Santuario Nuestra Señora de los Milagros

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es DOMINGO II de PASCUA DIVINA MISERICORDIA

San Juan 10,19-31 Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros».Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo:«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor

Reflexión: La experiencia pascual es la experiencia del encuentro con el resucitado, que cambia radicalmente la vida de los que habían vivido con Él. Los primeros discípulos experimentaron que Jesús estaba vivo, que aquél a quienes los poderes de este mundo habían ajusticiado, había sido resucitado por Dios. Y esa experiencia cambió sus vidas y la de los creyentes de todos los tiempos. Juan nos relata esa experiencia de encuentro de los discípulos con el resucitado, subrayando los efectos que ese encuentro produce en aquellos que estaban “encerrados por miedo a los judíos”:

Pasan del temor a la valentía, que les permitirá a partir de ese momento ser testigos sin temor a la persecución o la muerte. Descubren que la paz es la señal de la presencia del resucitado.
Vivencian la alegría como fruto de esa presencia.
Se sienten enviados a dar continuidad a la misión de Jesús. Acogen el Espíritu Santo que Jesús les invita a recibir y que les da poder para testimoniar. A partir de ese momento la persona de los díscipulos queda afectada radicalmente y su identidad ahora es la de testigos. Son lo que son gracias al encuentro con el resucitado.

Con todo, no se le escapa al evangelista la incredulidad de Tomás, de tantos de nosotros tantas veces, para creer a los discípulos. En el fondo todos necesitamos “ver” para creer. Nada sustituye a nuestra experiencia personal. También el Señor resucitado conoce nuestra necesidad y, como a Tomás, siempre nos sale al encuentro, a cada uno, a sabiendas de que nada puede sustituir la experiencia personal. Creemos sí, apoyados en la fe de los testigos, pero también nos es dado experimentar el encuentro de modo personal. Se nos da la gracia del encuentro, que por gratuito y sorpresivo, no puede ser neutralizado por nuestra débil fe.

Cuando, los cristianos salimos a los caminos de la vida lo hacemos sabiendo que nos saldrá al encuentro Jesús resucitado, que sigue estando con nosotros hasta el final de los tiempos. Reconoceremos su presencia en todas las realidades humanas que nos dejan paz profunda, en las situaciones en que, ya sean fáciles o difíciles, experimentamos la alegría y el amor, los encuentros humanos en que renace la esperanza más honda, la que está anclada en esta victoria de Dios sobre el mal y la muerte, en la certeza de que Jesús vive.

Es este encuentro con Jesús resucitado el que nos configura como creyentes, es el encuentro que nos da la identidad más profunda, el sentido último de nuestra existencia. Toca estar atentos para que sepamos reconocer sus huellas, escuchar su saludo de paz, reconocernos enviados y acoger su Espíritu Santo, no sea que, como tantas veces en la vida, pasemos de largo, sin ver.

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario,
glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Por Él, los hijos de la luz nacen a la Vida eterna, y se abren para los creyentes las puertas del reino de los cielos, porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida, y en su Resurrección todos hemos resucitado a la Vida.
Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero está llamado a la alegría junto con los ángeles y los arcángeles que cantan un himno a tu gloria:Santo, Santo, Santo…

Domingo de Resurrección

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es DOMINGO de RESURRECCIÓN Celebramos la Pascua no sólo con esperanza, también con una gran certeza: Dios nos libera radicalmente del mal y nos compromete con la liberación. Estamos llamados a vivir como resucitados, buscando y sirviendo los bienes de arriba, los valores del evangelio, una vida en plenitud.

Lectura San Juan 20, 1-9. El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor

Reflexión: Hoy domingo de Resurrección podemos proponernos mirar a todos con los ojos de Cristo, mirar con amor y misericordia, tal como nosotros fuimos mirados en Getsemaní, en el Cenáculo, desde la Cruz y desde el Resucitado. Como María Magdalena y los otros testigos de la Resurrección nos llega el momento de reconocer a Jesús. Podemos “ver al Señor”, en la Santisima Eucaristía, en los otros, en la Iglesia, en los empobrecidos, en los actos cotidianos donde vence el amor.¡Queremos ver y queremos ser vistos, reconocidos con misericordia!

