, miembros dolientes de Cristo con el estilo vicenciano de humildad, sencillez y caridad.

Nació el 12 de enero de 1874 en Nowy Wiec al noroeste de Polonia. Fue bautizada el 18 de enero de 1874 en la iglesia filial de Szczodrowo recibiendo los nombres de Marta Anna. Era la tercera de los 13 hijos de Marcelino y Paulina. Sus padres, labradores, eran dueños de un campo de 100 hectáreas.

El estado polaco había desaparecido del mapa de Europa en el año 1795 después de los tres repartos sucesivos de su territorio entre Austria, Prusia y Rusia. Nowy Wiec se hallaba en la región prusiana cuyas autoridades, aplicando métodos impositivos y a veces brutales, sometían a la población a una germanización forzosa. La familia Wiecka era de una fe profunda y un arraigado patriotismo. Con otras muchas familias constituyeron la base de la oposición ante la invasión germánica. En la casa de Marta se rezaba el Rosario en familia todos los días, se leían las biografías de los santos u otros libros religiosos y se compartía el contenido de la homilía dominical.

A la edad de 2 años Marta cayó enferma tan gravemente, que estuvo a las puertas de la muerte. La mejoría radical sucedió tras una oración intensa a la Virgen en su Santuario de Piaseczno. Este hecho fue interpretado en la familia Wiecka como milagro dejando huella en la vida de Marta y en su relación cercana y filial con la Stam Virgen. Toda su vida estuvo marcada por la devoción mariana. Ella misma afirmaba que recurría a la Stma Virgen en todas sus necesidades y jamás, María, le había negado algo de lo que pedía.

La pequeña Marta ayudaba en casa cuanto podía. Los vecinos testimoniaron que era una chica piadosa, mansa y humilde de corazón, de carácter recto, pero sobre todo irradiaba serenidad y alegría. Su familia y sus vecinos conocían también su honda devoción a San Juan Nepomuceno. Siendo niña encontró una estatua de este santo y organizó su restauración, tras la cual fue colocada frente a su casa… Muchas veces se podía verla rezando ante ella. Toda la vida conservará la devoción a este Santo que despertó en su alma infantil la catequesis parroquial.

El 3 de octubre de 1886, a los 12 años de edad, recibió la Primera Comunión. A partir de esta fecha, su unión con Jesucristo Eucaristía se fortaleció fuertemente y su vida de oración se centró totalmente en Él. Cuando podía, se dirigía a la iglesia parroquial, localizada a 12 kilómetros de Nowy Wiec, para participar en la Eucaristía. En su casa dedicaba frecuentemente su tiempo a la oración. Cuando su madre cayó enferma la reemplazó en algunos trabajos de la casa, sobre todo en el cuidado de los niños más pequeños.

Vocación

A los 16 años pidió el ingreso en la Compañía de las Hijas de la Caridad. La Visitadora la hizo esperar dos años hasta alcanzar la edad exigida. En el año 1892, a los 18 años lo solicitó de nuevo con su amiga Monika Gdaniec, pero no fue admitida en Chelmno porque había exceso de postulantes. Entonces el número de admisiones estaba restringido por las autoridades prusianas y este era un condicionamiento insalvable… Ambas amigas, Marta y Monika, viajaron a Cracovia, que estaba entonces bajo el dominio austriaco, y allí el 26 de abril de 1892 fueron admitidas las dos en el postulantado. Después de cuatro meses, el día 12 de agosto de 1892, entraron en el Seminario (noviciado). Allí durante ocho meses de formación inicial asimiló el ideal de las Hijas de la Caridad que iba a desarrollar en los años posteriores.

Después de la toma de hábito el 21 de abril de 1893, Sor Marta fue destinada al Hospital General de Lviv que se hallaba en la parte austriaca, Galitzia, y pertenecía a la Provincia de Cracovia. Muy pronto se ganó la estima de una Hermana por su amor y servicio a los enfermos con gran entrega y abnegación. La estancia en Lviv duró año y medio. Este período preparó a Sor Marta para el trabajo en el pequeño hospital de Podhajce. Aquí durante cinco años también dio testimonio de devoción y cariño en el cuidado de los pacientes. En este hospital de Podhajce emitió los primeros votos, el 15 de agosto de 1897, ratificando su entrega total a Dios para servirle en los más pobres.

La prueba de la calumnia

En 1899 Sor Marta fue destinada al hospital de Bochnia, ciudad cercana a Cracovia. La Hermana Sirviente era entonces Sor Maria Chabło. En ese tiempo Sor Marta tuvo una visión de la cruz, desde la cual le habló el Señor animándola a soportar todas las contrariedades y le prometió llevarla pronto consigo. Este acontecimiento despertó en ella un celo todavía más delicado en su trabajo y una fuerte añoranza del cielo. La prueba anunciada no tardó en llegar… Un hombre desmoralizado, al salir del hospital divulgó por la ciudad la noticia que Sor Marta había quedado embarazada por su relación amorosa con un paciente joven, pariente del párroco. A partir de entonces cayó sobre Sor Marta una ola de afrentas maliciosas de parte de los habitantes de Sniatyn. Sin embargo la actitud firme de la Hermana Sirviente permitió que Sor Marta se quedara en el lugar para confirmar su inocencia. En aquel tiempo no dejó de cumplir sus deberes con la servicialidad y cariño de siempre. A pesar de sufrir persecución moral, soportaba esta calumnia en silencio abandonándose en manos de Dios.

El carisma de Sor Marta

En el año 1902 fue destinada Sor Marta a Sniatyn, ciudad ubicada en la frontera oriental de Galitzia, (hoy se encuentra en Ucrania). Allí también desarrolló su servicio en el hospital. El párroco del lugar pronto se dio cuenta de la categoría espiritual de Sor Marta y de su don de discernimiento sobre el estado de las almas. Y empezó a enviarle personas que no necesitaban cuidados de enfermería sino consejo y dirección espiritual… Sor Marta no se limitaba solo a esta tarea, socorría y servía con fervor a todos los necesitados.

Sor Marta amaba mucho su vocación e irradiaba alegría y satisfacción en su entrega a los pobres. Siempre tenía una sonrisa sincera en su rostro… Sabía establecer empatía con su pacientes a los aliviaba los sufrimientos físicos y morales. De forma discreta y callada les ayudaba en la preparación para la confesión, les instruía sobre la doctrina de la fe, ayudaba a resolver los problemas en coherencia con su visión cristiana de la vida. El número de los enfermos que habitualmente la acompañaban en el Vía Crucis rezado en la capilla, llegaba a cuarenta.

Poseía un don singular para reconciliar las almas con Dios. En su departamento nadie moría sin confesarse e incluso, más de una vez, algunos pacientes judíos pidieron ser bautizados… Sor Marta trataba con la misma atención y caridad a todas las personas que sufrían, fueran polacos, ucranianos o judíos, greco-católicos, ortodoxos o católicos… La fuerza para servir con esta entrega radical le venía de la oración.

Tanto su vida como su muerte estuvieron selladas por el amor auténtico a Dios y al prójimo, fuente y centro de su existencia. En 1904, consciente del peligro que esto conllevaba, se ofreció a sustituir a un empleado del hospital en la desinfección de una habitación dónde había muerto una enferma de tifus. Sor Marta realizó este trabajo con satisfacción. Y lo hizo para que no se contagiase el operario que debía hacerlo, cuyo trabajo constituía el sustento de su mujer e hijo. Sor Marta sintió la fiebre enseguida, pero se empeñó en terminar todos sus trabajos. Durante la última semana en el hospital se hizo todo lo posible para curarla. A estos esfuerzos les acompañaba una intensa oración de pacientes y empleados del hospital y personas buenas de toda la ciudad. Los judíos encendían velas en la sinagoga por sus intenciones… Gran número de personas esperaba frente al hospital interesándose por su salud. Después de administrarle el santo Viático, Sor Marta realizó una oración larga y profunda, considerada por los testigos como un verdadero éxtasis. Murió serenamente y confiada a las manos de Dios Padre el 30 de mayo de 1904 en Sniatyn.

Los fieles del lugar cuidaron y veneraron la tumba de Sor Marta. Durante más de cien años ha estado continuamente cubierta de flores, velas y una especie de tapetes bordados, muy tradicionales en esa región. La gente peregrinaba hacia ella y sostenía que había sido escuchada y consolada por su intercesión en asuntos muy difíciles… Decían que acudían a su ‶Madre” o ‶Madrecita”. Nadie preguntaba si eran ortodoxos o católicos y de qué rito. Aun en los años del régimen de la ‶máquina soviética” acudían a ella, y así lo siguen haciendo los peregrinos y habitantes del lugar hasta hoy.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el centro de mi vida
en el núcleo capital de mi vida
hay una fuente luminosa un surtidor
que alza convicciones de colores
y es lindo contemplarlas y seguirlas

en el centro de mi vida
en el núcleo capital de mi vida
hay un dolor que palmo a palmo
va ganando su tiempo
y es útil aprender su huella firme

en el centro de mi vida
en el núcleo capital de mi vida
la muerte queda lejos
la calma tiene olor a lluvia
la lluvia tiene olor a tierra

esto me lo contaron porque yo
nunca estoy en el centro de mi vida

Mario Benedetti

FELIZ DÍA A TODOS

CON FLORES A MARÍA…

Afirman que no hay nada mejor para la salud y el brillo de los ojos que una buena infusión de “jazmín”. 

Tal vez, agobiados por el escaparate y el fuego de artificio,

hemos olvidado pedir a Dios “ojos para ver bien”, “para juzgar bien”, “para actuar bien”.

María, mejor que nadie, supo distinguir con larga vista aquello que Dios le puso delante de sí misma.

Alfombrar la casa de la Virgen con el “jazmín” es pedirle a María que nunca deje de mirarnos.

Es rogarle que interceda ante el Padre para que nunca perdamos el perfume de los amigos de Jesús:

solidaridad y servicio, perdón y comprensión, afabilidad y alegría.

Pidamos a Santa María, en este mes de mayo,

que cuide de nuestros ojos para que sepamos ver con claridad aquello que conviene para ser unos buenos hijos de Dios y convertirnos en unos eternos altavoces que suenen en el mundo como aleluyas de la Pascua del Resucitado

Que hoy, el Espíritu Santo,

nos fortalezca con el DON DE CONSEJO

para clarificar tanto túnel oscuro y sin final en las vidas de muchas personas.

Cuando el carro se haya roto muchos os dirán por dónde no se debía pasar” (Anónimo)

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Después de la celebración de la

ASCENSIÓN DEL SEÑOR

nos preparamos a vivir la

VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO…

La calma, la paz, la tranquilidad…

Esa que no sobra en estos tiempos tan acelerados.

Cuando la vida se mueve deprisa.

Cuando nos agobiamos por tantas cosas.

Cuando uno tiende a vivir abrumado, encogido o preocupado por todo lo que no tiene, no encuentra, no consigue…

Ahí llega tu espíritu, que es caricia y sosiego, que es como el temblor ligero que pone todo en su sitio.

Que es luz tenue, pero suficiente para apartar las oscuridades que nos amenazan.

FELIZ DÍA A TODOS… 

CON FLORES A MARÍA…

A lo largo de la historia, al laurel, se le ha conferido significación religiosa vinculada al triunfo.

La mitología griega lo consagró a Apolo, dios de la salud y la medicina.

Con laurel eran coronados los emperadores romanos y los vencedores en torneos y batallas.

Con palmas y ramos de laurel fue aclamado Jesucristo en su entrada en Jerusalén,

y para conmemorar este episodio el mundo cristiano ha instituido el Domingo de Ramos,

en que se bendicen palmas y laureles, olivos y ramas.

Y también, simbolizando el triunfo de María por su disponibilidad y obediencia,

sencillez y pobreza, apertura y bondad, queremos ofrendarle una pequeña rama de “laurel”.

Que Ella nos ayude a superarnos a nosotros mismos en aquello que merezca la pena.

Que seamos de aquellos intrépidos que, contra viento y marea,

saben y quieren esforzarse por ascender a las más altas cotas de la verdad y de la sinceridad, de amor y de justicia, de paz y de solidaridad.

Qué bien lo expresó el sabio: el oro se hace viejo en la tierra pero el triunfo que no se malogra espera siempre en el cielo”. 

Pentecostés

sea para nosotros una fuente del DON DE CIENCIA

que viene de Dios como la mejor y la más sensata.

ASCENSIÓN DEL SEÑOR

¿Subir o bajar? ¿Arriba o abajo?

    La Ascensión del Señor parece que nos invita a mirar al cielo, arriba. El Señor resucitado se ha ido. Dejó solos a los apóstoles. Da la impresión de que ya para siempre, los creyentes, los seguidores de Jesús, deben permanecer así: mirando al cielo. Es como si hoy celebrásemos la despedida final, el último adiós a Jesús. Si la muerte no le separó del todo de nosotros porque a los tres días celebramos la resurrección, ahora sí, a los cuarenta días, el adiós es de verdad. El grupo de los discípulos queda sólo y abandonado, en lo alto de un monte.

     Pero no es así. Nada de eso. El Evangelio termina con una afirmación contundente de Jesús: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. No dice “estaréis conmigo en el cielo” sino “yo estoy con vosotros”. Está con nosotros aquí abajo. Siempre. No es tiempo, pues de sentirse desolados, abandonados, tristes ni cabizbajos. No es tiempo de quedarse mirando al cielo como el que se ha quedado compuesto y sin novia. Es tiempo de bajar, de volver la vista a la vida, de andar los caminos, de ser testigos, de ir y hacer discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Él camina con nosotros. Él no nos deja de su mano. Él se hará presente en nuestras vidas por el Espíritu Santo que nos enviará. 

     Esa presencia tiene momentos en que se siente especialmente cercana. No puede ser un detalle casual el que el autor de los Hechos de los Apóstoles sitúe la escena de la ascensión de Jesús en el marco de una comida. Así comienza: “Una vez que comían juntos…”. Las comidas son muy importantes en el Evangelio. Recordemos las comidas de Jesús con los pecadores, las multiplicaciones de los panes, las bodas de Caná. Recordemos el momento solemne de la última cena, los encuentros de los discípulos con Jesús resucitado en el lago, cuando los esperaba a la orilla con un pez sobre las brasas, y a los dos de Emaús que lo reconocieron “al partir el pan”.  Estas comidas son todas ellas eucaristías, celebraciones de la fraternidad del Reino, del encuentro con el Padre que crea una relación nueva entre los que participan en ellas. La Eucaristía ha quedado para la comunidad de los creyentes como el momento culminante de experimentar esa presencia de Jesús en nuestra vida. 

     Hoy, veintiún siglos más tarde, es en la Eucaristía donde podremos experimentar la fuerza del Espíritu que nos haga comprender la esperanza a la que estamos llamados, la riqueza de gloria que se nos ofrece en herencia y la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros. Hay que leer y releer la lectura de los Efesios de este domingo. En ella está la clave de lo que somos, de lo que significa el paso de Jesús por nuestras vidas. Aquellos pescadores quedaron convertidos en apóstoles. Y los que no veían más allá de sus redes llenas de agujeros predicaron el mensaje de la esperanza y la vida, del amor de Dios por todos los rincones del mundo conocido. 

   Bajaron del monte y salieron por los caminos a predicar el Reino, a invitar a todos a conocer a Jesús, a hacer que los que se encontrasen con ellos experimentasen el amor de Dios y se sintiesen como lo que son: hijos e hijas de Dios. Los discípulos bajaron del monte y se mezclaron en el río de la vida con los hombres y mujeres de su tiempo para compartir con ellos “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias”, como nos ha recordado la Constitución Pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. Así el Reino se va haciendo vida y realidad en nuestro mundo.

FELIZ DÍA A TODOS… 

CON FLORES A MARÍA…

 Si algo valoramos en los tiempos que vivimos (por ser un bien escaso) es la FIDELIDAD;

cuando alguien cumple lo que promete; cuando una pareja (a pesar de las dificultades) sigue adelante;

cuando una persona lucha por sus ideales y sus principios….pensamos que la fidelidad todavía existe.

Entrar en la presencia de María y dejar que suba por la pared de su santuario una “hiedra

es ser conscientes de que nos falta mucho para ser coherentes entre lo que decimos y aquello que hacemos.

Ella, María, fue fiel hasta el final.

Supo agarrarse en cuerpo y alma a la fe como la misma hiedra se ajusta a un muro para no desprenderse, caer al suelo y morir.

Hoy, no puede ser de otra manera, recordamos a tantos hombres y mujeres que iniciaron con buena voluntad el camino de la vida cristiana  pero, los vientos de la comodidad, apatía, incredulidad o secularismo…los alejó por otros derroteros.

Que Pentecostés nos traiga el SANTO TEMOR DE DIOS que es el susto de perderle.

Mirar a María, en esta jornada del mes de mayo,

es hacerle sabedora de que la fidelidad sólo se consigue cuando uno la trabaja y la solicita a Dios como don del Espíritu Santo.

“Si Dios está en todo lugar… ¿por qué yo estoy en otro sitio?”(M.D.)

HOY: ADORACIÓN EUCARÍSTICA

Hoy, sábado 27 de mayo, tendremos el habitual encuentro 

de último sábado de mes, con el SEÑOR SACRAMENTADO. 

Comenzaremos al as 17:30 horas con el rezo del Santo Rosario.

A las 18:00 horas: Santa Misa

A continuación

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

Oración…

I VISPERAS SOLEMNES de la ASCENSIÓN

Bendición y despedida…

Estáis todos invitados… además del grupo de Adoración Nocturna…, en este Santuario, es un grupo ABIERTO A LA ACOGIDA de todos aquellos que quieran pasar un rato con el Señor… 

ANIMO… OS ESPERAMOS A TODOS…