Santuario Nuestra Señora de los Milagros

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UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo 06 Diciembre
II Domingo de Adviento

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 1-8 Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Como está escrito en el profeta Isaías:
«Yo envío a mi mensajero delante de ti,
el cual preparará tu camino;
voz del que grita en el desierto:
“Preparad el camino del Señor,
enderezad sus senderos”».
Se presentó Juan en el desierto bautizando y predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Acudía a él toda la región de Judea y toda la gente de Jerusalén. Él los bautizaba en el río Jordán y confesaban sus pecados.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:
«Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

Palabra del Señor

Reflexión: El evangelio nos presenta a Juan, el último de los profetas que enlaza el NT con la tradición profética más veraz del pueblo de la alianza. Juan es aquél a quien san Agustín considera voz de la Palabra. Su profunda convicción de no ser él el Mesías (a pesar del éxito aparente y de contar con discípulos) nos transmite una lección de humildad. No somos la Palabra sino la voz, el instrumento, el lapicero en las manos de Dios, como decía la Madre Teresa de Calcuta. Voz con que Él puede hacer oír su Palabra en el corazón de la humanidad.

Juan es profeta del y en el desierto. Este hecho marca unos distintivos que nos pueden ser de utilidad, ya que implica actitudes fundamentales en nuestro modo de ser y hacer como discípulos de Cristo:

Que Juan sea profeta del desierto implica que huye de las masas, huye de las modas, de lo políticamente correcto, en definitiva, huye de ese perverso arte de querer contentar a todos, aunque sea a costa de vivir un sucedáneo de Evangelio.
¿Hemos descafeinado, desnatado, edulcorado… la exigencia evangélica con tal de quedar bien siempre?
Que Juan predique en el desierto, es, en sí mismo, un acto de amor extremo a y por la verdad. Decirla en medio la nada porque la verdad en sí misma tiene el valor del todo.
¿Cómo ando de fidelidad a la verdad de mi vida, a la Verdad que es Cristo, aunque ello implique vivir desertado?
En definitiva, que Juan sea profeta del desierto y que predique en el desierto refiere a decir las cosas limpias de todo ruido, interés o distracción colateral. La verdad va emparejada a la nitidez, a la belleza en lo que se dice y en cómo se dice.
¿Qué hablo y cómo lo hablo? ¿Cómo es nuestra predicación de discípulos del Señor?: ¿nítida?, ¿ausente de intereses y distracciones o interesada y justificativa de nuestros modos de ser y hacer?

_* Dios te bendice… Feliz Domingo II preparando el camino al Señor* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro. A Él que había sido anunciado por los profetas, la Virgen Madre lo llevó en su seno con amor inefable;
Juan Bautista proclamó la inminencia de su venida y reveló su presencia entre los hombres. El mismo Señor nos concede ahora preparar con alegría el misterio de su nacimiento, para que su llegada nos encuentre
perseverantes en la oración y proclamando gozosamente su alabanza. Por eso, con los ángeles y los arcángeles, y con todos los coros celestiales
cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Jueves 03 Diciembre
I Semana Adviento San Francisco Javier Misionero jesuita, miembro del grupo inicial de la Compañía de Jesús y estrecho colaborador de san Ignacio de Loyola. Destacó por sus misiones que se desarrollaron en el oriente asiático y en el Japón, recibiendo el sobrenombre de Apóstol de las Indias.