Renovar cada año la celebración de Pascua supone recibir un envío: Somos enviados al mundo entero. A los mundos reales y virtuales. Hoy quien crea tener las manos vacías está más preparado que nunca para recibir el Espíritu Santo. Llega el momento de regresar a la vida ordinaria. La Pascua, la victoria de Jesús acompaña todas las horas de nuestra jornada. La esperanza de la Pascua la tenemos delante, dentro de nosotros, a nuestro alrededor. La fe, las personas, las familias, la comunidad, el pueblo, el mundo…todo es agraciado, amado, redimido por Cristo. Tenemos motivos para esperar. Hemos sido salvados en la esperanza y estamos contentos. Existen las enfermedades, los males, el miedo, pero también nuestra capacidad de hacer el bien es mayor. Podemos mirar la vida con ojos nuevos, con sentido, aprendiendo a esperar y apoyándonos en la fuerza que da la Iglesia recibida de Dios.

Jesús nos dice: ¡Ánimo, yo he vencido al mundo! Ha vencido el amor desarmado, la vida como la primavera es imparable. Somos enviados a reconocer las alegrías y las penas de la gente, para ser tocados y cambiados por ellos. Ninguna felicidad verdadera excluye la tristeza. ¡Qué liberador asumir esto! La felicidad cristiana no es una euforia colectiva, sino la alegría de Dios que lleva sobre sí las penas del mundo. Si queremos probar la alegría de Dios, no debemos tener miedo de vernos tocados por la tristeza, dado que ello ahondará el hueco que Dios llenará con la felicidad. Nuestra sociedad se resiste a este pensamiento liberador porque con frecuencia no distinguimos la tristeza de la depresión, que es una enfermedad terrible. Podemos ser felices porque no nos da vergüenza sentirnos también tristes de vez en cuando. La alegría cristiana es capaz de llevar dentro de sí el dolor porque es vivir la historia de Cristo, que abarca del bautismo a la resurrección, abrazando el Viernes Santo como un momento dentro del viaje. Este viaje que hacemos juntos en la fe, del “escuchar, entender y sentir al creer sin haber visto…del todo”.

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este día en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.

Porque Él es el verdadero Cordero
que quitó el pecado del mundo: muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró nuestra vida.

Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero está llamado a la alegría junto con los ángeles y los arcángeles que cantan un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo”.

Sábado Santo

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es SABADO SANTO

«¿Qué es lo que hoy sucede? “Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio porque el Rey duerme. «La tierra temió sobrecogida» porque Dios se durmió en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios en la carne ha muerto y el Abismo ha despertado.

Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere visitar «a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte». El, que es al mismo tiempo Hijo de Dios, hijo de Eva, va a librar de su prisión y de sus dolores a Adán y a Eva.

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: Mi Señor esté con todos. Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: Y con tu espíritu. Y tomándolo por la mano le añade: «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz».

Yo soy tu Dios que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo: tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: Salid; y a los que se encuentran en las tinieblas: iluminaos; y a los que dormís: levantaos.

A ti te mando: «despierta tú que duermes», pues no te creé para que permanezcas cautivo en el Abismo; «levántate de entre los muertos», pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

Por ti yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al Abismo; por ti me he hecho hombre, «semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos»; por ti que fuiste expulsado del huerto he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado. Contempla los salivazos de mi cara que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas que he soportado para reformar de acuerdo con mi imagen tu imagen deformada.

Contempla los azotes en mis espaldas que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados que habían sido cargados sobre tu espalda. Contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero; por ti los he aceptado, que maliciosamente extendiste una mano al árbol.

