Santuario Nuestra Señora de los Milagros

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Una imagen… una palabra

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo I ciclo C del Tiempo de Adviento

San Lucas 21, 34-36 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

Palabra del Señor

Reflexión El evangelio de hoy, nos puede resultar agobiante pues nos sigue hablando de crisis, pero también tremendamente aleccionador y sugerente. Nos sitúa radicalmente ante nuestra responsabilidad personal y social frente a lo que le pasa y pasará al mundo. Ante tal cúmulo de inquietudes, los interrogantes surgen solos: ¿Pero, yo puedo hacer algo? Y más profundamente aún: ¿Tengo yo la responsabilidad ineludible y de la que se me pedirá cuenta, de hacer algo? ¿Soy únicamente juguete de las circunstancias y de las estructuras o he de tomarme en serio como cooperador activo, bien para aumentar el problema o bien para formar parte de la solución?

Este mismo evangelio nos da pistas: frente a la inquietud y al miedo “por lo que se nos viene encima”, no poderos aturdirnos con drogas como la bebida, el vicio o la preocupación por el dinero (como si la única solución fuese la económica). Por el contrario: por ser solidarios con todas las víctimas y con todos los que sufren no resignarnos, sino “alzar la cabeza” ansiando, esperando, trabajando por y atisbando nuestra liberación. Estar despiertos, orantes y activos.

En eso consiste la esperanza teologal, la virtud propia del Adviento, este nuevo tiempo litúrgico que empezamos. La esperanza, que fue definida por el poeta francés Peguy como “la fe más agradable a Dios” porque supone confianza total en Dios y, juntamente y gracias a ello, disponibilidad total para ponerse al servicio de su Reino. En este tiempo de fe no podemos olvidar que la fe sin esperanza que no lleve a la caridad es una pura ideología alienante, una “fe muerta”.
El modo de vivir esta esperanza nos lo muestra la segunda lectura: seguir “las instrucciones del señor Jesús”, gracias a las cuales “procedemos agradando a Dios”. Para ello, necesitamos que nos “fortalezca internamente” (y, entonces, la oración aparece como imprescindible). Este modo nuevo de vivir en esperanza se concreta y verifica en ese amor mutuo del que el Señor por su Espíritu Santo nos colma y que es testimoniado por hombre y mujeres fieles al Evangelio como el mismo Pablo (“como nosotros os amamos”). ¡Ojalá cada cristiano pudiésemos decir lo mismo!

Para conseguirlo, y porque sabemos que esto no es una vana esperanza, suplicamos con el salmo: “A ti, Señor, levanto mi alma. Enséñame tus caminos. Tus sendas son misericordia y lealtad…”.

_* Dios te bendice…* Oramos: “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro.

Él vino por primera vez en la humildad de nuestra carne,
para realizar el plan de redención trazado desde antiguo,
y nos abrió el camino de la salvación;
para que, cuando venga por segunda vez en el esplendor de su grandeza,
podamos recibir los bienes prometidos
que ahoraguardamos en vigilante espera.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario.

San Marcos 13, 24-33 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En aquellos días, después de la gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.
Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre».

Palabra del Señor

Reflexión La Biblia no entiende de ciencias naturales ni históricas, no alecciona sobre el movimiento de los astros ni ayuda a leer el horóscopo del destino humano. Ahora bien, el lenguaje bíblico, como en el evangelio de hoy, se reviste de metáforas, de símbolos y de signos para introducirnos en el santuario íntimo de nuestras relaciones personales con el Dios de la alianza. Cuando el hombre sufre las pruebas y tribulaciones de la vida tiene la sensación de que el cielo se le cae encima: que “el sol se oscurece, que la luna se oculta y que las estrellas se desploman”. No sólo el hombre, también el creyente ha de transitar en más de una ocasión por trances oscuros en los que el Reino de Dios sufre violencia y dolores de parto.

Mientras el hombre sea hombre seguirá preguntándose sobre su futuro. Pero ¿por qué ha de hacerlo bajo el temor y el miedo a signos catastróficos? No es ése ciertamente el horizonte motivador y esperanzado de Jesús, el horizonte del Dios de la vida. El evangelio nos remite a una lectura confiada de ese combate, personificado en las fuerzas del bien y del mal, que tiene lugar en el seno de todo discípulo de Jesús. Combate en el que el Hijo del hombre ya ha triunfado y que desciende ahora de entre las nubes para tomar posesión de su Reino. Reino al que convoca por medio de sus ángeles a todos los hijos dispersos para compartir plenamente el decisivo comienzo de la nueva humanidad.

