Santuario Nuestra Señora de los Milagros

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UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Domingo 22 Noviembre XXXIV Semana Ordinario CRISTO, REY UNIVERSO

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 25, 31-46 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:
“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.
Entonces los justos contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. Y el rey les dirá:
“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá a los de su izquierda:
“Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. Entonces estos contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”.
Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”.
Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Palabra del Señor

Reflexión: La gran pregunta de hoy: quién es Jesucristo? La liturgia de hoy, en sus lecturas, nos presenta, a modo de respuesta, tres epítetos que califican y definen a Jesucristo: pastor, juez y rey.

Como pastor. ¿Quién sino un verdadero hombre, que ha transitado los caminos de este mundo con sus propios pies, que ha experimentado el itinerario del caminar humano en la tierra, que ha sufrido los rigores del clima, las piedras del camino, que ha conocido la sed del caminante, puede guiar a otros hombres por las vías que configuran la vida del hombre? Pero, ¿quién sino un verdadero Dios puede no sólo conocer y orientar sino ser el mismo camino que lleva a la Vida?
Como juez. ¿Quién sino un verdadero hombre, que ha experimentado en su ser, en su carne, el dolor y el sufrimiento de la carne, que ha vivido el mal como existencial, que ha sido tentado en su misma realidad, puede juzgar la existencia de un hombre? Pero, ¿quién sino un verdadero Dios, que conoce el espíritu de cada uno, puede dictar sentencia? Y ¿Quién sino un verdadero Dios puede juzgar y sentenciar al mal mismo y a la muerte misma? Y ¿quién sino un verdadero Dios puede salvar?
Como rey. ¿Quién sino un verdadero hombre, que sabe que ha de morir, que se sitúa en la ultimidad de sus posibilidades, que mira a su horizonte y se encuentra con la muerte, que él mismo se coloca el primero ante el enemigo, puede llevar animosamente a sus hombres a la batalla entre el bien y el mal, que no es sino la definitiva batalla del hombre, la de la vida frente a la muerte? Pero ¿quién sino un verdadero Dios, el Dios del Bien, el Dios de la Vida, puede asegurar la victoria frente al mal y la muerte?
_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque consagraste Sacerdote eterno
y Rey del universo
a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
ungiéndolo con óleo de alegría, para que ofreciéndose a si mismo
como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana, y sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita
un reino eterno y universal: el reino de la verdad y de la vida,
el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria. Santo, Santo, Santo Dios del universo. Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Sábado 21 Noviembre XXXIII Semana Ordinario Presentacion Virgen Maria Cuando la Virgen María era muy niña, sus padres la llevaron al templo de Jerusalén para ser instruida. Es una fiesta que nació en el año 543 en Oriente con ocasión de la dedicación de la basílica de Santa María la Nueva en Jerusalén.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 20, 27-40 En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».
Intervinieron unos escribas:
«Bien dicho, Maestro».
Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

Reflexión: Celebrando la fiesta de la Presentación de la Virgen María en el templo, el Evangelio de hoy se sitúa en el contexto final de vida pública de Jesús. Narra un debate de Jesús con los saduceos. Estos argumentan en contra de la resurrección de los muertos, tratando de ridiculizarla con un ingenioso cuento. Jesús termina desbaratando sus tesis. Quedémonos tan solo con dos pinceladas:

Jesús no devalúa el matrimonio. En absoluto. Jesús lo ha defendido en otras ocasiones y ahora no se contradice. Ha sido instituido por Dios, que nos ha creado como hombre y mujer y no sólo para la reproducción de la especie. De ahí que el motivo biológico no justifique la necesidad del sacramento. El matrimonio alcanza su sentido más alto en la realización del amor recíproco, expresión del mismo amor de Cristo. Los seres humanos no podríamos vivir sin un amor concreto, hecho de estabilidad y fidelidad, abierto a la nueva vida. Con la muerte de uno de los cónyuges, el vínculo se deshace… pero pasan a vivir en una condición libre del condicionamiento del sexo, en una vida distinta.
¿Qué es eso de “ser como ángeles”? Es una manera de expresar lo que queda aún oculto en el misterio. Dios nos tiene destinados a la vida sin fin, no a la muerte. La vida de resucitados no es una simple continuación de esta vida terrena. Acontece de otra manera. Para hacerse entender, Jesús opone «este mundo» y «el mundo futuro» … un mundo en el que las personas morimos y otro mundo en el que no se muere más, y por lo tanto donde no es necesario engendrar nuevos seres. No hace falta explicar más para refrendar que «sí se puede resucitar». Nosotros creemos, sin elucubrar ni dudar, que al final de todo, la última palabra es la del Dios de la vida. Y su palabra siempre es palabra vivificadora, resucitadora, creadora… siempre lo fue. Por tanto, “¡sí se puede!”.

_* Dios te bendice…* “Préstame, Madre, tus ojos, para con ellos mirar, porque si por ellos miro, nunca volveré a pecar. Préstame, Madre, tus labios, para con ellos rezar, porque si con ellos rezo, Jesús me podrá escuchar. Préstame, Madre, tu lengua, para poder comulgar, pues es tu lengua patena de amor y de santidad. Préstame, Madre, tus brazos, para poder trabajar, que así rendirá el trabajo una y mil veces más. Préstame, Madre, tu manto, para cubrir mi maldad, pues cubierto con tu manto al Cielo he de llegar. Préstame, Madre a tu Hijo, para poderlo yo amar, si Tú me das a Jesús, ¿qué más puedo yo desear? Y esa será mi dicha por toda la eternidad”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Domingo 15 Noviembre XXXIII Semana Ordinario

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
“Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”.
Su señor le dijo:
“Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:
“Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”.
Su señor le dijo:
“Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó también el que había recibido un talento y dijo:
“Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.
El señor le respondió:
“Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».
Palabra del Señor

Reflexión: En nuestra “cultura” atea y depredadora, que ya se quiere sembrar en los mismos centros de enseñanza, como un monopolio de determinadas ideologías, tratando de conquistar la felicidad como algo exclusivo de cada sujeto, como solo consumidores de emociones y placeres, gestores o súbditos de planteamientos “educativos” opuestos a los mandamientos de Dios. Y detrás de todo el dinero, verdadero dominador de todas las ideologías. El dinero y el poder y el placer considerados la única fuente de nuestra felicidad: Comer, beber, vestir, bailar, viajar… Y en medio de todo llega el Covid-19 y nos confina, no solo en casa, sino en nuestra impotencia.

El poder nos hace importantes, mandando sobre los demás… Y la pandemia nos releva y desorganiza, perdidos en un “hoy es así y mañana lo contrario”; y no sabemos en qué acabará todo. Somos un mundo destruido por la codicia humana. Precisamente hoy celebramos la “Jornada Mundial de los Pobres”.

¿Felices sin el buen Dios? La epidemia de la infelicidad y la muerte nos grita que no podemos ser felices centrados sólo en aplacar nuestros deseos. Hay más realidad que la que tocamos con las manos. Y vivimos muy engañados, pensando que no tenemos que dar cuenta de lo nuestro a nadie. Nos guste o no, sepámoslo o no, se nos ha encomendado una tarea y nuestra felicidad dependerá del modo en que ahora hagamos las cosas. Y, por supuesto, creyente o no, dará cuentas de si. No hay posibilidad de excluirse de la Verdad de Dios. Por eso, hermano, hermana, para saber de verdad quien eres, quienes somos, sométete a esta prueba: Lee san Mateo 25,14-30. En este espejo se refleja quién soy y qué me espera.
¡Qué grandes dones se me han dado, que talentos, dándoseme la vida! Y, ¿para qué? Responde.

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro. Él mismo se compadeció del pecado de los hombres y quiso nacer de la Virgen María;
murió en la cruz para librarnos de la muerte
y resucitó del sepulcro para darnos la Vida eterna. Por eso, con los ángeles y arcángeles, y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo”.