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 7, 21.24-27
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

Palabra del Señor

Reflexión: Leyendo al profeta Isaías desde nuestro caminar cristiano de este año 2020, nos sentimos llamados a confiar siempre en el Señor, también en estos días que nos toca vivir. Nos vienen a la cabeza y al corazón no solo las promesas de Dios en el Antiguo Testamento, sino de forma más extensa las promesas de Jesús, su Hijo, para todos sus seguidores. Después del primer adviento cristiano y de su vida, muerte y resurrección, su gran promesa, la que engloba a todas las demás, es la de ofrecernos su presencia continua y de instalarse incluso, si le dejamos, en el interior de nuestro corazón. Su estar siempre con nosotros, no nos resuelve los problemas económicos, laborales, familiares… que podamos tener. Pero desde su amistad, su consuelo, la luz que nos regala, su ejemplo de vida, sus indicaciones… viviremos de manera más adecuada todos los problemas y situaciones que se nos presenten en la vida. Nunca nos dejará solos, ni en los momentos de bondad ni en los momentos difíciles. “Confiad siempre en el Señor”. Así la casa “ no se hundió”… y, para ello, es preciso cuidar el terreno de la confianza de tal forma que pasemos de las palabras a las obras. No basta con decir que confiamos en el Señor e ir por un camino distinto al que él nos señala. Confiar en Jesús es estar seguros de que la senda que él nos indica lleva a la alegría, a la esperanza, a la felicidad que nos promete… por eso, caminamos por ella. Confiar en el Señor es estar seguros de que la senda del amor, del perdón, de la limpieza de corazón, de la pobreza de espíritu, de la justicia… nos lleva y nos hace experimentar esa vida y vida en abundancia que nos promete. También en el ancho campo de la confianza no vale sólo decir: “Señor, Señor… sino cumplir la voluntad de mi Padre”, bien expresada y vivida por Cristo Jesús. Es la mejor manera de que nuestra casa, nuestra Comunidad, nuestra persona, se mantenga en pie y no se derrumbe ante fuertes vientos que la puedan azotar.

Hoy recordamos el gran ejemplo de San Francisco Javier testigo de vida y ejemplo misionero. Todo su proceso vital es el retrato de alguien que, ciertamente, se fio de Dios, construyó su casa sobre roca y por eso tuvo la libertad suficiente para ir cambiando el rumbo según soplaba el Espíritu Santo en la vida de cada día. Si él pudo… ¿por qué tú no?

_* Dios te bendice…*”
¡Oh Dios mío! Yo te amo; y no te amo porque me salves, o porque castigues con fuego eterno a los que te aborrecen. Tú, tú, Jesús mío, has abrasado todo mi ser en la Cruz; sufriste los clavos, la lanza, las ignominias, innumerables dolores, sudores, angustias, y la muerte: y esto, por mí y por mí pecador. ¿Por qué, pues, no te he de amar, oh Jesús amadisimo? No porque me lleves al cielo, o porque me condenes al infierno, ni por esperanza de algún premio; sino así como tú me amaste, así te amo y te amaré: sólo porque eres mi Rey y sólo porque eres mi Dios. Amén” (San Francisco Javier).

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo 29 Noviembre
I Domingo Adviento

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 13, 33-37 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!».

Palabra del Señor

Reflexión: Hoy, en este primer domingo de Adviento, la Iglesia comienza a recorrer un nuevo año litúrgico. Entramos, por tanto, en unos días de expectación, renovación y preparación.

Jesús advierte que ignoramos «cuándo será el momento» (Mc 13,33). Sí, en esta vida hay un momento decisivo. ¿Cuándo será? No lo sabemos. El Señor ni tan sólo quiso revelar el momento en que se habría de producir el final del mundo. En fin, todo eso nos conduce hacia una actitud de expectación y de concienciación: «No sea que llegue (…) y os encuentre dormidos» (Mc 13,36). El tiempo en esta vida es tiempo para la entrega, para la maduración de nuestra capacidad de amar; no es un tiempo para el entretenimiento. Es un tiempo de “noviazgo” como preparación para el tiempo de las “bodas” en el más allá en comunión con Dios y con todos los santos.