Sin duda una llamada a la esperanza para tiempos difíciles, sembrados de pruebas a superar, pero confiados siempre en el Dios de la promesa: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Una esperanza para el aquí y ahora de la presente generación como la que ya germina en los brotes tiernos de la higuera.

_* Dios te bendice…*

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo XXXII del Tiempo Ordinario.

San Marcos 12, 38-44 En aquel tiempo, Jesús, instruyendo al gentío, les decía:
«¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».
Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante.
Llamando a sus discípulos, les dijo:
«En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Palabra del Señor

Reflexión En la cultura del espectáculo en la que vivimos nos dejamos impresionar por lo grandioso. Y vamos perdiendo sensibilidad visual y perceptiva para lo pequeño, lo aparentemente sin importancia, lo cotidiano y ordinario. Jesús contemplaba todo con una mirada divina. Es una mirada que tiene en cuenta lo cotidiano, lo aparentemente sin importancia.

•A Jesús le llama la atención la ofrenda pequeña de una viuda en el arca del templo, en donde parte del dinero recaudado se destinaba a los pobres. Y destaca que mientras otros ofrecen lo que les sobra, esta mujer ofrece todo lo que tiene. A partir del gesto de esta mujer Jesús nos advierte que, en ocasiones, poco puede ser mucho. Y con la misma lógica también se podría decir que, en ocasiones, mucho puede ser poco.

•Pero podemos preguntar, ¿en dónde se encuentra la grandeza de la acción de la mujer? ¿Es el hecho que para ella dos monedas representan mucho más que la ofrenda abundante de los ricos que dan lo que les sobra? Sin duda. Pero con ello no está dicho todo lo que se contiene en las palabras de Jesús. Entenderemos esas palabras en su profundidad si dirigimos la atención a los motivos que se encuentran en el origen del gesto de la viuda.

•La mujer ofrece todo lo que tiene en el arca del templo, que es la casa de Dios. De este modo está indicando que Dios es alguien muy importante en su vida. Porque Dios se encuentra en el centro la mujer se entrega a dos cosas que tienen que ver con ese Dios: el templo y los pobres. En ambos ámbitos uno se relaciona con Dios. En el templo se experimenta la cercanía de Dios que abre al amor. En los pobres uno comunica el amor recibido de Dios.

•Jesús ensalza de esta mujer no sólo su generosidad monetaria sino sobre todo su entrega y fidelidad a Dios. El culto a Dios, es decir, cuidar la relación con Él parece un gesto pequeño y sin importancia. Pero ese pequeño gesto contiene mucho. La relación con Dios hace mejor la vida de uno y empuja al cuidado de los necesitados.

•En Europa hoy día parece que cuidar la relación con Dios es algo que no tiene importancia. No se encuentra en el centro de las preocupaciones y para muchos es algo prescindible. Pero los gestos religiosos que parecen pequeños (como son el rezo, la ofrenda, la escucha de la Palabra de Dios, ir a la Santa Misa) contienen mucho. Contienen la posibilidad de ser mejores y mejorar nuestro mundo. Puede parecer que los que hoy acudimos a los templos en Europa somos pocos y mayores. Pero al tomar en consideración a Dios, al entregarnos a lo religioso, estamos contribuyendo, y mucho, a que nuestro mundo sea mejor.

_* Dios te bendice…* Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaria, Gloria.

Santos Martires Españoles

Celebramos hoy la memoria de los Mártires Españoles, asesinados entre los años 1932-1936; y entre ellos, los 105 mártires de la Familia Vicenciana en España: Misioneros Paúles, Hijas de la Caridad, Voluntarias, Hijos e Hijas de María y Caballeros de la Medalla Milagrosa; beatificados el 13 de octubre de 2013, y el 11 de noviembre de 2017.

105 vidas entregadas a Cristo en el servicio y la evangelización a los pobres, que fueron truncadas por el único delito de la fe.

Encomendemos nuestra Familia Vicenciana y nuestra Iglesia a la intercesión de los mártires, para que ellos, que dieron ejemplo de amor a Cristo, hasta el punto de derramar por Él su sangre, hagan de nosotros personas con una fe indeleble y un amor radical a Cristo, a los pobres y a la Iglesia.

Santos Mártires del siglo XX en España,
Beatos Vicencianos y demás Mártires del siglo XX en España…
¡Rogad por nosotros!

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo XXXI del Tiempo Ordinario.

San Marcos 12, 28b-34 En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos». El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

Reflexión Parafraseando el dicho de sabiduría popular; “Dime con quién andas y te diré quién eres”; podríamos también decirnos a nosotros mismos: “Dime dónde está tu corazón, y te diré quién eres”. Una buena ocasión la que nos presenta la Palabra para volver a lo esencial, para volver al Señor con toda la fuerza de nuestro ser. Para no dejarnos seducir por otros reclamos, para no permitirnos distracciones que nos aparten de Él.

Acoger este mandato encierra la exigencia de una constante sinceridad con nosotros mismos para vertebrar continuamente en nuestro vivir y obrar las exigencias que tal mandato encierra.

Diversas crisis sacuden en nuestros días la vida social y también la vida de la Iglesia. Lo cual hace más fuerte y apremiante la llamada a acoger con corazón sincero y voluntad firme el mandamiento principal de la Ley. Se trata de volver al Señor y vivirle intensamente con todo aquello que nos constituye como personas. En esta intensidad de encuentro con Él, de hacerle la referencia constante de nuestra vida, encontraremos a sus hijas e hijos, y comprenderemos que solo viviendo como verdaderos hermanos con todos autentificaremos la vivencia de su proyecto. Suave y apremiantemente Él nos susurrará: “Y amarás al prójimo como a ti mismo”.

_* Dios te bendice…* Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaria, Gloria.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Dokingo XXX del Tiempo Ordinario.

San Marcos 10, 46-52 En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:
«Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí». Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más:
«Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo».
Llamaron al ciego, diciéndole:
«Ánimo, levántate, que te llama». Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le contestó: «“Rabbuní”, que recobre la vista». Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha salvado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Palabra del Señor

Reflexión

Aunque los evangelios están llenos de acciones milagrosas, el hijo de Timeo, además de darnos ejemplo de fe, nos enseña a superar los prejuicios y vencer la marginalización, a mantener la esperanza, a superar las limitaciones y sobre todo a diferenciar el deseo de lo imposible. Nos enseña a poner en palabras nuestra fe y a pedir sin vergüenza, además de lo que no podemos alcanzar por nosotros mismos, lo que solo en situaciones desesperadas tenemos valor para pedir: compasión.

El ciego pide limosna al borde del camino: es su sino y es su sitio. Su sino porque no puede valerse, y su sitio porque, para la mentalidad hebrea, en su ceguera va implícito el pecado. Está al margen: no puede trabajar, no puede participar del culto, no puede moverse y, por supuesto, no puede formar parte de quienes siguen a Jesús. Hace lo que puede: pedir desde la orilla, a gritos. Lo peor es que no solo pide limosna, sino compasión, la limosna más difícil de pedir. Pedir compasión es estar tocado por la humildad siempre que, como para Bartimeo, no sea una compasión arrastrada, sino creyente. La compasión que pide el ciego no es la de la pena, sino la de la empatía del corazón. La compasión que pide no es una limosna entre otras, sino la que merece. Bartimeo solo pide lo que es suyo: ser incorporado al mundo.

Es una molestia que el pecado y las limitaciones nos griten desde los márgenes y nos recuerden su constante presencia a nuestro lado. Es mayor molestia aún que reclamen su lugar en nuestra vivencia de, obligándonos a descentrarnos del seguimiento a piñón fijo del Maestro. No hay nada peor que, cuanto más intentemos acallar las molestias de lo que debería estar en los márgenes, más alto escuchemos su existencia y sus demandas. Debería ser inútil intentarlo. Debería ser inútil para un cristiano olvidar lo que sucede más allá de de nuestra comunidad o grupo. Debería ser inútil quedarse anclado en una espiritualidad intimista, en la colaboración en la catequesis o en que marche bien el coro parroquial. Todo eso es necesario, pero al margen del camino hay un ciego pidiendo a voces no solo la atención de Jesús, sino la nuestra. En los márgenes de nuestro mundo y de nuestra sociedad hay miles de ciegos ajenos a las palabras de Jesús pero nada ajenos a Su camino, el camino de la esperanza para muchos habitantes de Galilea.

Jesús sí ve el borde del camino. Un ciego no puede nada por sí mismo: atemorizado e inmóvil, hasta la voz del Maestro debe serle trasmitida. Una sola palabra es y se convierte en ánimo y esperanza: “Ánimo, levántate, que te llama”. No es necesario más, el ciego conserva aún la fortaleza necesaria para levantarse de un salto, soltar el manto y acercarse a Jesús, a tientas, apenas guiado por el silencio entre ellos. Se sabe necesitado, pero fuerte. Y demostrará a todos la fortaleza, tal vez una fortaleza que los demás no tienen. ¿De dónde le viene? Sabe lo que quiere: ver. Sabe cómo alcanzarlo: entrando en el corazón de Jesús, arrastrando hacia sí la pasión de Jesús, creyendo en Él. Y sabe qué camino seguirá después.

Esta es nuestra fe, la del año que comenzamos. Es la fe de quien sabe lo que desea y cree ciegamente que lo alcanzará permaneciendo dentro de la pasión de Jesús y por Jesús, soltando el manto de la lástima y las limosnas fáciles y saltando al camino de quien, aun sin verlo, sabemos que está.

_* Dios te bendice…* Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo XXIX del Tiempo Ordinario.

San Marcos 10, 35-45 En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:
«Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir». Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?». Contestaron:
«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».
Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».
Contestaron: «Podemos».
Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, llamándolos, les dijo:
«Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».

Palabra del Señor

Reflexión Jesús trastoca nuestros esquemas. Provocadas por Santiago y Juan, han llegado hasta nosotros estas palabras llenas de autenticidad: «Tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida» (Mc 10,45). ¡Cómo nos gusta estar bien servidos! Pensemos, por ejemplo, en lo agradable que nos resulta la eficacia, puntualidad y pulcritud de los servicios públicos; o nuestras quejas cuando, después de haber pagado un servicio, no recibimos lo que esperábamos. Jesucristo nos enseña con su ejemplo. Él no sólo es servidor de la voluntad del Padre, que incluye nuestra redención, ¡sino que además paga! Y el precio de nuestro rescate es su Sangre, en la que hemos recibido la salvación de nuestros pecados. ¡Gran paradoja ésta, que nunca llegaremos a entender! Él, el gran rey, el Hijo de David, el que había de venir en nombre del Señor, «se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres (…) haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Fl 2,7-8). ¡Qué expresivas son las representaciones de Cristo vestido como un Rey clavado en cruz! En España tenemos muchas y reciben el nombre de “Santa Majestad”. A modo de catequesis, contemplamos cómo servir es reinar, y cómo el ejercicio de cualquier autoridad ha de ser siempre un servicio.

Jesús trastoca de tal manera las categorías de este mundo que también resitúa el sentido de la actividad humana. No es mejor el encargo que más brilla, sino el que realizamos más identificados con Jesucristo-siervo, con mayor Amor a Dios y a los hermanos. Si de veras creemos que «nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos» (Jn 15,13), entonces también nos esforzaremos en ofrecer un servicio de calidad humana y de competencia profesional con nuestro trabajo, lleno de un profundo sentido cristiano de servicio. Como decía Santa Teresa de Calcuta: «El fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio, el fruto del servicio es la paz».

_* Dios te bendice…* Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

Nuestra Señora del Pilar

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Martes XXVIII del Tiempo Ordinario. Nuestra Señora del Pilar
La Virgen del Pilar es una advocación mariana cuya imagen original se encuentra en la Basílica del Pilar de Zaragoza. La tradición la une al apóstol Santiago a quien la Virgen se apareció en Zaragoza. En esta tradición se advierte la afirmación implícita de los orígenes apostólicos de la fe cristiana y de la veneración a la Virgen María.

