Santuario Nuestra Señora de los Milagros

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El sábado 28 de Enero tendremos el turno de Adoración Eucarística. Aplicaremos el Rosario y la Eucaristía junto a la adoración por el eterno descanso de Sor Esther Gómez Barrio, Hermanita de los Ancianos Desamparados, recientemente fallecida y hermana del P. Eladio, destinado en la Comunidad de este Santuario. TURNO MIXTO y ABIERTO para todos los que quieran unirse.

ES DOMINGO…

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Domingo. Segunda Semana tiempo Ordinario. Año Impar.

Evangelio San Juan 1, 29-34
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:
“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.
Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

*Palabra del Señor *

Reflexion Más allá de las interpretaciones de raíz bíblica, la definición de Cristo como Cordero por el Bautista, nos está diciendo muy alto que Jesús es el Salvador; es aquel que viene a traer al mundo una palabra de esperanza. En un mundo como el nuestro, tan lleno de pecado, es decir, de sufrimientos, de pobreza, de violencia, de injusticias, de marginación…, Jesús es aquel que viene a “quitar el pecado del mundo”, el que trae, de parte de Dios, un mensaje de alegría, de paz, de justicia, de solidaridad, de perdón, de amor.

Cómo decía el profeta Isaías en la primera lectura de este Domingo. Él es luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra (Is 49, 6). O como dice San Pablo en la segunda lectura, en su Carta a los Corintios, Él es quien nos trae la gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre (1 Cor 13).

Y algo más: San Juan reconoce que antes del bautismo no conocía a Jesús, no sabía quién era. Pero ahora que ya lo conoce, puede dar testimonio de Él. Y nosotros, ¿conocemos a Jesús? – Un día hizo Él esta pregunta a sus apóstoles: ¿quién decís que soy yo? (Mt 16, 15). Hoy nos la hace a nosotros. Pues bien, para poder dar testimonio de alguien, para poderlo explicar a los demás, primero hay que conocerlo bien. Nosotros sabemos muchas cosas de Jesús, pero, ¿lo conocemos de veras?

Podría ser un buen propósito que deberíamos hacernos cada día: conocer más íntimamente a Jesús, amarlo, “vivirlo”, para poder anunciarlo y dar testimonio de Él ante los demás.

Dios te bendice

Santísimo Nombre de Jesús

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
*MARTES segunda semana Navidad. *Santo Nombre de Jesús*. En el siglo XIII el Concilio de Lyon confió a la Orden de Predicadores la predicación de esta devoción.

Evangelio San Juan 1, 29-34
Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dijo: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

*Palabra del Señor *

Reflexion Una de las enseñanzas principales de San Juan, tanto en el evangelio como en sus epístolas, es la verdad de nuestra filiación divina. “A los que le recibieron les dio el poder de venir a ser hijos de Dios”. “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, ¡pues lo somos!”. La vida de un seguidor de Jesús no consiste más que en ser consecuentes con su filiación, vivir como lo que es, un hijo de Dios… de aquí brotan nuestros actos buenos, nuestros actos de hijos, nuestros actos de hermanos, los que le agradan a nuestro Padre y nos llenan el corazón de gozo.

San Juan tiene dos expresiones que a nosotros, que somos hijos de Dios pero que pecamos, nos sorprenden: “Todo el que permanece en él, no peca. Todo el que peca, no le ha visto ni conocido”. Nos gustaría no pecar… pero pecamos. Nos pasa que de vez en cuando nos alejamos de Dios, no permanecemos en él, no nos portamos como hijos de Dios, sino como hijo del mal. Tenemos que pedir a Cristo Jesús, el que se ha llegado hasta nosotros, el que nos ama, el que nos ha hecho hijos de Dios, que siempre nos portemos como hijos de Dios y no le demos la espalda.

En la misma línea del evangelista San Juan, otro Juan -el Bautista- nos presenta a Jesús, al Cordero de Dios como “el que quita el pecado del mundo”. Si nos hace hijos de Dios, como acabamos de indicar, los hijos de Dios no pecan.

Aunque todo parece indicar que tanto a Juan Bautista como a sus discípulos les costó llegar a comprender que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios. Pero por revelación especial de Dios, a través de los signos que nos indica este evangelio, Juan descubre que Jesús es el Hijo de Dios y da testimonio de ello. Por eso en otra ocasión le oímos decir: “Conviene que él crezca y yo mengüe”.