Pero la vida es un constante comenzar y recomenzar. El hecho es que pasamos por muchos momentos decisivos: quizá cada día, cada hora y cada minuto han de convertirse en un tiempo decisivo. Muchos o pocos, pero —en definitiva— días, horas y minutos: es ahí, en el momento concreto, donde nos espera el Señor. «En la vida nuestra, en la vida de los cristianos, la conversión primera —este momento único, que cada uno recuerda y en el cual uno hizo claramente aquello que el Señor nos pide— es importante; pero todavía son más importantes, y más difíciles, las sucesivas conversiones» (San Josemaría).

En este tiempo litúrgico nos preparamos para celebrar el gran “advenimiento”: la venida de Nuestro Señor. La que aconteció en la historia: la “Navidad”, “Nativitas”. Pero también la que sucederá al final de la historia, llena de gloria y majestad. Donde los fieles recibirán el premio a su espera del Señor, paciencia y compasión con los más débiles, y los malvados mentirosos e inmiericordes serán severamente juzgados. !ojalá que cada jornada de nuestra existencia sea un “nacimiento” a la vida de amor! Quizá resulte que hacer de nuestra vida una permanente “Navidad” sea la mejor manera de no dormir. ¡Nuestra Madre María vela por nosotros!

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo Señor nuestro. Él vino por primera vez en la humildad de nuestra carne, para realizar el plan de redención trazado desde antiguo, y nos abrió el camino de la salvación; para que, cuando venga por segunda vez en el esplendor de su grandeza, podamos recibir los bienes prometidos que ahora aguardamos en vigilante espera. Por eso, con los ángeles y los arcángeles,
y con todos los coros celestiales cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Viernes 27 Noviembre XXXIV Semana Ordinario Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 21, 29-33 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola:
«Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.
En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

Palabra del Señor

Reflexión: La gente que vive en el campo entiende muy bien los signos naturales de los que hoy habla Jesús: lo que anuncia el brote de una higuera, qué signo anuncia el frío o el calor, cuándo va a llover…, signos que avisan de lo que está a punto de acontecer. En lenguaje teológico llamamos “signos de los tiempos” a las realidades a través de las cuales el Espíritu Santo nos está interpelando. También son signos que avisan, manifestaciones que nos remiten a una realidad mucho mayor, indicadores de cómo construir el reino que Dios quiere. Para el creyente no importa tanto el signo en sí mismo: el brote de la higuera, sino lo que significa: la llegada de la primavera.

En nuestra realidad personal, comunitaria y mundial, existen signos del mal, del anti-reino, y signos del bien, de Dios, que nos hablan de un reinado que poco a poco se va extendiendo. En nuestras vidas personales, familiares, comunitarias, también hay signos de los tiempos, “brotes”, que nos llenan de esperanza. A estos signos y no a los del mal (a nuestra cizaña), nos invita a mirar el evangelio de hoy a las puertas del Adviento. ¿Cuáles son los signos que en ti y en tus cercanos te hablan de la presencia del Espíritu de Dios? Piénsalo, toma conciencia de ellos y descubre qué querrá Dios de ti y de los tuyos: amigos, familia, comunidad, gente con la que vives cada día en el trabajo y en los demás ambientes de tu vida. Y es por ahí, por esa realidad cotidiana, por la que tendremos que avanzar y llegar a Dios y mostrarlo a los demás. Ahí es por donde asoma el Reino de Dios, ese es el brote que anuncia el calor de Dios en ti. Que no seamos ciegos a estos signos, al lenguaje silencioso pero profundo de Dios. ¿Cuáles son tus “signos de los tiempos”, tus “brotes” de Dios? Pide el auxilio de Santa Maria, que venga en tu auxilio la poderosa intercesión de la Madre del Señor y Madre nuestra.

