Santuario Nuestra Señora de los Milagros

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UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Mi reflexión del evangelio de hoy (Mc 4,26-34):

Jesús habla a sus discípulos sobre la fuerza interior que tiene el Reino de Dios.

Para ello utiliza dos ejemplos sobre las semillas. El primero describe una semilla que crece por sí sola, sin la directa intervención humana. Ella es sembrada y el hombre en la noche ni se da cuenta del proceso de vida que se va obrando. De esta manera Jesús quiere enseñar a los suyos que la palabra da fruto a su tiempo, que no por tener mayores prisas las cosas salen mejor. Los invita a que no se desanimen, que es necesario aprender a sembrar con confianza. Y el segundo ejemplo nos presenta el caso de la semilla de mostaza. La casi imperceptible e intrascendente semilla, al crecer da sombra, cobijo y alimento. Para Jesús las cosas, los detalles, los sueños, los proyectos, pueden ser pequeños pero no por ello son insignificantes o impotentes. La fuerza transformadora del amor de Dios aparentemente se muestra débil, en el niño del pesebre; se muestra vencida, en Jesús en la cruz, pero se manifestará triunfante en su resurrección. Los proyectos de Dios no dependen de la apariencia, sino de la fuerza vital que los sostiene. Dios en Jesús, nos ayuda a comprender, que aunque vulnerables no estamos vencidos, que aunque frágiles no estamos destinados al fracaso, que aunque menospreciados, nuestra dignidad se sostiene en su amor que nos dignifica. Por eso vale la pena siempre brindar lo mejor de nosotros, no importa si la gratitud no llega, o si los frutos no florecen ante nuestros ojos. Al final sólo queda nuestro corazón fuerte y engrandecido por la ofrenda generosa, y la serena certeza que lo verdadero crece en el silencio, que lo “esencial es invisible a los ojos”. Feliz y bendecida semana. No olvides compartir, recuerda todos somos misioneros

(P. José Antonio González P. cm).

Inmaculado Corazón de María

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Sábado X Tiempo Ordinario Inmaculado corazón de la Virgen María
La liturgia propone esta memoria al día siguiente de la gran fiesta del Corazón de Jesús. Así, tras la solemnidad en que se celebra el corazón abierto del Salvador, hacemos un recuerdo más discreto del corazón de la madre, la toda-santa, la obra primorosa del Espíritu.

San Lucas 2, 41-51 Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedo en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Él les contestó:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la cosas de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron lo que le dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Palabra del Señor

Reflexion: En el evangelio de hoy se hace referencia al Templo, a la casa de mi Padre y al corazón de María. Y también las oraciones eucológicas de esta Fiesta del Inmaculado Corazón de María citan expresamente el Corazón de María como “digna morada del Espíritu Santo”, y que nosotros “lleguemos a ser templos dignos de tu gloria”.

¿Qué relación tiene todo esto? ¿Qué nos quiere decir? En la época de Jesús, el Templo de Jerusalén era la casa de Dios, ahí moraba la gloria de Dios. Pero hay otras traducciones que en lugar de “Casa de mi Padre”, traduce por “las cosas de mi Padre”. Es decir, que Jesús parece querer indicar a José y María que las cosas de su Padre, o sea, la relación íntima con Él, es más importante que el Templo material, porque esa relación se puede dar en lo íntimo del corazón. Y así lo apunta el final del Evangelio: “María conservaba cuidadosamente todas estas cosas en su corazón”.

Efectivamente, el corazón es el centro de la persona, ahí sucede todo, ahí se toman las decisiones, ahí se guardan los sentimientos, afectos, deseos, todo lo profundo de la persona. Y ahí habita Dios, ahí habla al corazón de la persona y en ese fondo es donde quiere tener una relación de amor con cada uno de nosotros.

Aprovechemos este día en que María nos ayuda a tomar en serio nuestro proceder, a cribar nuestro corazón para comprobar si de verdad amamos a Dios, a no tener miedo de mirar dentro y ver qué sale de nuestro corazón, y a confiarnos a su Inmaculado Corazón para pedirle que podamos tener los mismos sentimientos del Hijo.