San Martiño

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Miércoles 11 Noviembre XXXII Semana Ordinario San Martin de Tours Fue soldado, y monje antes que otra cosa y nos invita a mirar con ojos nuevos la vida religiosa. Como obispo, es ejemplo de cercanía y de falta de ambiciones terrenas. Su gran caridad despertaba la responsabilidad frente a la urgencia de la evangelización y ante la pobreza y la enfermedad.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17, 11-19 Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, les dijo:
«Id a presentaros a los sacerdotes».Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano.
Jesús, tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Y le dijo:
«Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Palabra del Señor

Reflexión: ¿Dónde están?
Nos encontramos ante la desconsideración y la ingratitud hacia Dios. Jesús ha curado a diez leprosos, y sólo uno, el desconocido, el extranjero, el que no pertenece a la comunidad, es el que vuelve con un sentido de gratitud por haber sido curado.

Jesús se pregunta ¿dónde están los otros nueve?

Mientras estamos mal, son todo súplicas y gritos a Dios para que nos libere de nuestros sufrimientos. Sin embargo, cuando vivimos una experiencia de sanación, de liberación de nuestra amargura, miedo, enfermedad o esclavitud, nos olvidamos de volver sobre nuestros pasos para considerar de quién fue la acción que me devolvió a la vida.

El volver sobre tus pasos en la vida, para mostrar gratitud, te mostrará cuán frágil has sido en tu vida, no sólo por sufrir una enfermedad, sino también por la marginación que supone ser apartado, ignorado, vivir fuera de la sociedad.

La ingratitud es otra forma de egoísmo fruto del individualismo. Hemos crecido desde la posible exigencia hacia nuestros familiares y amigos creyendo que todo lo hemos de recibir gratis. “Tengo derecho”. Nos hemos acostumbrado a creer que nos merecemos todo, sin mirar cuánto sacrificio ha supuesto el que tú permanezcas de pie frente a la vida.

Uno no se sacrifica en la vida para que le alaben y le bendigan todo el día; pero sí hay que hacer constar el valor y el coraje de la persona que ha arriesgado su vida por ti. Hay que darle valor a todo cuanto se ha sacrificado por nosotros. Si no fuera así, lo que se muestra es el desprecio por la misma vida, el desprecio por el amor y sus razones, por la fe mantenida y ofrecida con esperanza. Se desprecia las fuerzas dedicadas y el tiempo consagrado con el sólo fin de que tú permanezcas de pie. Esto lo ha hecho a Jesucristo, ha puesto su vida en tu cruz de muerte para que tengas vida. Ha puesto su inocencia en el lugar de tus pecados para que aparezcas “impecable”.

¿Dónde están? ¿Dónde estás ahora que se han sanado tus heridas? ¿Dónde estás ahora cuando has sido liberado de tus esclavitudes? ¿Dónde estás ahora cuando has sido consolado de tus tristezas? ¿Dónde estás ahora cuando has sido reconstruido con generosidad por tus hermanos? ¿Dónde está ahora tu gratitud a Jesucristo?

_* Dios te bendice…* “Gracias, Señor Jesus, por la vida, por la salud, por la familia, por el hogar, por el trabajo, por los alimentos, por la bendición de cada día. Bendice Señor a mi familia, a mis amigos y también a mis enemigos, porque ellos también necesitan de ti. Te ruego Señor por aquellos que sufren y te pido, Jesús, que nos libres de esta terrible pandemia que está destruyendo la vida y el futuro. Da, tambien, paz para el mundo entero. Tú qué vives y reinas, con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Lunes 09 Noviembre XXXII Semana Ordinario Dedicacacion Basílica Letrán. Celebrar la dedicación de la iglesia madre de todas las iglesias es una invitación a los cristianos de la Iglesia universal a vivir la unidad de fe y de amor, para ser piedras vivas en la construcción de la Jerusalén celeste

Lectura del santo Evangelio según San Juan 2, 13-22 Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
«Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito:
«El celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
«¿Qué signos nos muestras para obrar así?».
Jesús contestó:
«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».
Los judíos replicaron:
«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Palabra del Señor

