Santuario Nuestra Señora de los Milagros

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HOY CELEBRAMOS…

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Jueves VII Semana Ordinaria. Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote Esta fiesta celebra el contenido de la obra sacerdotal de Cristo, su Misterio Pascual en favor de los hombres, realizado una vez para siempre

Evangelio según Marcos 14, 12a. 22-25 El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, mientras comían, Jesús tomó pan, y pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:
«Tomad, esto es mi cuerpo».
Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo:
«Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».

Palabra del Señor

Reflexión. La primera lectura de Jeremías, dentro todavía del AT, nos habla de “una nueva alianza”, distinta de la primera, que Yahvé va realizar con su pueblo: “Pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”. En esta alianza los sacerdotes eran los encargados de ofrecer los diversos sacrificios a Dios, principalmente de animales. Estas ofrendas podían ser de alabanza, de expiación por los pecados, de acción de gracias…

Cuando llegó Jesús, nuestro Sumo y Eterno sacerdote, hizo una alianza nueva con toda la humanidad, borró el sacerdocio y todos los sacrificios de la antigua alianza y ofreció al Padre Dios su persona, su vida. Gastó su vida de la manera que el mismo Dios Padre le había indicado. En el fondo, gastar su vida de acuerdo con su propio ser, con su propia naturaleza que es el Amor. Es decir, le ofreció una vida de amor, una vida de servicio a sus hermanos los hombres, indicándoles el camino a seguir. Le ofreció su vida, su muerte y, por eso Dios, le resucitó. En cada eucaristía, renovamos esta única ofrenda, este único sacrifico de Jesús, nuestro Sumo y Eterno sacerdote: “Tomad, este es mi cuerpo… Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos”.

Todos los cristianos, los seguidores de Jesús, participamos de su único sacerdocio. Unos participamos del sacerdocio ministerial y otros del sacerdocio común. Tanto unos como otros debemos imitar a Cristo sacerdote de dos maneras: En primer lugar, participando en la eucaristía, cada uno desde su condición, es decir, presentando al Padre a Cristo víctima, y comiendo su cuerpo y bebiendo su sangre. Y en segundo lugar, haciendo lo mismo que él hizo, ofrecer al Padre la ofrenda de una vida de entrega, de servicio a los demás. Que también nosotros podamos decir las palabras de Jesús, pero aplicadas a nosotros mismos: Ésta es mi persona que se entrega a mis hermanos por amor, como signo de cumplir la voluntad del Padre, como signo de ser fieles a nuestro ser, que es un ser creado para el amor, para la entrega…

¡Que el Señor, nos ayude a cada uno, a vivir el sacerdocio que él nos ha regalado!

Dios te bendice

UNA IMAGEN…

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, a quien Cristo encomendó sus discípulos para que, perseverando en la oración al Espíritu Santo, cooperaran en el anuncio del Evangelio

Evangelio según Juan 19, 25-34 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed».
Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca.
Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

Palabra del Señor

Reflexión. En la vida hay realidades que, de puro evidente, las damos por hechas estando inmersas como respirar el aire.

Tener una madre es esencial para el género humano, para cada hombre y aún para Dios que la necesitó al encarnarse. El sentido de una Madre es reconocer las Manos de Dios acunando tu ser totalmente dependiente y frágil, haciéndose seno que permite desarrollar lo que Dios ha engendrado. También es evidente que la Iglesia es Madre porque realiza, en nombre y de parte de Jesús, la tarea maternal con todos y cada uno de nosotros.