Dormí en la cruz y la lanza atravesó mi costado por ti, que en el paraíso dormiste y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del costado. Mi sueño te saca del sueño del Abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilará; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.

El trono de los querubines está preparado, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos, se han embellecido los eternos tabernáculos y las moradas, los tesoros abiertos y el reino de los cielos que existe antes de los siglos está preparado.»

De una homilía antigua sobre el grande y santo Sábado (PG 43, 439. 451. 462-463)

ORACION: “Señor todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos”.

Viernes Santo

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es VIERNES SANTO En Viernes Santo celebramos la Pasión de Cristo, con una liturgia austera; no de luto, sino de llanto esperanzado. Con celebración o sin ella, hoy podemos meditar la Pasión del Señor, orar el dolor de la humanidad; adorar la cruz propia o de los más cercanos, y la comunióncon Jesús.

Lectura Profeta Isaías 52,13-53, 12 MIRAD, mi siervo tendrá éxito,
subirá y crecerá mucho.
Como muchos se espantaron de él porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y comprender algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio?; ¿a quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres,
como un hombre de dolores,
acostumbrado asufrimientos,
ante el cual se ocultaban los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron.
Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba
y no abría la boca: como cordero llevado al matadero,
como oveja ante esquilador,
enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,
¿quién se preocupará de su estirpe? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados y una tumba con los malhechores,
aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte,
y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte
y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

Palabra del Señor

Reflexión: Junto a la cruz de Jesús aparece congregada simbólicamente la Iglesia, sobre todo en la persona de su Madre y en el discípulo a quien amaba. Al pie de la cruz nace la nueva familia de Jesús. El discípulo acoge a la Madre de Jesús como algo suyo. Al pie de la cruz, asistimos al nacimiento de la Iglesia. Somos una familia nacida del costado que nos amó hasta la muerte y muerte de cruz. Somos una familia corresponsable: Una familia que mira siempre a otros crucificados. Queremos ser una familia que trabaja por un reino del amor apasionado en la tierra.

Conclusión. Cristo doliente nos pregunta: ¿Cómo ayudar en el sufrimiento?
Este Dios crucificado por mí, no permite una fe egoísta. Más bien nos pone mirando al sufrimiento de tantos crucificados por las injusticias y las desgracias. Así es Dios para los cristianos: un Dios débil que no tiene más poder que su amor.

Quien sigue a Jesús crucificado acepta el sufrimiento como experiencia transformadora. No busca el dolor, sino que lo soporta. No sólo soporta el dolor, sino que lo combate.No sólo combate el dolor, sino que lo trasforma. Que significa aceptarlo e integrarlo en el sentido global de la vida. El hombre debe combatir el dolor por todos los medios. Pero no le ha sido dado el vencerlos definitivamente. Ni siquiera quien sigue el camino de Jesús y carga a diario sencillamente con su cruz está en condiciones de vencer y eliminar el dolor.

El cristiano sabe que la fe en Jesucristo la vive también como una Pasión paradójica: la del Sufrimiento y la del Amor. Siempre habrá sufrimiento, pero el amor le puede dar sentido, y puede convertirlo en entrega a Dios y a los demás.

Recordemos a los enfermos, recordemos a todas las personas abandonadas bajo el peso de la cruz, a fin de que encuentren en la cruz la fuerza de la esperanza de la vida y del amor de Dios.

_* Dios te bendice…* “No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido; muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera, que, aunque no hubiera cielo, yo te amara, y, aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera; pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. Amén”.

Jueves Santo

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es JUEVES SANTO “Señor Dios nuestro, nos has convocado esta tarde para celebrar aquella misma memorable Cena en que tu Hijo, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el banquete de su amor, el sacrificio nuevo de la alianza eterna; te pedimos que la celebración de estos santos misterios, nos lleve a alcanzar plenitud de amor y de vida. Por Jesucristo nuestro Señor”. ( Oración colecta de hoy)

Lectura Evangelio según San Juan 13, 1-15 Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y este le dice: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?». Jesús le replicó: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».
Pedro le dice:«No me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo».
Simón Pedro le dice: «Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús le dice: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos».
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».

