Santuario Nuestra Señora de los Milagros

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UNA IMAGEN… UNA PALABRA

El secularismo ha echado raíces profundas en nuestra sociedad. La embestida de la innovación y la rápida disponibilidad de cosas y servicios personales nos hace sentir autosuficientes y nos despoja de la presencia de Dios en nuestras vidas. Sólo cuando una tragedia nos golpea despertamos de nuestro sueño para ver a Dios en medio de nuestro “valle de lágrimas”… Incluso debiéramos estar agradecidos por esos momentos trágicos, porque seguramente sirven para robustecer nuestra fe. 
Feliz día… Dios te bendice…

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Este Reino, que comenzará imprevisiblemente “fuera”, puede comenzar ya ahora “dentro” de nosotros. El último día se configura ahora ya en el interior de cada uno. Si queremos entrar en el Reino el día final, hemos de hacer entrar ahora el Reino dentro de nosotros. Si queremos que Jesús en aquel momento definitivo sea nuestro juez misericordioso, hagamos que Él ahora sea nuestro amigo y huésped interior.

San Bernardo, en un sermón de Adviento, habla de tres venidas de Jesús. La primera venida, cuando se hizo hombre; la última, cuando vendrá como juez. Hay una venida intermedia, que es la que tiene lugar ahora en el corazón de cada uno. Es ahí donde se hacen presentes, a nivel personal y de experiencia, la primera y la última venida. La sentencia que pronunciará Jesús el día del Juicio, será la que ahora resuene en nuestro corazón. Aquello que todavía no ha llegado, es ya ahora una realidad.

Feliz día… Dios te bendice

MAGOSTO…

Cómo viene siendo habitual nos hemos reunido en las instalaciones de este Santuario, los Paúles de esta zona para vernos, visitar a la Virgen, charlar, pasar un día de convivencia y unirnos a la celebración del tradicional Magosto… oportunidad aprovechada para seguir creciendo en fraternidad… Gracias a todos.,,

Padre Pio y su tradicional poesía…,

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

¿Imitamos al leproso curado, que vuelve a Jesús para darle gracias? De hecho, sólo «uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios» (Lc 17,15). Jesús echa de menos a los otros nueve: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?» (Lc 17,17). San Agustín dejó la siguiente sentencia: «‘Gracias a Dios’: no hay nada que uno puede decir con mayor brevedad (…) ni hacer con mayor utilidad que estas palabras». Por tanto, nosotros, ¿cómo agradecemos a Jesús el gran don de la vida, propia y de la familia; la gracia de la fe, la santa Eucaristía, el perdón de los pecados…? ¿No nos pasa alguna vez que no le damos gracias por la Eucaristía, aun a pesar de participar frecuentemente en ella? La Eucaristía es —no lo dudemos— nuestra mejor vivencia de cada día.

Feliz día… Dios te bendice…

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Si los siervos tienen que cumplir con su deber, mucho más los apóstoles de Jesús, sus amigos, debemos cumplir la misión encomendada por Dios, sabiendo que nuestro trabajo no merece recompensa alguna, porque lo hacemos gozosamente y porque todo cuanto tenemos y somos es un don de Dios.

Para el creyente todo es signo, para el que ama todo es don. Trabajar para el Reino de Dios es ya nuestra recompensa; por eso, no debemos decir con tristeza ni desgana: «Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer» (Lc 17,10), sino con la alegría de aquel que ha sido llamado a transmitir el Evangelio. 
Feliz día… Dios te bendice…

ES DOMINGO..,

No es un Dios de muertos, sino de vivos» (Lc 20,38). Confiar en este Dios quiere decir darnos cuenta de que estamos hechos para la vida. Y la vida consiste en estar con Él de manera ininterrumpida, para siempre. Además, «para Él todos viven» (Lc 20,38): Dios es la fuente de la vida. El creyente, sumergido en Dios por el bautismo, ha sido arrancado para siempre del dominio de la muerte. «El amor se convierte en una realidad cumplida si se incluye en un amor que proporcione realmente eternidad» (Benedicto XVI).