A nosotros, cristianos ya de 2023, salvando las distancias y las circunstancias personales, nos toca la misma misión que la de Juan: dar testimonio de Jesús y presentarle como el Hijo de Dios, el que viene a ayudarnos y salvarnos como solo él sabe hacerlo. No cabe duda que lo podemos hacer con palabras, dando a conocer a través de ellas a Jesús y todo lo que sabemos de él. Pero, sobre todo, tenemos que dar testimonio con nuestra vida. Que los que nos rodean vean que detrás de todo lo que pensamos, hacemos, vivimos… está Cristo Jesús. Nuestra vida no se explica sin él. Si nos quitan a Cristo nos quitan la vida.

Dios te bendice Oramos: Credo, padre nuestro, AveMaria, Gloria.

TESTAMENTO BENEDICTO XVI

Publicado el documento redactado por el Papa emérito el 29 de agosto de 2006

Si en esta hora tardía de mi vida miro hacia atrás, hacia las décadas que he vivido, veo en primer lugar cuántas razones tengo para dar gracias. Ante todo, doy gracias a Dios mismo, dador de todo bien, que me ha dado la vida y me ha guiado en diversos momentos de confusión; siempre me ha levantado cuando empezaba a resbalar y siempre me ha devuelto la luz de su semblante. En retrospectiva, veo y comprendo que incluso los tramos oscuros y agotadores de este camino fueron para mi salvación y que fue en ellos donde Él me guió bien.

Doy las gracias a mis padres, que me dieron la vida en una época difícil y que, a costa de grandes sacrificios, con su amor prepararon para mí un magnífico hogar que, como una luz clara, ilumina todos mis días hasta el día de hoy. La clara fe de mi padre nos enseñó a nosotros los hijos a creer, y como señal siempre se ha mantenido firme en medio de todos mis logros científicos; la profunda devoción y la gran bondad de mi madre son un legado que nunca podré agradecerle lo suficiente. Mi hermana me ha asistido durante décadas desinteresadamente y con afectuoso cuidado; mi hermano, con la claridad de su juicio, su vigorosa resolución y la serenidad de su corazón, me ha allanado siempre el camino; sin su constante precederme y acompañarme, no habría podido encontrar la senda correcta.

De corazón doy gracias a Dios por los muchos amigos, hombres y mujeres, que siempre ha puesto a mi lado; por los colaboradores en todas las etapas de mi camino; por los profesores y alumnos que me ha dado. Con gratitud los encomiendo todos a Su bondad. Y quiero dar gracias al Señor por mi hermosa patria en los Prealpes bávaros, en la que siempre he visto brillar el esplendor del Creador mismo. Doy las gracias al pueblo de mi patria porque en él he experimentado una y otra vez la belleza de la fe. Rezo para que nuestra tierra siga siendo una tierra de fe y les ruego, queridos compatriotas: no se dejen apartar de la fe. Y, por último, doy gracias a Dios por toda la belleza que he podido experimentar en todas las etapas de mi viaje, pero especialmente en Roma y en Italia, que se ha convertido en mi segunda patria.

A todos aquellos a los que he agraviado de alguna manera, les pido perdón de todo corazón.

Lo que antes dije a mis compatriotas, lo digo ahora a todos los que en la Iglesia han sido confiados a mi servicio: ¡Manténganse firmes en la fe! ¡No se dejen confundir! A menudo parece como si la ciencia -las ciencias naturales, por un lado, y la investigación histórica (especialmente la exégesis de la Sagrada Escritura), por otro- fuera capaz de ofrecer resultados irrefutables en desacuerdo con la fe católica. He vivido las transformaciones de las ciencias naturales desde hace mucho tiempo, y he visto cómo, por el contrario, las aparentes certezas contra la fe se han desvanecido, demostrando no ser ciencia, sino interpretaciones filosóficas que sólo parecen ser competencia de la ciencia. Desde hace sesenta años acompaño el camino de la teología, especialmente de las ciencias bíblicas, y con la sucesión de las diferentes generaciones, he visto derrumbarse tesis que parecían inamovibles y resultar meras hipótesis: la generación liberal (Harnack, Jülicher, etc.), la generación existencialista (Bultmann, etc.), la generación marxista. He visto y veo cómo de la confusión de hipótesis ha surgido y vuelve a surgir lo razonable de la fe. Jesucristo es verdaderamente el camino, la verdad y la vida, y la Iglesia, con todas sus insuficiencias, es verdaderamente su cuerpo.

Por último, pido humildemente: recen por mí, para que el Señor, a pesar de todos mis pecados y defectos, me reciba en la morada eterna. A todos los que me han sido confiados, van mis oraciones de todo corazón, día a día.

Benedicto PP XVI

(Traducción no oficial)