_* Dios te bendice…* Recemos: Credo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria. “Dulce Corazón de María sed la salvación mia”.

Sagrado Corazón

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Viernes X Tiempo Ordinario Solemnidad con la que la Iglesia celebra el amor de Cristo salvador por los seres humanos, amor cuyo símbolo es su corazón. Aunque la devoción al Sagrado Corazón se remonta a la Edad media, la fiesta fue reconocida oficialmente en 1856 por el Papa Pio IX.

San Juan 19, 31-37 Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran.
Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.
El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis.
Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron»

Palabra del Señor

Reflexion: En la perícopa evangélica, San Juan presenta dos realidades: una, el nacimiento de la Iglesia y los sacramentos con el agua y la sangre que brotan del costado de Cristo; la otra el hecho de que el corazón de Cristo es un corazón traspasado.

Cuando nos damos cuenta de que estamos necesitados de la conversión, nos pasa como a los que escucharon el discurso de Pedro el día de Pentecostés: “estas palabras les traspasaron el corazón y dijeron: ¿qué tenemos que hacer hermanos?”. El creyente se da cuenta de que tener un corazón de carne, un corazón traspasado, sólo lo puede lograr el Espíritu Santo, el único cirujano afamado que puede hacer con éxito este trasplante de corazón.

El corazón de Jesús está traspasado, es decir, está permanentemente abierto para que siempre se pueda entrar y salir; en El no hay voluntad de posesión, sino sólo de amor. Es un corazón que no se endurece ni se cierra. Nuestra salvación está en aceptar vivir con un corazón así, abierto de par en par. Si quiero tener los mismos sentimientos de Jesús, no puedo cerrar mi corazón.

Hay que ser pobre en el espíritu, pues los pobres son los que no ponen la seguridad en sus certezas y riquezas, sino que abren su corazón. Un corazón traspasado, quebrantado, abierto, nos da una mirada nueva que nos permite vernos a nosotros mismos y a los demás con la mirada de Dios, una mirada llena de amor, compasión, paciencia y misericordia.

En esta mirada consiste la pobreza de espíritu, la infancia espiritual y por paradójico que parezca, la madurez espiritual. Sólo desde la pobreza de corazón se aprende a esperar. El corazón pobre y quebrantado nos permite acoger la esperanza.

La devoción al Corazón de Jesús, no es algo ñoño y trasnochado. Todo lo contrario, la verdadera devoción al Corazón de Jesús -valorando esas imágenes tan dulces que tanto han consolado a tantas personas que sufrian-, nos debe llevar a una muy determinada determinación que nos hace falta para empeñarnos en la conversión de nuestro propio corazón.

El Señor nos dice: “Hijo, dame tu corazón, y tus ojos guarden mis caminos”. ¿Se lo daremos por completo?

_* Dios te bendice…* Rezamos: Credo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria. “Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío”.

Domingo Corpus Christi

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo Corpus Christi

San Marcos 14, 12-26 El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
«¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
«ld a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?»
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, acondicionada y dispuesta. Preparádnosla allí»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua.
Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:
«Tomad, esto es mi cuerpo.»
Después, tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron.
Y les dijo:
«Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».
Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos.

Palabra del Señor

Reflexion: celebramos solemnemente la presencia eucarística de Cristo entre nosotros, el “don por excelencia”: «Éste es mi cuerpo (…). Ésta es mi sangre» (Mc 14,22.24). Dispongámonos a suscitar en nuestra alma el “asombro eucarístico” (San Juan Pablo II).

El pueblo judío en su cena pascual conmemoraba la historia de la salvación, las maravillas de Dios para con su pueblo, especialmente la liberación de la esclavitud de Egipto. En esta conmemoración, cada familia comía el cordero pascual. Jesucristo se convierte en el nuevo y definitivo cordero pascual sacrificado en la cruz y comido en Pan Eucarístico.

La Eucaristía es sacrificio: es el sacrificio del cuerpo inmolado de Cristo y de su sangre derramada por todos nosotros. En la Última Cena esto se anticipó. A lo largo de la historia se irá actualizando en cada Eucaristía. En Ella tenemos el alimento: es el nuevo alimento que da vida y fuerza al cristiano mientras camina hacia el Padre.

La Eucaristía es presencia de Cristo entre nosotros. Cristo resucitado y glorioso permanece entre nosotros de una manera misteriosa, pero real en la Eucaristía. Esta presencia implica una actitud de adoración por nuestra parte y una actitud de comunión personal con Él. La presencia eucarística nos garantiza que Él permanece entre nosotros y opera la obra de la salvación.

La Eucaristía es misterio de fe. Es el centro y la clave de la vida de la Iglesia. Es la fuente y raíz de la existencia cristiana. Sin vivencia eucarística la fe cristiana se reduciría a una filosofía.

Jesús nos da el mandamiento del amor de caridad en la institución de la Eucaristía. No se trata de la última recomendación del amigo que marcha lejos o del padre que ve cercana la muerte. Es la afirmación del dinamismo que Él pone en nosotros. Por el Bautismo comenzamos una vida nueva, que es alimentada por la Eucaristía. El dinamismo de esta vida lleva a amar a los otros, y es un dinamismo en crecimiento hasta dar la vida: en esto notarán que somos cristianos.

Cristo nos ama porque recibe la vida del Padre. Nosotros amaremos recibiendo del Padre la vida, especialmente a través del alimento eucarístico

_* Dios te bendice…* Tantum. Ergo: “Veneremos, pues, inclinados
tan grande Sacramento;
y la antigua figura ceda el puesto
al nuevo rito;
la fe supla
la incapacidad de los sentidos.
Al Padre y al Hijo
sean dadas alabanza y júbilo, salud, honor, poder y bendición;
una gloria igual sea dada al que del uno y del otro procede. Amen”.

UNA IMAGEN … UNA PALABRA

Mi reflexión en la Solemnidad de la Santísima Trinidad (Rm 8,14-17/Mt 28,16-20). Hablar de Dios no es fácil. Para algunas personas, Él solo es una fábula recreada en el tiempo, producto de nuestros miedos e ignorancia. Para otros, en caso que exista, Dios tiene tendencias sádicas e indolentes, pues frente a las injusticias e impunidades, pareciera estar mudo. Se piensa, sin atino, que Él tiene que hacerse cargo de nuestras irresponsabilidades.

Hay otros que piensan, que Dios solo es una experiencia intimista y cerrada, exclusiva y placentera, cuyo fin sería únicamente traernos una paz imperturbable. Hay quienes piensan que Dios está al servicio de nuestros caprichos o como “farmacia” para nuestros dolores. Pero, no porque lo neguemos o lo desvirtuemos, Dios deja de estar presente o Dios deja de ser quien es. Ciertamente hay un “dios” que no debería existir: el “dios” que justifica la aniquilación del otro o que permanece impávido ante su sufrimiento. El “dios” que se desentiende del planeta o el que sostiene nuestros deseos de poder, de venganza y soberbia.

Para el cristiano, Dios es Trinidad, es comunión en el Amor. Dios es Padre que crea todo en gratuidad, con ternura y en libertad. Dios es Hijo que participa de los gozos y alegrías de la Humanidad, y que comparte desde dentro, en la cruz, la terrible presencia de la injusticia, del dolor. Y en su resurrección nos recuerda que es la vida, y no la muerte, la que tiene la última palabra en la historia. Dios es Espíritu Santo que con fogosa y chispeante presencia, recrea nuestros corazones para hacer creativo y efectivo el amor conque hemos sido amados. Vivir Trinitariamente, es hacer del amor más honesto, nuestra raíz vinculante; es asumir que la comunión solo se construye en la aceptación de la diferencia del otro; es ofrecer lo mejor de nosotros como lugar de perdón y de paz.

Gloria al Padre. Gloria al Hijo. Gloria al Espíritu Santo. Feliz y bendecida semana. Todos somos misioneros, no olvides compartir.

(P. José Antonio González P. cm).

VII Domingo de Pascua

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo VII Semana de PASCUA *ASCENSIÓN del SEÑOR *

San Marcos 16, 15-20 En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo:
«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.
A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».
Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
Ellos se fueron a predicar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Palabra del Señor

Reflexión: Llama la atención del evangelio de Marcos el encargo de la misión del resucitado a los apóstoles para hacer discípulos en todas las partes del mundo. Jesús indica con precisión cual será la misión de los discípulos: Enseñar la doctrina evangélica, anunciar al Resucitado, que se concretará en hacer discípulos de Jesús: dar testimonio, proclamar el evangelio, implantar comunidades, ofrecer la salvación: la filiación divina.

Dicha proclamación llevará consigo la realización de unos signos adaptados a cada una de las situaciones angustiosas de la vida humana. El Reino se hace presente ahora cuando los discípulos se empeñan, con el
auxilio de la gracia divina, en vencer el mal del mundo; fueron enviados a proclamar la Buena Noticia por todas partes, y el Señor actuaba en ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañaban.

Dentro de la comunidad hay diversidad de ministerios, “para la edificación del Cuerpo de Cristo”, hasta que lleguemos “al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud”. La Iglesia ha de descubrir también hot nuevos y claros gestos a favor de todos los oprimidos, explotados o alienados, con los que darles a conocer el mensaje, sintonizar y aprender a vivir como Él, en el mundo.

Con el bautismo, bajo la acción de gracia divina, adquirimos personalmente el compromiso de vivir fielmente en el quehacer cotidiano. Jesús promete su presencia y ayuda continua; no nos dejará solos, ni desamparados, seamos muchos o pocos, jóvenes o mayores. Las comunidades cristianas necesitan descubrir su estilo propio, con matices diferenciados, inundadas por el mismo Espíritu: Jesús sigue vivo en medio de los suyos, cada miembro con su propia función, amando, perdonando, sanando, a su manera…

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque Jesús, el Señor, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte, ha ascendido hoy ante el asombro de los ángeles, a lo más alto de los cielos, como Mediador entre Dios y los hombres,
como Juez del mundo y Señor del universo.
No se ha ido para desentenderse de nuestra pobreza,
sino que nos precede el primero como cabeza nuestra,
para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza
de seguirlo en su reino”. A Él la gloria, el honor e el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Virgen de Fatima

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Jueves VI Semana de PASCUA Nuestra Señora de Fátima.

San Juan 16, 16-20 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver».
Comentaron entonces algunos discípulos:
«¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver”, y eso de “me voy al Padre”?».
Y se preguntaban:
«¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice».
Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo:
«¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver”? En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría».

Palabra del Señor

Reflexión: Muy próximos a la celebración de la Ascensión del Señor meditamos hoy este pasaje del Evangelio de San Juan, que pone en nuestra alma un “clímax” de asombro ante las palabras del Señor Jesús: “dentro de poco… dentro de otro poco…”. Parece como si el Señor quisiera hacernos reflexionar para que no nos quedemos en la periferia de su mensaje: lo más importante, para nosotros, debe ser buscar tenerle a Él, hacer experiencia de Dios Uno y Trino para colaborar con Él en la salvación de muchas almas.

Dios nos ha creado por Amor, y para que este Amor, que recibimos de Él, lo demos a nuestros hermanos. El amor pone en nuestra alma el ambiente de la paz. Y, nuestra vida llegará a su plenitud, si la gastamos y la desgastamos por Dios y por los hermanos, amándolos hasta el extremo, como Él lo hizo y lo sigue haciendo desde el Padre, es decir, nuestra vida debe ser una entrega generosa y confiada a Dios y a los hombres.

Ésta debe ser la experiencia vital y diaria de todo “hijo o hija de Dios”, renacimos del santo Bautismo, y a ello debemos tender con insistencia hasta que llegue a ser realidad en nuestra vida.

El estar tristes o contentos no depende de nosotros, ni tampoco es lo más importante para nosotros. No debemos olvidar, por otra parte que, los momentos de confusión, de dificultad o de tristeza, son momentos para crecer en la fe y en la confianza, para amar más, para centrarnos en lo esencial. La tribulación y la perplejidad pertenecen a la experiencia de fe, pues la fe es un movimiento vivo del hombre.