Reflexión: No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Nos situamos en la celebración de la
Pascua judía…. Jesús sube a Jerusalén al templo, a la realidad más sagrada del pueblo judío, para poner de manifiesto que El es los Revelación plena del Reino de Dios. Dios que manifiesta su presencia en ese templo. Pero se encuentra el feo panorama de la deformación de lo que tenía que ser: un mercado, un cumplimiento legalista, externo, sin alma.
Es curioso observar cómo sólo dos veces se le ve a Jesús airado: en este pasaje y con los fariseos… sale su ira santa, su indignación, porque aprobar aquella escena de comercio y egolatría, seguir la corriente.., sería claudicar de la verdad, porque sabía bien que el horizonte de los dirigentes judios se había deformado y acomodado al mundo que aparta de Dios: » el celo por tu Casa me devora”. ¡Esto no puede ser! Destruye las raíces, la esencia, la realidad del verdadero judaísmo piadoso que es un culto bueno, en una casa de oracion y no de comercio.

¿Señales? Piden señales ante el comportamiento de Jesucristo que purifica el templo. Todavía interpelan a Jesús, el Señor de los señores. Pero el va más allá con una respuesta de scorce tante: » destruid este templo y en tres días lo levantaré «. Esta es su RESPUESTA , la respuesta de las respuestas, la definitiva, la que ilumina y da sentido a todo, la que vale la pena escuchar, por la que conviene orientar todo el vivir, el poseer y el dejar , porque la RESURRECCIÓN es la perla preciosa, el Tesoro escondido que se nos revela en el Señor Jesús. Su humanidad es el verdadero templo en el que Dios habita y su comportamiento es el verdadero culto que el Padre espera recibir. El templo de la humanidad de Jesús asume todo lo humano, todo lo auténtico para hacerlo habitable por Dios. Su ira rechaza esa comercialización de nuestra vida y de su culto falso. Espera que reaccionemos que espabilemos el oído y el corazón ante su SIGNO, su vida entregada a la voluntad del Padre, que es garantía real de nuestra salvación. Así los discípulos, cuando resucitó, » se acordaron de lo que había dicho… «. En nuestra historia tienen que darse esos momentos en los que darnos cuenta de en que hemos convertido el templo de nuestra vida, incluso el templo de nuestra comunidad eclesial, y hasta nuestras Iglesias, de las que parece que hemos expulsado a Dios.

¿Soy capaz de reconocer el SIGNO de la Salvación eterna que nos ofrece Jesús. Quiero vivir unido a El? Quiero que mi vida sea también una casa de oración?

_* Dios te bendice…* “Piedra angular y fundamento es Cristo
del templo espiritual que al Padre alaba, en comunión de amor con el Espíritu viviente, en lo más íntimo del alma. Piedras vivas son todos los cristianos, ciudad, reino de Dios edificándose, entre sonoros cánticos de júbilo, al Rey del universo, templo santo. Demos gracias al Padre, que nos llama a ser sus hijos en el Hijo amado, abramos nuestro espíritu al Espíritu, adoremos a Dios que a todos salva. Amén”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Domingo 08 Noviembre XXXII Semana Ordinario

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 25, 1-13 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Qué llega el esposo, salid a su encuentro!”. Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”. Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Palabra del Señor