Palabra del Señor

Reflexión: A la hora de la Última Cena se juntaron todas las causas de dolor que puede sufrir una persona: el peligro inminente y cierto del prendimiento, la tortura, la degradación por la burla, la muerte cruel y vergonzosa. Junto a ello, la incomprensión y traición de los suyos, “sus amigos” (Jn 15, 13-14); el rechazo de su pueblo, al que había querido reunir y guardar de los peligros “como una gallina cobija bajo sus alas sus polluelos” (Mt 23, 37). Y más profundamente aún, como explicitará en la súplica de Getsemaní y el grito de la cruz, el escalofrío y el terror ante “el cáliz” del Padre (Lc 22, 39-46) y su silencio que tiene sabor de sentirse abandonado por Él (Mt 27, 46).

Y sin embargo, en estos momentos, Jesús no se manifiesta ni como oprimido, ni reprimido, ni deprimido. Todo lo contrario. Los adjetivos que califican a Cristo y a su actitud son los de “expandido”,“desprendido” y “compartido”.

“Expandido”: ama a los suyos hasta el extremo, los sirve desde abajo, lavándoles los pies, les anuncia que participarán en su alegría y en su paz, e incluso, llama a este momento, a esta “hora”, “su “glorificación”, cuando deja más claro quién es, a qué viene y cómo da a conocer al Padre (Cf. Jn 13-17). Ahora, precisamente, es un libro abierto, se le conoce en su verdad, como indicará a Felipe (Jn 14, 8-11).

“Desprendido”: Jesús es lo contrario a un narcisista. Todo Él y todo lo suyo es para darlo, comunicarlo. Él es verdaderamente el “hombre para los demás”, que muestra con ello, ser Hijo de ese Dios que es “todo en todo” y para todos.

“Compartido”: Cristo nos señala con su actitud que ser persona, Hijo e imagen de Dios, significa que nuestra identidad, nuestra fecundidad, nuestra felicidad consiste en aprender a ser como El, apoyados en su presencia constante e impulsados por el Espíritu Santo.

Asi pues, los sacramentos de los que hoy celebramos la institución: la Eucaristía y el sacerdocio, no son simplemente milagros a admirar. La Eucaristía tiene como fin convertirnos en Eucaristía personal y comunitariamente para la vida del mundo. El Ministerio es “hacer lo de Jesús como Jesús”: cuidar a los hermanos hasta dar la vida –dedicar toda la vida- para que tengan la Vida de la gracia de Dios. Por eso la caridad, es decir aquel amor que tiene las características del amor de Dios, es la explicación, el sentido, el dinamizador y la meta de todo.

Nuestro examen de conciencia –y de consciencia- a partir de hoy ha de tomar más en serio –en profundo- la indicación de San Pablo: “tened los mismos sentimientos de Cristo” (Flp 2,5). ¿Revelan nuestros modos de reaccionar ante las circunstancias que sufrimos, que gracias a Él y como Él vivimos “expandidos”, “desprendidos” y “compartidos”?

_* Dios te bendice…* “Veneremos, pues, inclinados tan grande Sacramento; y la antigua figura ceda el puesto al nuevo rito; la fe supla la incapacidad de los sentidos. Al Padre y al Hijo sean dadas alabanza y júbilo, salud, honor, poder y bendición; una gloria igual sea dada
al que del uno y del otro procede. Amén”.

Miércoles Santo

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es MIERCOLES SANTO

Lectura Evangelio según San Mateo 26, 14-25 En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
«¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».
Él contestó:
«Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle:
“El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
«En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».
Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
«¿Soy yo acaso, Señor?».
Él respondió:
«El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
«¿Soy yo acaso, Maestro?».
Él respondió:
«Tú lo has dicho».