San Lucas 11, 27-28 En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Palabra del Señor

Reflexion: La fiesta que hoy celebramos debe significar, lo que dice con toda claridad y belleza la Oración Colecta que rezamos al comienzo de la Misa. Dirigiéndose a Dios todopoderoso, la Iglesia pide hoy, por intercesión de la Virgen del Pilar:

Fortaleza en la fe
Seguridad en la esperanza
Constancia en el amor

No se puede decir de forma más bella y compendiada lo que debe significar la Virgen del Pilar para sus devotos. Porque está muy bien que sigamos acudiendo a sus santuarios a hablar con María, a contarle pormenorizadamente las novedades de nuestra vida. Pero, nunca debemos olvidar guardar, al final, silencio para que hable ella. Si así lo hacemos y caemos en la cuenta de lo que la Virgen fue y sigue siendo en la vida de la Iglesia y en la nuestra propia, acabaremos nosotros también haciendo las tres peticiones que hoy nos ha propuesto la misma Iglesia, pues ella es la que más cerca y más íntimamente está unida al Jesucristo nuestro Señor.

Fe, esa elección personal e intransferible por la que nos hemos embarcado en la misma aventura que vivió María, y que hoy necesita, quizá como nunca, de una gran fortaleza.

Esperanza, como generadora de paz, que nos hace superar el desánimo inevitable que los acontecimientos propios o próximos nos producen.

Y la constancia en el amor, que envuelto en compasión y misericordia, es el mejor, y, quizá, más urgente regalo que podemos ofrecer al mundo en general y a cuantos contacten con nosotros en particular.

En esta fiesta de María, en su advocación de la Virgen del Pilar, le podemos pedir que copiemos y vivamos su actitud, que afine bien nuestro oídos para escuchar los mensajes que Dios nos envía y que nos dé la fuerza suficiente para cumplir siempre lo que nos proponga. Ella nos lo alcance todo de su Hijo.

_* Dios te bendice…* Regalémosle hoy a Santa Maria el rezo del Santo Rosario.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario.

San Marcos 10, 17-30 En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó:
«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?». Jesús le contestó:
«¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre». Él replicó:
«Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud». Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo:
«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme». A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!». Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios». Ellos se espantaron y comentaban:
«Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se les quedó mirando y les dijo:
«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».

Palabra del Señor

Reflexion: Dice el evangelista que “uno” llegó ante Jesús, y le preguntó qué debía hacer para alcanzar la vida eterna, es decir, para ser bueno, para ser buena persona; y que Jesús le dijo que ni robase, ni matase, que honrase a sus padres, que no diera falsos testimonios, que fuera sincero. Y aquel “uno” dijo que todo eso lo hacía, que cumplir eso era normal para él. Jesús lo mira con cariño y dice: “una cosa te falta”. Si una palabra define, muchas veces nuestra vida cristiana, es la mediocridad. El mediocre es aquel que convierte en norma de su vida el no destacar, el conformarse con ser como todos, como la media. Aquel que se puso ante Jesús nos representa en muchas ocasiones a nosotros: cuando creemos que ya está todo hecho con nunca haber matado físicamente a nadie ni haber robado las cosas de los demás, “yo ni robo ni mato” decimos muchas veces, para justificar que no tenemos ningún pecado; y sin embargo, con nuestro pensamiento o acciones hacemos la vida imposible a determinadas personas. Cuando, como dijimos, nos conformamos con no robar, pero nuestras actitudes ante lo ajeno son de tanto deseo que casi es como si lo hiciéramos. Cuando decimos no ser avariciosos, pero a la hora de dar damos lo mínimo, olvidando la generosidad y la limpieza de corazón. Cuando no hablamos mal de la gente, pero tampoco somos testigos fiables, mas bien huimos de implicarnos en nada, permitiendo las injusticias que conocemos, porque decimos que no van con nosotros.

Y Jesús nos mira con cariño también a nosotros, porque sabe que tenemos buen fondo, que hay buen material, aunque ese material está claramente por pulir. Por eso le dice: “una cosa te falta: abandonar la mediocridad comprometiéndose a vivir de otra forma. Y la respuesta ya la sabemos. Media vuelta y hasta siempre, buscaré otro maestro que no sea tan duro ni tan exigente.

Y nosotros, ¿qué hacemos cuando también nos dice el Señor, que una cosa nos falta?, ¿qué le decimos?, ¿cuál es nuestra respuesta? Jesús, déjame tranquilo, déjame como estoy, yo ya cumplo con los imprescindible, compréndeme, no me pidas mas. El Señor quiere que demos un paso mas, nos pide que saltemos al vacío, que no nos apeguemos a nada que nos pueda hacer daño, que atendamos a las necesidades de los que mas nos necesitan y le sigamos de verdad sin lastres. ¿Qué le responderemos, cuando nos demos cuenta, que eso que nos falta y que nos pide que dejemos de lado, es eso que me cuesta tanto, con lo que me encuentro tan a gusto, pero que yo se que me aparta de lo que es un auténtico seguimiento de Jesús? ¿Qué le diré, o qué haré?