Reflexión: Hoy se nos pide ser sabios. Para que la Sabiduría nos encuentre y seduzca hace falta detenerse, reflexionar, reorganizar las ideas, mirar en lugar de ver, escuchar en vez de oír, sentir más que tocar, reflexionar en lugar de indigestarse de palabras, noticias, videos, mensajes… Hay quienes nos ayudan con sus escritos, reflexiones y declaraciones honestas, en libros, prensa, entrevistas… Me parecen especialmente relevantes y valiosas las aportaciones que vienen haciendo los Papas, cada miércoles, ahora el Papa Francisco sobre diversos temas, ofreciendo caminos nuevos, invitando a la conversión, al cambio, a la búsqueda de la luz de divina. A ser sabios. Esta sabiduría tiene mucho que ver con el Evangelio de hoy. A las jóvenes que se quedan sin aceite se las llama “necias” (es decir, que no tienen conocimiento, sabiduría), como también Mateo llama «necio» al que construye su casa sobre arena y no sobre la Roca de la Palabra. No tienen nada que aportar a la fiesta del Reino de Dios, se quedaron sin “aceite” para sus lámparas. No fueron «prudentes/sagaces» como las otras. Y además la Sabiduría que uno aprende y aplica a su vida… no es trasferible, no se puede compartir. Porque la vida que uno edifica es de uno mismo: sobre arena, sobre roca, con aceite, sin él… Todos hemos recibido una lámpara llena de aceite. El aceite tiene que ver con “consagración”Se utilizaba en la antigüedad para encomendar a alguien una tarea importante (sacerdotes, reyes y profetas): Todos fuimos untados (ungidos) con aceite consagrada en el día de nuestro bautismo. Dios nos estaba encomendando una tarea para la que necesitábamos estar preparados. Porque habrá que luchar contra tantas dificultades, contra la necia “sabiduría” de este Mundo. También eso significa el aceite: dispuestos a combatir, como nos explica San Pablo en sus Cartas.
El aceite es un símbolo de Espíritu Santo (Confirmación): el que Dios ha puesto en el corazón para que vivamos de otra manera, para que hagamos el mundo distinto. El Espíritu Santo que multiplica en nosotros sus dones: “paz, alegría, acogida, sabiduría, equilibrio, autocontrol”… Sí, también la Sabiduría es un Don del Espíritu
Santo que pediremos continuamente en nuestra oración: «Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro, mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento…» (Secuencia de Pentecostés). Cuando falta el Espíritu sólo quedan hombres y mujeres necios. Y parece que hoy se multiplican… cuando más falta hace la sabiduría.
Entonces… ¿Por qué no nos ponemos a buscar/acoger la Sabiduría, a poner un poco de aceite santo de ese que recibimos en el bautismo en cada encuentro, en cada actividad, en cada momento del día, en cada oscuridad, en cada tristeza. Un poco de nuestra luz en medio de una negra noche se ve muchísimo y brillará lo suficiente para sortear muchos obstáculos y no tropezar. Velad, no dejéis que se os apague u os apaguen vuestra vela… hasta que nos llegue la LUZ.

_* Dios te bendice…*”En verdad es justo darte gracias, es bueno cantar tu gloria, Padre santo,
fuente y origen de todo bien. Tú, en el Bautismo nos das nueva vida y nos haces partícipes
del misterio pascual de tu Hijo. Tú nos confirmas con el sello del Espíritu Santo, mediante la imposición de manos y la unción del crisma. Así, renovados a imagen de Cristo, el ungido por el Espíritu Santo y enviado para anunciar la buena nueva de la salvación, nos haces tus comensales en el banquete eucarístico y testigos de la fe
en la Iglesia y en el mundo. Por eso, nosotros, reunidos en esta asamblea festiva para celebrar los prodigios de un renovado Pentecostés, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo…

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Viernes 06 de Noviembre XXXI Semana Ordinario Memoria Mártires del siglo XX

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16, 1-8 En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.
El administrador se puso a decir para sí:
“¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
“¿Cuánto debes a mi amo?”.
Este respondió:
“Cien barriles de aceite».
Él le dijo:
«Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”. Luego dijo a otro:
“Y tú, ¿cuánto debes?”.
Él dijo:
“Cien fanegas de trigo”.
Le dice:
“Toma tu recibo y escribe ochenta”.
Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz».

Palabra del Señor

Reflexión: El Evangelio nos presenta una cuestión sorprendente a primera vista pues dice el texto de san Lucas: «El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente» (Lc 16,8).