En este Evangelio queda claro el papel de María Madre, son las mismísimas palabras de Jesús, su deseo expreso y en ese momento cumbre de su vida terrena y Misión. Porque Él necesitó y tuvo la Madre que lo acompañó cada momento, que compartió con Él la génesis de la Iglesia. No me imagino a María haciendo sólo su papel de cuidadora de Jesús en las necesidades básicas; es la madre que “escucha y cumple la Voluntad del Padre”, la que comparte con su Hijo la entraña de su Misión en la entrega total, viviendo cada detalle y cada desvelo, cada oración y cada evangelización, cada gozo y cada misterio. Puede aparecer escondida, en la retaguardia, pero en la certeza absoluta de estar siempre y en todo con la dignidad de la humillación. Humildad sabiendo que todo es Don y Gracia. No se puede definir ni explicar un Don tan fuerte como la Comunión entre Madre e Hijo, sólo se puede vivir y al dejarnos Jesús a su Madre, en la persona de Juan, nos regala esa intimidad personal y a la vez la trascendencia a la Iglesia.

Es admirable el sentido eclesial de María; la presencia de Ella en cada cristiano, hace de la Iglesia Universal, porque la Madre siempre recoge y aglutina, une y ampara viviendo lo que toque de lucha y misterio, de dolor y gozo, de vida y verdad. Ella, inerte al pie de la Cruz, es capaz de recoger el Testamento de Jesús, de seguir su Misión, de saltar a la Vida que Jesús deja ferviente al exhalar su Espíritu, el que nunca nos faltará, porque ahí está cuajando la Iglesia que en Pentecostés tiene la “salida oficial” pero que ya estaba hirviendo en los discípulos.

Madre e Hijo. Jesús terminaba bien su misión terrena; feliz y deshecho a la vez “todo está cumplido”. Pone en manos de la Madre y del apóstol amado el futuro de la Obra Salvadora en la Iglesia y nos revela así que los pequeños en poderío son la piedra angular y sostienen la Obra de Dios.

¿Qué hay de parecido en tu propia vida, en la circunstancia concreta del mundo de hoy?

Dios te bendice Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

ES DOMINGO

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
DOMINGO de PENTECOSTES.

Evangelio según Juan 20, 19-23 Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Palabra del Señor

Reflexión. La unión con Jesús, que el Espíritu Santo nos proporciona, tiene como consecuencia ir haciendo de nosotros seres libres, partícipes de su propia libertad. Más de Dios, más hermanos. Vamos siendo cada vez más “espirituales” y menos “carnales”, en términos bíblicos.

La “carne” es simplemente nuestra condición natural, que nos reduce a nuestra pequeñez física y nos encierra en nuestra medianía o en nuestra malicia moral; el “espíritu” es lo que hace de nosotros personas íntegras y expansivas, capaces de afrontar los desafíos de la vida y de la sociedad y de ir configurando paulatinamente la imagen inicial que Dios plasmó en nosotros al crearnos.

“Si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley”, dice san Pablo. No porque nos convirtamos en unos libertinos, sino porque, bajo esa guía, la ley se queda corta para encauzar nuestra vida. “Los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne, con sus pasiones y deseos”, y esa “crucifixión” ha culminado, como la de Jesús, en una resurrección que triunfa de todo lo mediocre y mortecino.

El Apóstol enumera una larga serie de “frutos del Espíritu”. Presididos por el amor, se oponen a las “obras de la carne” y hacen del cristiano alguien que contagia alegría, que construye la paz en el mundo, que acoge a todos con generosidad, que realiza su trabajo con honradez, que está siempre disponible para los demás,… “Contra esto –dice Pablo- no va la ley”. Nuestro modelo a seguir es Jesús, bajo la acción del Espíritu.

Tengamos los ojos fijos en Él para no distraernos en el camino y perder el tiempo en cosas que no pueden colmar nuestro anhelo de felicidad.

Ven Espíritu Divino, infunde en nosotros la fuerza para ser fieles discípulos de Jesús. Amén.

¡Cristo ha resucitado, Aleluya!

Dios te bendice Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

CONFIRMACIONES

HOY SÁBADO un grupo de jóvenes recibirá de manos de nuestro Obispo D. Leonardo, el Sacramento de la CONFIRMACIÓN.

La celebración tendrá lugar a las 12:00 horas en este Santuario de Los Milagros. Estáis todos invitados a acompañar y celebrar como familia este gran acontecimiento.
OS ESPERAMOS…