Feliz Domingo, día del Señor…

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Quizás hoy, ante el Señor, tendremos que plantearnos cuál ha de ser nuestra astucia como hijos de la luz, es decir nuestra sinceridad en las relaciones con Dios y con nuestros hermanos. «En verdad, la vida es siempre una opción: entre honradez e injusticia, entre fidelidad e infidelidad, entre bien y mal (…). En definitiva —dice Jesús— hay que decidirse» (Benedicto XVI).

Feliz día… Dios te bendice…

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Hoy el Señor nos habla en términos claros. El auténtico discípulo ha de amar con todo su corazón y toda su alma a nuestro Señor Jesucristo, por encima de todo vínculo, incluso del más íntimo: «Si alguno viene conmigo y no pospone (…) incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío» (Lc 14,26-27). Él ocupa el primer lugar en la vida del seguidor. Dice san Agustín: «Respondamos al padre y a la madre: ‘Yo os amo en Cristo, no en lugar de Cristo’». El seguimiento precede incluso al amor por la propia vida. Seguir a Jesús, al fin y al cabo, comporta abrazar la cruz. Sin cruz no hay discípulo.

La llamada evangélica exhorta a la prudencia, es decir, a la virtud que dirige la actuación adecuada. Quien quiere construir una torre debe calcular si podrá afrontar el presupuesto. El rey que ha de combatir decide si va a la guerra o pide la paz después de considerar el número de soldados de que dispone. Quien quiere ser discípulo del Señor ha de renunciar a todos sus bienes. ¡La renuncia será la mejor apuesta!

Feliz día a todos… Dios te bendice…

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

LA MUERTE EXPLICADA POR UNA NIÑA CON CÁNCER TERMINAL.-

Como oncólogo con 29 años de experiencia profesional, puedo decir que he crecido y cambiado debido a los dramas de mis pacientes. No conocemos nuestra dimensión real hasta que, en medio de la adversidad, descubrimos que somos capaces de ir mucho más allá.

He visto el drama de mis pacientes, pequeñas víctimas inocentes del cáncer. Con el nacimiento de mi primera hija, empecé a sentirme incómodo viendo el sufrimiento de los niños. Hasta el día en que un ángel pasó a mi lado.
Se llamaba Laura y tenía 11 años. Estaba agotada por dos largos años de tratamientos diferentes, manipulación, inyecciones y todos los problemas que implica la quimioterapia y la radiación. La vi llorar muchas veces; también vi el miedo en sus ojos.
Un día llegué al hospital temprano y encontré a Laura sola en la habitación. Le pregunté dónde estaba su mamá. Todavía hoy no puedo contar la respuesta que me dio sin emocionarme profundamente.
«A veces mi mamá sale de la habitación para llorar a escondidas en el pasillo. Cuando muera, creo que mi mamá va a tener nostalgia, pero yo no tengo miedo de morir. No nací para esta vida!»
» ¿Qué es la muerte para ti, cariño?» le pregunté.
Ella respondió: «Cuando somos pequeños, a veces nos vamos a dormir a la cama de nuestros padres y al día siguiente despertamos en nuestra cama, ¿verdad?»
«Así es, dije. (Me acorde de mis hijas, que en ese momento tenían 6 y 2 años, y con ellas pasaba eso).
Laura me contestó: «Algún día voy a dormir y Dios vendrá a buscarme. Me voy a despertar en su casa.»
Me quedé asombrado, sin saber qué decir. Me sorprendió la madurez con la que el sufrimiento había acelerado la espiritualidad de esa niña.
«Y mi mamá tendrá nostalgia», dijo.
Emocionado, sosteniendo apenas las lágrimas, pregunté: ¿Y qué es la nostalgia para ti, cariño?»
«La nostalgia es el amor que queda», me contestó.

Hoy, a los 53 años, reto a cualquiera a dar una definición mejor, más directa y más simple de la palabra «nostalgia»:
Laura se fue hace algunos meses, pero me dejó una gran lección que me ayudó a mejorar mi vida, a tratar de ser más humano y más cariñoso con mis pacientes, a repensar mis valores. Cuando cae la noche, si el cielo está claro y veo una estrella, imagino que es Laura.

Gracias, angelito, por la vida que tuve, por las lecciones que me enseñaste, por la ayuda que me diste. Que bueno que exista la nostalgia. El amor que queda es eterno.

(Dr. Rogério Brando, oncólogo)