Evidentemente, no se nos propone aquí que seamos injustos en nuestras relaciones, y menos aún con el Señor. No se trata, por tanto, de una alabanza a la estafa que comete el administrador. Lo que Jesús manifiesta con su ejemplo es una queja por la habilidad en solucionar los asuntos de este mundo y la falta de verdadero ingenio por parte de los hijos de la luz en la construcción del Reino de Dios: «Los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz» (Lc 16,8).

Todo ello nos muestra —¡una vez más!— que el corazón del hombre continúa teniendo los mismos límites y pobrezas de siempre. En la actualidad hablamos de tráfico de influencias, de corrupción, de enriquecimientos indebidos, de falsificación de documentos… Más o menos como en la época de Jesús.

Pero la cuestión que todo esto nos plantea es doble: ¿Acaso pensamos que podemos engañar a Dios con nuestras apariencias, con nuestra mediocridad como cristianos? Y, al hablar de astucia, tendríamos también que hablar de interés. ¿Estamos interesados realmente en el Reino de Dios y su justicia? ¿Es frecuente la mediocridad en nuestra respuesta como hijos de la luz? Jesús dijo también que allí donde esté nuestro tesoro estará nuestro corazón (cf. Mt 6,21). ¿Cuál es nuestro tesoro en la vida? Debemos examinar nuestros anhelos para conocer dónde está nuestro tesoro… Nos dice san Agustín: «Tu anhelo continuo es tu voz continua. Si dejas de amar callará tu voz, callará tu deseo».

Quizás hoy, ante el Señor, tendremos que plantearnos cuál ha de ser nuestra astucia como hijos de la luz, es decir nuestra sinceridad en las relaciones con Dios y con nuestros hermanos. «En verdad, la vida es siempre una opción: entre honradez e injusticia, entre fidelidad e infidelidad, entre bien y mal (…). En definitiva —dice Jesús— hay que decidirse» (Benedicto XVI).

_* Dios te bendice…* “Detesto a los inconstantes y amo tu voluntad; tú eres mi refugio y mi escudo,
yo espero en tu palabra;
apartaos de mí, los perversos, y cumpliré tus mandatos, Dios mío.
Sosténme con tu promesa, y viviré, que no quede frustrada mi esperanza; dame apoyo, y estaré a salvo, me fijaré en tus leyes sin cesar; desprecias a los que se desvían de tus decretos, sus proyectos son engaño. Tienes por escoria a los malvados, por eso amo tus preceptos; mi carne se estremece con tu temor,
y respeto tus mandamientos.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén” (Salmo 118).

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Martes 03 de Noviembre XXXI Semana Ordinario San Martín de *Porres. Sirve y atiende a todos, pero no todos le comprenden. Se ejercitaba en la caridad día y noche, curando enfermos, dando limosna a españoles, indios y negros, a todos quería, amaba y curaba con singular amor. La portería del convento es un reguero personas a las que recibe con pasión y rectitud Cristiana.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 15-24 En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús:
«¡Bienaventurado el que coma en el reino de Dios!».
Jesús le contestó:
«Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó a su criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado”. Pero todos a una empezaron a excusarse.
El primero le dijo: “He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor”. Otro dijo:
«He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor”. Otro dijo:
“Me acabo de casar y, por ello, no puedo ir”. El criado volvió a contárselo a su señor. Entonces el dueño de casa, indignado, dijo a su criado: “Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”. El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio”. Entonces el señor dijo al criado: “Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”».

Palabra del Señor

Reflexión: El Señor nos ofrece una imagen de la eternidad representada por un banquete. El banquete significa el lugar donde la familia y los amigos se encuentran juntos, gozando de la compañía, de la conversación y de la amistad en torno a una buena mesa. Esta imagen nos habla de la intimidad con Dios Tribidas y del gozo que encontraremos en la estancia del cielo. Todo lo ha hecho para nosotros y nos llama porque «ya está todo preparado» (Lc 14,17). Nos quiere con Él; quiere a todos los hombres y las mujeres del mundo a su lado, a cada uno de nosotros.