De cada uno de nosotros depende. Decidir quedarse como estamos, o empezar a descubrir la cantidad de cosas de las que nos podemos desprender, y pensar que eso no es imposible ya que contamos con su ayuda. Que él comprende nuestros fallos, pero que nos pide un poco mas de decisión, un poco mas de empeño, en la tarea de superación y de progreso en la que nos encontramos.

Hoy le pedimos al Señor, que nos de mas valentía que la que demostró el personaje del evangelio. Que no nos echemos atrás tan fácilmente, que seamos mas decididos. Se lo pedimos al Señor, especialmente para los que estamos aquí, en esta celebración. Pedimos y recordamos de forma especial a todos los que sufren, los que están solos o enfermos.

_* Dios te bendice…* Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

VIRGEN DEL ROSARIO

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Jueves XXVII * del Tiempo Ordinario. *Nuestra Sra. del Rosario. Según la tradición la Virgen María se le apareció a santo Domingo de Guzmán en 1208 en una capilla del monasterio de Prouilhe (Francia) con un rosario en las manos, que le enseñó a rezarlo y se lo entregó para que lo promoviera. Con el tiempo se fue difundiendo el rezo del rosario para contemplar los misterios de Cristo bajo el amparo de María.

San Lucas 1, 26-38 En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, «porque para Dios nada hay imposible»».
María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.

Palabra del Señor

Reflexion: Recuerdo una frase del P. Eckhart: “La meta más alta que se puede alcanzar en la vida es permanecer en silencio y dejar que Dios hable y actúe interiormente”. El Evangelio de Lucas que hoy proclamamos es tremendamente rico y profundo, pero quisiera hacer una invitación al silencio, el que nos permite viajar a lo más profundo, escuchar el eco que el Amor de Dios nos deja en el alma. Ahí es donde brota la alegría verdadera, la que es un regalo que Dios nos hace, porque somos “llenos de gracia”.

María, en su advocación del Rosario, nos invita a navegar en ese mar del silencio interior y dejarnos sorprender por los misterios de la vida de su Hijo
. Ahí Dios sabrá tranquilizar nuestros temores, nos compartirá los proyectos de su corazón, acallará nuestras dudas y nos “embaucará”, sin remedio, en su misión de amor. Ahí encontraremos confianza en Dios, nuestro interior se empapará de una vida más profunda y coherente, centrada y enraizada en El. Aprenderemos a esperar sin desesperar, a descubrir las huellas del paso de Dios, a amar incondicionalmente y darnos sin reservas, así como María hizo. Escucharemos las palabras del ángel “el Señor está contigo” y nos sentiremos profundamente acompañados.

María siente esa alegría y confianza, vence sus temores y dudas, y responde, valiente: “hágase en mí según tu palabra”. No tiene ni idea de cómo va a suceder todo, ni las consecuencias que le acarreará, pero es capaz de decir: “hágase en mí”. Cuántas veces nos ocurre que respiramos profundamente y decimos: “venga, vamos allá”, y continuamos el camino de la vida con renovadas esperanzas, permitiéndonos sentir la alegría de creer de veras que “para Dios nada hay imposible”. Cada Avemaría puede ser un eco repetido en ese silencio interior del alma para decir: “hágase en mí, hágase en mí…”.

Estamos llamados a vivir siendo testigos de este impresionante relato que nos narra el paso de Dios por la humanidad para quedarse. Porque cada día podemos ver las huellas de la presencia de Dios en tantas palabras y gestos de bondad y generosidad que hacen posible la esperanza, en la entrega silenciosa al servicio del Reino de Dios y los hermanos, en la reconciliación y el perdón sinceros, en la lucha por la justicia, la paz y la solidaridad. La fuerza para la expansión de la gracia del Evangelio. “¡Silencio todo el mundo ante el Señor que se levanta de su morada santa!”

_* Dios te bendice…* Os invitó a rezar el Rosario. Más aún, desde hoy ha hacerlo a diario. No olvides que lo ha pedido Ella.