_* Dios te bendice…* “Acordaos, ¡Oh piadosísima Siempre Virgen María!, que jamas se ha oído decir; que ninguno de los que han recurrido a vuestra protección, implorado vuestro socorro, haya sido abandonado de Tì. Animado con esta confianza, ¡Oh Virgen de las Vírgenes!, a Tì vengo; gimiendo bajo el peso de mis pecados, me postro a Tus pies.
¡Oh Madre del Divino Verbo!, no desprecies mis súplicas; antes bien, escúchalas favorablemente, y dignate acogerlas. Amén”. “Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Domingo 22 Noviembre XXXIV Semana Ordinario CRISTO, REY UNIVERSO

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 25, 31-46 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:
“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.
Entonces los justos contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. Y el rey les dirá:
“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá a los de su izquierda:
“Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. Entonces estos contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”.
Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”.
Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Palabra del Señor

Reflexión: La gran pregunta de hoy: quién es Jesucristo? La liturgia de hoy, en sus lecturas, nos presenta, a modo de respuesta, tres epítetos que califican y definen a Jesucristo: pastor, juez y rey.

Como pastor. ¿Quién sino un verdadero hombre, que ha transitado los caminos de este mundo con sus propios pies, que ha experimentado el itinerario del caminar humano en la tierra, que ha sufrido los rigores del clima, las piedras del camino, que ha conocido la sed del caminante, puede guiar a otros hombres por las vías que configuran la vida del hombre? Pero, ¿quién sino un verdadero Dios puede no sólo conocer y orientar sino ser el mismo camino que lleva a la Vida?
Como juez. ¿Quién sino un verdadero hombre, que ha experimentado en su ser, en su carne, el dolor y el sufrimiento de la carne, que ha vivido el mal como existencial, que ha sido tentado en su misma realidad, puede juzgar la existencia de un hombre? Pero, ¿quién sino un verdadero Dios, que conoce el espíritu de cada uno, puede dictar sentencia? Y ¿Quién sino un verdadero Dios puede juzgar y sentenciar al mal mismo y a la muerte misma? Y ¿quién sino un verdadero Dios puede salvar?
Como rey. ¿Quién sino un verdadero hombre, que sabe que ha de morir, que se sitúa en la ultimidad de sus posibilidades, que mira a su horizonte y se encuentra con la muerte, que él mismo se coloca el primero ante el enemigo, puede llevar animosamente a sus hombres a la batalla entre el bien y el mal, que no es sino la definitiva batalla del hombre, la de la vida frente a la muerte? Pero ¿quién sino un verdadero Dios, el Dios del Bien, el Dios de la Vida, puede asegurar la victoria frente al mal y la muerte?
_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque consagraste Sacerdote eterno
y Rey del universo
a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
ungiéndolo con óleo de alegría, para que ofreciéndose a si mismo
como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana, y sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita
un reino eterno y universal: el reino de la verdad y de la vida,
el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria. Santo, Santo, Santo Dios del universo. Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Sábado 21 Noviembre XXXIII Semana Ordinario Presentacion Virgen Maria Cuando la Virgen María era muy niña, sus padres la llevaron al templo de Jerusalén para ser instruida. Es una fiesta que nació en el año 543 en Oriente con ocasión de la dedicación de la basílica de Santa María la Nueva en Jerusalén.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 20, 27-40 En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».
Intervinieron unos escribas:
«Bien dicho, Maestro».
Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

Reflexión: Celebrando la fiesta de la Presentación de la Virgen María en el templo, el Evangelio de hoy se sitúa en el contexto final de vida pública de Jesús. Narra un debate de Jesús con los saduceos. Estos argumentan en contra de la resurrección de los muertos, tratando de ridiculizarla con un ingenioso cuento. Jesús termina desbaratando sus tesis. Quedémonos tan solo con dos pinceladas:

Jesús no devalúa el matrimonio. En absoluto. Jesús lo ha defendido en otras ocasiones y ahora no se contradice. Ha sido instituido por Dios, que nos ha creado como hombre y mujer y no sólo para la reproducción de la especie. De ahí que el motivo biológico no justifique la necesidad del sacramento. El matrimonio alcanza su sentido más alto en la realización del amor recíproco, expresión del mismo amor de Cristo. Los seres humanos no podríamos vivir sin un amor concreto, hecho de estabilidad y fidelidad, abierto a la nueva vida. Con la muerte de uno de los cónyuges, el vínculo se deshace… pero pasan a vivir en una condición libre del condicionamiento del sexo, en una vida distinta.
¿Qué es eso de “ser como ángeles”? Es una manera de expresar lo que queda aún oculto en el misterio. Dios nos tiene destinados a la vida sin fin, no a la muerte. La vida de resucitados no es una simple continuación de esta vida terrena. Acontece de otra manera. Para hacerse entender, Jesús opone «este mundo» y «el mundo futuro» … un mundo en el que las personas morimos y otro mundo en el que no se muere más, y por lo tanto donde no es necesario engendrar nuevos seres. No hace falta explicar más para refrendar que «sí se puede resucitar». Nosotros creemos, sin elucubrar ni dudar, que al final de todo, la última palabra es la del Dios de la vida. Y su palabra siempre es palabra vivificadora, resucitadora, creadora… siempre lo fue. Por tanto, “¡sí se puede!”.

_* Dios te bendice…* “Préstame, Madre, tus ojos, para con ellos mirar, porque si por ellos miro, nunca volveré a pecar. Préstame, Madre, tus labios, para con ellos rezar, porque si con ellos rezo, Jesús me podrá escuchar. Préstame, Madre, tu lengua, para poder comulgar, pues es tu lengua patena de amor y de santidad. Préstame, Madre, tus brazos, para poder trabajar, que así rendirá el trabajo una y mil veces más. Préstame, Madre, tu manto, para cubrir mi maldad, pues cubierto con tu manto al Cielo he de llegar. Préstame, Madre a tu Hijo, para poderlo yo amar, si Tú me das a Jesús, ¿qué más puedo yo desear? Y esa será mi dicha por toda la eternidad”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Domingo 15 Noviembre XXXIII Semana Ordinario

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
“Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”.
Su señor le dijo:
“Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:
“Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”.
Su señor le dijo:
“Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó también el que había recibido un talento y dijo:
“Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.
El señor le respondió:
“Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».
Palabra del Señor

Reflexión: En nuestra “cultura” atea y depredadora, que ya se quiere sembrar en los mismos centros de enseñanza, como un monopolio de determinadas ideologías, tratando de conquistar la felicidad como algo exclusivo de cada sujeto, como solo consumidores de emociones y placeres, gestores o súbditos de planteamientos “educativos” opuestos a los mandamientos de Dios. Y detrás de todo el dinero, verdadero dominador de todas las ideologías. El dinero y el poder y el placer considerados la única fuente de nuestra felicidad: Comer, beber, vestir, bailar, viajar… Y en medio de todo llega el Covid-19 y nos confina, no solo en casa, sino en nuestra impotencia.

El poder nos hace importantes, mandando sobre los demás… Y la pandemia nos releva y desorganiza, perdidos en un “hoy es así y mañana lo contrario”; y no sabemos en qué acabará todo. Somos un mundo destruido por la codicia humana. Precisamente hoy celebramos la “Jornada Mundial de los Pobres”.

¿Felices sin el buen Dios? La epidemia de la infelicidad y la muerte nos grita que no podemos ser felices centrados sólo en aplacar nuestros deseos. Hay más realidad que la que tocamos con las manos. Y vivimos muy engañados, pensando que no tenemos que dar cuenta de lo nuestro a nadie. Nos guste o no, sepámoslo o no, se nos ha encomendado una tarea y nuestra felicidad dependerá del modo en que ahora hagamos las cosas. Y, por supuesto, creyente o no, dará cuentas de si. No hay posibilidad de excluirse de la Verdad de Dios. Por eso, hermano, hermana, para saber de verdad quien eres, quienes somos, sométete a esta prueba: Lee san Mateo 25,14-30. En este espejo se refleja quién soy y qué me espera.
¡Qué grandes dones se me han dado, que talentos, dándoseme la vida! Y, ¿para qué? Responde.