Es necesario, sin embargo, que queramos ir. Y a pesar de saber que es donde mejor se está, porque el cielo es nuestra morada eterna, que excede todas las más nobles aspiraciones humanas —«ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman» (1Cor 2,9) y, por lo tanto, nada le es comparable—; sin embargo, somos capaces de rechazar la invitación divina y perdernos eternamente el mejor ofrecimiento que Dios podía hacernos: participar de su casa, de su mesa, de su intimidad, de su misma vida divina para siempre. ¡gran responsabilidad!

Somos, desdichadamente, capaces de cambiar a Dios por cualquier cosa. Unos, como leemos en el Evangelio de hoy, por un campo; otros, por unos bueyes. ¿Y tú y yo, por qué somos capaces de cambiar a aquél que es nuestro Dios y su invitación? Hay quien por pereza, por dejadez, por comodidad deja de cumplir sus deberes de amor para con Dios: ¿Tan poco vale Dios, que lo sustituimos por cualquier otra cosa? Que nuestra respuesta al ofrecimiento divino sea siempre un sí, lleno de agradecimiento y de admiración.

_* Dios te bendice…* “Alaba, alma mía, al Señor: alabaré al Señor mientras viva, tañeré para mi Dios mientras exista. No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar; exhalan el espíritu y vuelven al polvo, ese día perecen sus planes. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él; que mantiene su fidelidad perpetuamente, que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos, el Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos. El Señor guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén (Salmo 145).

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Lunes 02 de Noviembre XXXI Semana Ordinario Conmemoración fieles difuntos. La Iglesia, ya desde sus mismos orígenes, vive con la convicción de su comunión con los fallecidos y por ello ha mantenido con gran piedad la memoria de los difuntos. La comunión de los que aún «peregrinan» en la tierra con los fieles que han muerto se consolida en la comunicación de bienes espirituales.

Lectura del santo Evangelio según San Juan 14, 1-6 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino. Tomás le dice: – Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le responde: – Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.

Palabra del Señor

Reflexión: “Para ti nos hiciste, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” escribía San Agustín. San Pablo nos recuerda: “En la vida y en la muerte somos del Señor”. Somos peregrinos en esta tierra, aquí estamos de paso, nuestra morada definitiva es el Cielo, vivir con el Señor eternamente. Esto es algo que Jesús les dice a sus apóstoles y también a nosotros. Es un consuelo muy grande saber que Cristo va a prepararnos un sitio en el Cielo y luego volverá y nos llevará con Él. Ésta es la fe y la esperanza de todo cristiano y con los ojos fijos en el Señor esperamos vivir siempre con Dios en el Cielo.

Nuestra vida es mucho más que unos cuantos años en la tierra. La vida en nuestro cuerpo físico es un periodo muy corto de nuestra existencia. Los cristianos creemos firmemente que nuestro existir no se acaba con la muerte, pues nuestra verdadera vida es la Vida Eterna. Elisabeth Kübbler investigó mucho sobre la muerte, y afirmó: “Cuando hemos aprobado los exámenes que vamos a aprender a la Tierra, se nos permite graduarnos. Se nos permite desprendernos del cuerpo, que aprisiona nuestra alma como el capullo que envuelve la futura mariposa, y cuando llega el momento podemos abandonarlo. Entonces estamos libres de dolores, de temores y preocupaciones, libres como la mariposa para volver a casa, de donde salimos, para volver a Dios”. Pero hay más, nuestro pobre cuerpo será recuperado de un modo semejante al de Cristo. Somos alma y cuerpo.

Pero para llegar al Cielo ya nos dice Jesús que Él es el Camino, es decir, que haciendo lo que Él siempre hizo, que no es otra cosa que la voluntad de Dios, sin duda un día estaremos con Él para siempre.

Pidamos por todos aquellos hermanos nuestros que aún están preparando su traje de gala en la antesala del Cielo, el purgatorio, para que pronto puedan participar de la gran fiesta, de las bodas del Cordero.