Palabra del Señor

Reflexión: Este pasaje del evangelio de San Mateo, está lleno de preguntas. Pregunta Judas el traidor ¿Qué estáis dispuesto a darme si os lo entrego? Nos dice el evangelista Juan que Jesús conocía lo que había en el corazón de cada uno. En la cena había urgido a Judas a que hiciera pronto lo que pensaba hacer. ¿Qué pasaba por la cabeza de este que, llamado por Jesús, no ha terminado de conocer el camino trazado por el Maestro? Sin duda chocan dos proyectos. El de Jesús es de paz y amor a todos. El de Judas no sintoniza con estos planteamientos. Forzar a Jesús a optar por otra vía pudo pasar por su cabeza, atendiendo a la pregunta que hace a los del Sanedrín. Su final revela que falló en su intento y que lejos de comprender el perdón y la misericordia, no quiso o no supo ver la alternativa.

¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua? Ciertamente la pregunta está referida a un lugar determinado. No se menciona la identidad del dueño del lugar, pero debía ser conocido de todos. Jesús ha deseado intensamente celebrar esta Pascua con sus discípulos, No será una pascua común, como siempre, la que recordaba la liberación de Egipto. Esta viene marcada por las notables diferencias que va a establecer. Darse a sí mismo como verdadera comida y bebida. Su Cuerpo entregado y su Sangre derramada para el perdón de los pecados. A partir de aquel momento, hacerlo en conmemoración suya va a implicar vincularse a su Persona y a su proyecto. Exige donación y entrega, Como el grano de trigo que cae en tierra y muere para dar fruto. El lugar de la Pascua nueva es la Comunidad eclesial y es cada miembro de la comunidad. Es en este lugar en el que él quiere morar, ser acogido y enseñar que se entrega voluntariamente por todos y por cada uno.

¿Soy yo acaso, Señor? Una pregunta que van
pronunciando uno tras otro. Judas también. Y Jesús le respondió que era como él preguntaba. Jesús había anunciado en esa cena memorable que uno lo iba a entregar. Juan lo cuenta de otro modo. A instancias de Pedro, pregunta a Jesús y la respuesta como un susurro la recibe Juan: a quién yo dé este trozo de pan untado, ese es. Se lo da a Judas y a renglón seguido, le dirá: lo que tienes que hacer, hazlo pronto. Judas salió inmediatamente.

Hay respuestas que nos toca darlas a cada uno. Cada uno sabe en su interior qué camino desea seguir y cómo quiere seguirlo. Si se torna complicado y difícil, ahí está el Maestro para señalar el modo y la manera de proceder. Abramos nuestra existencia a esa posibilidad. Seguro que la andadura será diferente.

_* Dios te bendice…* “Postrado ante tus pies humildemente vengo a pedirte dulce Jesús mío poderte repetir constantemente.
Jesús Misericordioso, en Ti Confío.
Si la confianza es prueba de ternura esta prueba de amor darte yo ansió aun cuando este sumido en amargura.
Jesús Misericordioso, en Ti Confío.
En las horas más tristes de mi vida cuando todos me dejen ¡Oh dios mío! y el alma este por penas combatida.
Jesús Misericordioso, en Ti Confío”.

Martes Santo

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es MARTES SANTO

Lectura Evangelio según San Juan 13, 21-38 En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo:
«En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.
Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
«Señor, ¿quién es?».
Le contestó Jesús:
«Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».
Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
«Lo que vas a hacer, hazlo pronto».
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
“Donde yo voy no podéis venir vosotros”».
Simón Pedro le dijo:
«Señor, ¿adónde vas?».
Jesús le respondió:
«Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó:
«Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó:
«¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

Palabra del Señor

Reflexión: “Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar”. Y el silencio se podía cortar. Cuando, en la familia, uno de los cónyuges tiene una “aventura”, no suele ser traición, sino infidelidad; cuando un hijo, una hija, da un portazo un mal día y se va, tampoco suele ser traición, sino inmadurez, irresponsabilidad. La traición es algo distinto, y suele surgir donde abundó la amistad, como en el caso de Judas y Jesús. Se suele decir que la traición es propia del diablo, y, cuando se da en la persona humana, algo diabólico. Jesús dirá de Judas, una vez que salió para consumar la traición: ”Más le valiera no haber nacido”.