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro. Él mismo se compadeció del pecado de los hombres y quiso nacer de la Virgen María;
murió en la cruz para librarnos de la muerte
y resucitó del sepulcro para darnos la Vida eterna. Por eso, con los ángeles y arcángeles, y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo”.

San Martiño

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Miércoles 11 Noviembre XXXII Semana Ordinario San Martin de Tours Fue soldado, y monje antes que otra cosa y nos invita a mirar con ojos nuevos la vida religiosa. Como obispo, es ejemplo de cercanía y de falta de ambiciones terrenas. Su gran caridad despertaba la responsabilidad frente a la urgencia de la evangelización y ante la pobreza y la enfermedad.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17, 11-19 Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, les dijo:
«Id a presentaros a los sacerdotes».Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano.
Jesús, tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Y le dijo:
«Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Palabra del Señor

Reflexión: ¿Dónde están?
Nos encontramos ante la desconsideración y la ingratitud hacia Dios. Jesús ha curado a diez leprosos, y sólo uno, el desconocido, el extranjero, el que no pertenece a la comunidad, es el que vuelve con un sentido de gratitud por haber sido curado.

Jesús se pregunta ¿dónde están los otros nueve?

Mientras estamos mal, son todo súplicas y gritos a Dios para que nos libere de nuestros sufrimientos. Sin embargo, cuando vivimos una experiencia de sanación, de liberación de nuestra amargura, miedo, enfermedad o esclavitud, nos olvidamos de volver sobre nuestros pasos para considerar de quién fue la acción que me devolvió a la vida.

El volver sobre tus pasos en la vida, para mostrar gratitud, te mostrará cuán frágil has sido en tu vida, no sólo por sufrir una enfermedad, sino también por la marginación que supone ser apartado, ignorado, vivir fuera de la sociedad.

La ingratitud es otra forma de egoísmo fruto del individualismo. Hemos crecido desde la posible exigencia hacia nuestros familiares y amigos creyendo que todo lo hemos de recibir gratis. “Tengo derecho”. Nos hemos acostumbrado a creer que nos merecemos todo, sin mirar cuánto sacrificio ha supuesto el que tú permanezcas de pie frente a la vida.

Uno no se sacrifica en la vida para que le alaben y le bendigan todo el día; pero sí hay que hacer constar el valor y el coraje de la persona que ha arriesgado su vida por ti. Hay que darle valor a todo cuanto se ha sacrificado por nosotros. Si no fuera así, lo que se muestra es el desprecio por la misma vida, el desprecio por el amor y sus razones, por la fe mantenida y ofrecida con esperanza. Se desprecia las fuerzas dedicadas y el tiempo consagrado con el sólo fin de que tú permanezcas de pie. Esto lo ha hecho a Jesucristo, ha puesto su vida en tu cruz de muerte para que tengas vida. Ha puesto su inocencia en el lugar de tus pecados para que aparezcas “impecable”.

¿Dónde están? ¿Dónde estás ahora que se han sanado tus heridas? ¿Dónde estás ahora cuando has sido liberado de tus esclavitudes? ¿Dónde estás ahora cuando has sido consolado de tus tristezas? ¿Dónde estás ahora cuando has sido reconstruido con generosidad por tus hermanos? ¿Dónde está ahora tu gratitud a Jesucristo?