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. En él brilla la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, a quienes la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad. Porque para los que creemos en ti, la vida no termina, sino que se transforma,
y al deshacerse esta morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo. Por eso, con los ángeles y arcángeles, y con todos los coros celestiales
cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo”.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Domingo 01 de Noviembre XXXI Semana del Tiempo Ordinario Celebramos hoy la Fiesta de todos los Santos. Lo que hoy celebramos es el Amor de Dios, que ya ha acogido a los que nos han precedido y nos esperan a los que todavía estamos en camino. Santidad es “Comunión feliz entre todos los hijos de Dios.. Lo más importante de la vida cristiana es ser y no perder nunca la imagen de hijo de Dios, como hicieron y vivieron los santos.

Todos los Santos

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 5, 1-12a En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Palabra del Señor

Reflexión: La verdadera santidad es una gracia, es la obra que Dios hace gratuitamente en mí.Una existencia vivida con mucha fe y mucha humanidad. Una vida que expresa sentimientos y actitudes de bondad y compasión, que se concreta en obras de justicia, caridad y solidaridad. Porque así es Dios, así actúa Dios y así quiere que sean y actúen sus hijos. Así es la santidad de Dios y así se refleja en sus santos. A estas personas están dirigidas las bienaventuranzas. Para que esta acción gratuita de Dios opere la santidad en nosotros, es preciso acogerla agradecidamente y ejercitarla responsablemente. La santidad de Dios es ser bueno con todas sus criaturas y hacerlas buenas. Nuestra santidad es el resultado de la benevolencia de Dios hacia nosotros. No hallamos gracia a sus ojos por nuestros méritos, sino por su benevolencia y mirada misericordiosa. Esta mirada es lo que pone en nosotros santidad. Y lo más que nosotros podemos hacer es dejar que esa bondad de Dios se refleje y actúe en nosotros. Pero en todo caso, la santidad es gratuita, como don de Dios, y obra del Espíritu Santo en las personas. Podemos decir, pues, que la santidad es camino de Bondad, Felicidad y Comunión que Dios realiza en nosotros. En realidad, un santo no es otra cosa que ser de Dios, y por ello ser una buena persona. Porque ser santo no es más que ser lo que tenemos que ser, pero siempre con la ayuda de la gracia, q
ue por los Santos sacramentos nos “enchufan” a Cristo.
El Papa Francisco, en su exhortación sobre la Santidad en el momento actual: “Alegraos y regocijaos” pone la santidad en el horizonte de la bondad (Mt 25) y la Felicidad (Mt 5, 5-15). Las Bienaventuranzas son como el carnet de identidad del cristiano. ¿Cómo se hace para llegar a ser buen cristiano?’. Es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en las Bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro que estamos llamados a transparentar en la vida cotidiana. (.G.E. 63). ¡Feliz o bienaventurado es sinónimo de santo!

Por eso, la Santidad es un proyecto de felicidad y a la vez un programa de cómo ser lo que debemos ser. Con deficiencias y pecados, muchos han buscado la felicidad en la santidad. Estas confesiones de hombres buenos y felices pueden acercarnos a la santidad de Jesús, y hacer más humana la nuestra.

“En la vida existe una sola tristeza, la de no ser santos”. (Leon Bloy)

«Ser bueno es hacerse divino, porque sólo Dios es bueno.»(Unamuno)

“En todo hombre bueno habita Dios.» (L A. Séneca)

«Sólo los que son verdaderamente buenos y santos son felices.»(San Pablo VI).

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo darte gracias y deber nuestro glorificarte, Padre Santo, porque manifiestas tu gloria
en la asamblea de los santos, y, al coronar sus méritos, coronas tu propia obra. Tú nos ofreces el ejemplo de su vida, la ayuda de su intercesión y la participación en su destino, para que, animados por su presencia alentadora, luchemos sin desfallecer en la carrera
y alcancemos, como ellos, la corona de gloria que no se marchita, por Cristo,Señor nuestro. Por eso, con los ángeles y arcángeles y con la multitud de los santos, cantamos sin cesar
el himno de alabanza:
Santo, Santo, Santo es el señor dios del universo. Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en el cielo”.