Pero, ¿por qué? Creo que nunca lo sabremos. Hubo un momento en su vida en el que claramente optó por Jesús y, éste, conociéndole, admitió su oferta y, a su vez, apostó por él. Luego, el contacto con Jesús tenía que haber provocado en él una adhesión cada vez mayor, pero no fue así. El porqué sigue siendo un misterio. Lo único que podemos intuir es que su traición, objetivamente, es, si no la peor, una de las más graves que se pueden cometer. “Más le valiera no haber nacido”.

“Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti”. Y, momentos más tarde, intentó hacer realidad sus palabras, espada en mano. Pedro era sincero, aunque la ofuscación le hiciera desconocerse a sí mismo. “¿Conque darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces”. Y se lo dijo con cariño, porque Pedro era transparente y auténtico. Sus negaciones no fueron traiciones a Jesús sino a sí mismo, a su prepotencia y fanfarronería. Y Pedro se arrepentirá, llorará y lamentará su torpeza y debilidad.

Con matices distintos, todos podemos reconocernos en la persona y comportamiento de Pedro. Por eso, es importante para nosotros recordar aquel patio de Caifás y los patios donde nos encontramos con las “criadas de turno” que nos hacen parecidas preguntas para tentarnos. No somos ángeles, somos como Pedro: a veces acertamos y, con frecuencia, nos equivocamos. Lo decisivo es evitar la solución de Judas ante nuestros fracasos y aprender, arrepentidos, a llorar como Pedro.

_* Dios te bendice…* “Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa
contra gente sin piedad, sálvame del hombre traidor y malvado.
Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?,
¿por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén (Salmo 42).

Lunes Santo

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es LUNES SANTO

Lectura Evangelio según San Juan 12, 1-12 Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.
Jesús dijo:
«Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Palabra del Señor

Reflexión: Betania, para Jesús y, desde entonces, para nosotros, es sinónimo de amistad auténtica. Allí está Marta, la que sirve; se encuentra Lázaro, el resucitado, y María, la de los perfumes, que representan el extremo del amor de amistad. Son Betania, donde Jesús se sentía en casa, como en el hogar, a gusto; y donde descansaba. Sirven, escuchan y ungen. Pero sobre todo, aman y se sienten amados.

Desentonando, está también Judas Iscariote, el que, al final, lo entregará. Representa lo contrario de la amistad, la antipatía y la animosidad, envueltas en papel de celofán envenenado: “¿Por qué no se ha vendido este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?”

Actitudes de Jesús
Jesús, receptivo y emocionado por lo que está viviendo y por lo que sabe que le va a pasar, responde con actitudes propias del Maestro. Defiende a María, alaba su gesto y aprecia el detalle de no sólo ser invitado a cenar sino a que la cena esté ambientada con el perfume, auténtico y costoso, de nardo. El mejor perfume como marco de la más genuina amistad.

¡Cállate, Judas! María no tiene nada que ver contigo, con tu falta de transparencia y con tus traiciones solapadas. María sabe el precio del nardo, pero conoce, sobre todo, el valor del gesto. Tú perteneces al grupo de los que saben el precio de todo y el valor de nada.

“Y la casa se llenó de la fragancia del perfume”, porque María quería decirle a Jesús, no con palabras que pueden ser equívocas, sino con inconfundibles gestos, que le quería, que estaba con él y que siempre podía contar con Lázaro, con Marta y con ella. Y Jesús se dejaba querer. Y Lázaro, Marta y María se llenaban, envueltos en fragancia, de la vida y persona de Jesús; y de sus actitudes, y de su saber estar ante la vida y ante la muerte.