_* Dios te bendice…* “Gracias, Señor Jesus, por la vida, por la salud, por la familia, por el hogar, por el trabajo, por los alimentos, por la bendición de cada día. Bendice Señor a mi familia, a mis amigos y también a mis enemigos, porque ellos también necesitan de ti. Te ruego Señor por aquellos que sufren y te pido, Jesús, que nos libres de esta terrible pandemia que está destruyendo la vida y el futuro. Da, tambien, paz para el mundo entero. Tú qué vives y reinas, con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén”.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Lunes 09 Noviembre XXXII Semana Ordinario Dedicacacion Basílica Letrán. Celebrar la dedicación de la iglesia madre de todas las iglesias es una invitación a los cristianos de la Iglesia universal a vivir la unidad de fe y de amor, para ser piedras vivas en la construcción de la Jerusalén celeste

Lectura del santo Evangelio según San Juan 2, 13-22 Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
«Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito:
«El celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
«¿Qué signos nos muestras para obrar así?».
Jesús contestó:
«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».
Los judíos replicaron:
«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Palabra del Señor

Reflexión: No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Nos situamos en la celebración de la
Pascua judía…. Jesús sube a Jerusalén al templo, a la realidad más sagrada del pueblo judío, para poner de manifiesto que El es los Revelación plena del Reino de Dios. Dios que manifiesta su presencia en ese templo. Pero se encuentra el feo panorama de la deformación de lo que tenía que ser: un mercado, un cumplimiento legalista, externo, sin alma.
Es curioso observar cómo sólo dos veces se le ve a Jesús airado: en este pasaje y con los fariseos… sale su ira santa, su indignación, porque aprobar aquella escena de comercio y egolatría, seguir la corriente.., sería claudicar de la verdad, porque sabía bien que el horizonte de los dirigentes judios se había deformado y acomodado al mundo que aparta de Dios: » el celo por tu Casa me devora”. ¡Esto no puede ser! Destruye las raíces, la esencia, la realidad del verdadero judaísmo piadoso que es un culto bueno, en una casa de oracion y no de comercio.

¿Señales? Piden señales ante el comportamiento de Jesucristo que purifica el templo. Todavía interpelan a Jesús, el Señor de los señores. Pero el va más allá con una respuesta de scorce tante: » destruid este templo y en tres días lo levantaré «. Esta es su RESPUESTA , la respuesta de las respuestas, la definitiva, la que ilumina y da sentido a todo, la que vale la pena escuchar, por la que conviene orientar todo el vivir, el poseer y el dejar , porque la RESURRECCIÓN es la perla preciosa, el Tesoro escondido que se nos revela en el Señor Jesús. Su humanidad es el verdadero templo en el que Dios habita y su comportamiento es el verdadero culto que el Padre espera recibir. El templo de la humanidad de Jesús asume todo lo humano, todo lo auténtico para hacerlo habitable por Dios. Su ira rechaza esa comercialización de nuestra vida y de su culto falso. Espera que reaccionemos que espabilemos el oído y el corazón ante su SIGNO, su vida entregada a la voluntad del Padre, que es garantía real de nuestra salvación. Así los discípulos, cuando resucitó, » se acordaron de lo que había dicho… «. En nuestra historia tienen que darse esos momentos en los que darnos cuenta de en que hemos convertido el templo de nuestra vida, incluso el templo de nuestra comunidad eclesial, y hasta nuestras Iglesias, de las que parece que hemos expulsado a Dios.

¿Soy capaz de reconocer el SIGNO de la Salvación eterna que nos ofrece Jesús. Quiero vivir unido a El? Quiero que mi vida sea también una casa de oración?

_* Dios te bendice…* “Piedra angular y fundamento es Cristo
del templo espiritual que al Padre alaba, en comunión de amor con el Espíritu viviente, en lo más íntimo del alma. Piedras vivas son todos los cristianos, ciudad, reino de Dios edificándose, entre sonoros cánticos de júbilo, al Rey del universo, templo santo. Demos gracias al Padre, que nos llama a ser sus hijos en el Hijo amado, abramos nuestro espíritu al Espíritu, adoremos a Dios que a todos salva. Amén”.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Domingo 08 Noviembre XXXII Semana Ordinario