No olvidemos nunca que el Señor Jesús mantiene su promesa: «Vuestra tristeza se convertirá en alegría», y, «esa alegría nadie os la quitará». En nuestra tradición cristiana existe una serie de testimonios de personas, que frente a los mayores peligros y tribulaciones, inmediatamente antes de morir a manos del verdugo, proclamaron que tenían el corazón henchido de gozo y de alegría.

¿Abro mi vida a la “Luminosidad de la vida futura”? ¿Espero el segundo “Dentro de otro poco?

_* Dios te bendice…* ¡”Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo! ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman!
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores”.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Mi reflexión de evangelio (Jn 15, 9-17):

Jesús invita a sus discípulos a vivir y permanecer en el amor, como Él vive y permanece con el Padre. Les dice: “amaos los unos a otros…” Ciertamente el amor es la fuerza dinámica que le da sentido a todo, sin él, la vida sería un absurdo. Pero el amor del que está hablando Jesús tiene un requisito: amaos… “como yo os he amado”. Él sabe que aunque todo amor es bello, tiende a encerrarse en sí mismo, es decir, a hacerse narcisista y condescendiente con nosotros mismos. Él sabe que aunque nuestro amor puede ser sincero, tiende a justificar sus opciones y sus exclusiones.

Él sabe que aunque nuestro amor busca complacer lo amado, también tiende a poseer lo que se ama. Jesús no limita nuestro amor, sino que lo integra y lo enaltece en un horizonte de plenitud. En Jesús el amor es la vida misma ofrecida en cada instante. ¿Cómo nos ama Jesús para que nos amemos nosotros? Nos ama en el Padre, y desde Él nos ayuda a comprender la grandiosa dignidad del amor que nos ha creado y llamado. E

n Dios nadie es más que otro, por lo tanto, su amor nos invita a amar sin excepción y sin exclusiones. Jesús nos ama también con misericordia, desde las entrañas mismas de su ser. Es un amor honesto, que sana y acoge con ternura, pero que no asfixia sino que hace florecer la libertad. Por lo tanto, amar a otro no nos da una propiedad sobre él, ni le exige una recompensa por nuestra bondad. Se ama con gratitud y gratuidad, se ama ofreciendo lo mejor de sí mismo en la trasparencia única de ser don que florece y ayuda a florecer, como Jesús lo hizo. Feliz y amorosa semana. Por favor no olviden compartir. Todos somos misioneros.

(P. José Antonio González P. cm).

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Mi reflexión del evangelio (Jn 15,1-8):

Jesús utiliza la bella imagen de la Vid y los sarmientos para decirles a sus discípulos el tipo de vinculación que Él ofrece y que espera de los suyos. Ya antes les ha dicho que no son “siervos” a su servicio, sino que desea que sean “amigos” que comparten un mismo ideal de entrega. Jesús es la fuente de vida de los discípulos, su principio de comunión, y la garantía de sus abundantes frutos.

Pero, todo esto será real si se permanece unido a Él, si se permanece unido a su Palabra. Sin Él, el sarmiento languidece, se seca, se muere. Sin Él, el sarmiento pierde su vinculación con los demás, se aísla y pronto cae. Sin Él, el sarmiento empieza a dar frutos amargos, y pronto la soledad estéril lo invade. Solo un vinculo íntimo y honesto con el Maestro, podrá a ayudar al discípulo a descubrir el amor que lo define, a reconocer el tejido de fraternidad y solidaridad que lo sostiene, y a ofrecer con alegría, los frutos que su corazón bondadoso puede dar.

Pero, hay que escuchar su Palabra, dejar que ella resuene desde dentro, que ilumine nuestro entendimiento, que dé calor a nuestro corazón. Pero, hay que dejar que su Palabra nos guíe, que ella nos permita descubrir el amor que nos ha creado, que ella nos muestre la tarea que tenemos como artesanos de comunión y reconciliación, y, que permita que demos frutos de justicia, de misericordia y de tolerancia. Señor, que aprendamos a permanecer unidos a Tí, en la escucha atenta y en la práctica amorosa, de tu Buena Noticia. Solo así podremos dar frutos verdaderos de vida y comunión. Feliz y fructuosa semana. Todos somos misioneros, no olvides compartir. (P. José Antonio González P. cm)