Testigos de esta cena en Betania, nos cuesta pensar en los sentimientos de Jesús ante la proximidad de su muerte, pero los tuvo. ¿Nos dice esto algo a nosotros?

¿Me preocupo de que en mis cenas, anfitrión o convidado, “la casa” se llene de “fragancia” similar a la Betania?

_* Dios te bendice…* “No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera,
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara, y, aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera; pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. Amén”. Padrenuestro, Avemaria, Gloria.

Domingo de Ramos

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es DOMINGO de RAMOS

Lectura Evangelio según San Marcos, 14, 1-15.47 Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, hicieron una reunión. Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Él respondió:

  • «Tú lo dices».
    C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:
    S. «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan».
    C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba extrañado. Por la fiesta solía soltarles un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los rebeldes que habían cometido un homicidio en la revuelta. La muchedumbre que se había reunido comenzó a pedirle lo que era costumbre. Pilato les preguntó:
    S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
    C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
    Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
    S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».
    C. Ellos gritaron de nuevo:
    S. «Crucifícalo».
    C. Pilato les dijo:
    S. «Pues ¿qué mal ha hecho?».
    C. Ellos gritaron más fuerte:
    S. «Crucifícalo».
    C. Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio— y convocaron a toda la compañía. Lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
    S. «¡Salve, rey de los judíos!».
    C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacan para crucificarlo. Pasaba uno que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo; y lo obligan a llevar la cruz. Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecían vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucifican y se reparten sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.
    Era la hora tercia cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
    S. «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz».
    C. De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose:
    S. «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos».
    C. También los otros crucificados lo insultaban. Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona. Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente:
  • «Eloí Eloí, lemá sabaqtaní?». «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).
    C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
    S. «Mira, llama a Elías».
    C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:
    S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».
    C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
    S. «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».

Palabra del Señor

Reflexión: La hondura, dramatismo, tristeza, silencio, queja, burla, confianza, muerte…y un largo número más de sentimientos y circunstancias, que se le presentan al cristiano-lector-orante de la Pasión de Cristo no lo pueden dejar indiferente. Releyendo el evangelio de la conmemoración de la entrada de Jesus en la ciudad santa, y meditando sobre él, aparecen concomitancias entre Cristo y el pollino que lo transporta. A saber: humildad, pobreza, mansedumbre… Además, escribe Marcos “encontraréis un pollino atado, que nadie había montado todavía” (11, 12), pudiéndose colegir de ello la pureza y limpieza del jumento donde se asienta el “Príncipe de la Paz”.

Todo seguidor de Jesús, tiene que ser portador de la paz, llevarla en sus hombros, manifestarla con su palabra y sus obras. Si, al menos al final de esta Semana Santa de este año especial, pudiésemos hacer nuestra la frase del Centurión: «Realmente este hombre era Hijo de Dios», no estaría todo perdido y sería el principio de esta otra pregunta: «¿Seré yo?» y que, de hacérnosla, nos llevaría a un cambio de vida y a un mayor seguimiento del Cristo Resucitado en la noche santa de la Vigilia-Pascual.

Si la vivencia de este domingo, así como el del Triduo Pascual, nos llevan a preguntarnos «¿Seré yo?» es un buen principio para gritarle a Dios ¿por qué nos has abandonado? que hará que la noche de Pascua resuenen en nuestro corazón las palabras del centurión: «Realmente este hombre era Hijo de Dios».

Feliz y provechosa Semana Santa que debe culminar en la alegría compartida de la Pascua de Resurrección de Cristo.

_* Dios te bendice…* “EN verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
El cual, siendo inocente, se dignó padecer por los impíos, y ser condenado injustamente en lugar de los malhechores.
De esta forma, al morir, borró nuestros delitos, y, al resucitar, logró nuestra salvación.
Por eso, te alabamos con todos los ángeles, aclamándote llenos de alegría: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo”.