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 25, 1-13 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Qué llega el esposo, salid a su encuentro!”. Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”. Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Palabra del Señor

Reflexión: Hoy se nos pide ser sabios. Para que la Sabiduría nos encuentre y seduzca hace falta detenerse, reflexionar, reorganizar las ideas, mirar en lugar de ver, escuchar en vez de oír, sentir más que tocar, reflexionar en lugar de indigestarse de palabras, noticias, videos, mensajes… Hay quienes nos ayudan con sus escritos, reflexiones y declaraciones honestas, en libros, prensa, entrevistas… Me parecen especialmente relevantes y valiosas las aportaciones que vienen haciendo los Papas, cada miércoles, ahora el Papa Francisco sobre diversos temas, ofreciendo caminos nuevos, invitando a la conversión, al cambio, a la búsqueda de la luz de divina. A ser sabios. Esta sabiduría tiene mucho que ver con el Evangelio de hoy. A las jóvenes que se quedan sin aceite se las llama “necias” (es decir, que no tienen conocimiento, sabiduría), como también Mateo llama «necio» al que construye su casa sobre arena y no sobre la Roca de la Palabra. No tienen nada que aportar a la fiesta del Reino de Dios, se quedaron sin “aceite” para sus lámparas. No fueron «prudentes/sagaces» como las otras. Y además la Sabiduría que uno aprende y aplica a su vida… no es trasferible, no se puede compartir. Porque la vida que uno edifica es de uno mismo: sobre arena, sobre roca, con aceite, sin él… Todos hemos recibido una lámpara llena de aceite. El aceite tiene que ver con “consagración”Se utilizaba en la antigüedad para encomendar a alguien una tarea importante (sacerdotes, reyes y profetas): Todos fuimos untados (ungidos) con aceite consagrada en el día de nuestro bautismo. Dios nos estaba encomendando una tarea para la que necesitábamos estar preparados. Porque habrá que luchar contra tantas dificultades, contra la necia “sabiduría” de este Mundo. También eso significa el aceite: dispuestos a combatir, como nos explica San Pablo en sus Cartas.
El aceite es un símbolo de Espíritu Santo (Confirmación): el que Dios ha puesto en el corazón para que vivamos de otra manera, para que hagamos el mundo distinto. El Espíritu Santo que multiplica en nosotros sus dones: “paz, alegría, acogida, sabiduría, equilibrio, autocontrol”… Sí, también la Sabiduría es un Don del Espíritu
Santo que pediremos continuamente en nuestra oración: «Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro, mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento…» (Secuencia de Pentecostés). Cuando falta el Espíritu sólo quedan hombres y mujeres necios. Y parece que hoy se multiplican… cuando más falta hace la sabiduría.
Entonces… ¿Por qué no nos ponemos a buscar/acoger la Sabiduría, a poner un poco de aceite santo de ese que recibimos en el bautismo en cada encuentro, en cada actividad, en cada momento del día, en cada oscuridad, en cada tristeza. Un poco de nuestra luz en medio de una negra noche se ve muchísimo y brillará lo suficiente para sortear muchos obstáculos y no tropezar. Velad, no dejéis que se os apague u os apaguen vuestra vela… hasta que nos llegue la LUZ.

_* Dios te bendice…*”En verdad es justo darte gracias, es bueno cantar tu gloria, Padre santo,
fuente y origen de todo bien. Tú, en el Bautismo nos das nueva vida y nos haces partícipes
del misterio pascual de tu Hijo. Tú nos confirmas con el sello del Espíritu Santo, mediante la imposición de manos y la unción del crisma. Así, renovados a imagen de Cristo, el ungido por el Espíritu Santo y enviado para anunciar la buena nueva de la salvación, nos haces tus comensales en el banquete eucarístico y testigos de la fe
en la Iglesia y en el mundo. Por eso, nosotros, reunidos en esta asamblea festiva para celebrar los prodigios de un renovado Pentecostés, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo…