Santuario Nuestra Señora de los Milagros

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Horarios Actos Semana Santa 2021

Horarios 2021 de los actos del Triduo Pascual durante la Semana Santa en el Santuario Nuestra Señora de los Milagros (Baños de Molgas) – Ourense:

Jueves Santo

18:00 h Misa de la Cena del Señor

19:30 h Hora Santa ante el Monumento

Viernes Santo

18:00 h Santos Oficios

Sábado Santo

11:00 h Meditación con María, acompañamos a nuestra Madre

SOLEMNE VIGILIA PASCUAL

20:00 h de la tarde

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo V Semana de Cuaresma

Lectura Evangelio según San Juan 12, 20-33 En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:
«Señor, queremos ver a Jesús».
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús les contestó:
«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.
Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre».
Entonces vino una voz del cielo:
«Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».
La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo:
«Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».
Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Palabra del Señor

Reflexión: En este quinto Domingo de Cuaresma se nos habla de Nueva Alianza como una apertura a la comprensión de quién y cómo es Dios. El profeta Jeremías ya lo anunciaba en la primera lectura de hoy. Es a través del perdón, de la misericordia y del amor como se conoce el verdadero rostro de Dios. Ni solo en la ley ni solo en la historia, sino en lo que las sostiene y les da sentido: descubrir la presencia del Espíritu de
Dios en cada experiencia de amor. En el amor se reconoce a Dios. Y eso es lo que transforma la vida de cada uno haciendo posible que el recorrido vital de cada ser humano se plenifique.

Pero el rostro de Dios a veces se nos esconde. Seguimos con categorías de comprensión de la divinidad de cariz humano, demasiado humano. Las caricaturas, las ideas que cada uno se hace, los intereses ideológicos, la prepotencia. Nos sigue costando entender que a Dios le vayan otros términos más en consonancia: abajamiento, sufrimiento, obediencia, lágrimas, angustia, sufrimiento. En la experiencia de Jesús de Nazaret –la carta a los Hebreos nos lo recuerda- no se muestra el dominio, sino la “kénosis” de la muerte. En la entrega hasta la muerte de Jesús es donde se reconoce a Dios, donde se ve su gloria, porque lo que mueve su entrega es el amor. Un amor que lleva a la muerte. Quien se ama más a sí mismo que a los otros se pierde. Pero amar a los otros no es siempre algo fácil ni hermoso ni suave ni mullido. Amar, a veces, duele. Morir, duele. Amar y morir traen sufrimiento. Pero el miedo a sufrir no es freno para el amor en Jesús. Su testimonio de entrega es un testimonio para cada uno de nosotros de que amar exige mucha fortaleza. La de anteponer a los otros a uno mismo. La de escuchar a Dios –obedecer tiene su sentido etimológico en la escucha y el seguimiento- y seguir su presencia en la fe y la esperanza, en la confianza, de que aunque los caminos de Dios a veces nos resuenen incomprensibles, son los que nos traen la salvación verdadera, la plenitud real de nuestra vida.

Y en esos juegos tan paradójicos del evangelio, de Dios mismo diríamos, es precisamente donde el hombre ve muerte y dolor y sufrimiento, donde se muestra la verdadera gloria de Dios. Jesús es glorificado por el Padre precisamente en su entrega. Jesús es elevado –en la Cruz- a la gloria. El rostro, el nombre de Dios, se muestran en el rostro y el nombre de Jesús, en su amor. La gloria de Dios se muestra en la muerte por amor en cruz de Jesús, su Hijo.

En estos griegos que le piden a Felipe «ver» a Jesús se muestra precisamente eso. Para ver a Jesús hay que mirar a la cruz y a su entrega. Para ver a Dios hay que mirar el sentido de amor, de perdón, de misterio, que esconde la cruz. La cruz es un misterio de amor. El misterio de que en Jesús estamos toda la humanidad de todos los tiempos, el misterio de que en la cruz Jesús nos atrae a todos en su amor. Como el amor mismo es un misterio de entrega. El misterio del sufrimiento por amor.

_* Dios te bendice…* “Te adoramos, Oh Cristo y te bendecimos porque con tu santa cruz redimiste al mundo, y a mí, pobre pecador”. Padrenuestro, Avemaria, Gloria.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Viernes IV Semana de Cuaresma NO abstinencia. SOLEMNIDAD SAN JOSÉ. José ha pasado en silencio por las páginas evangélicas. Es sólo —y nada menos— un creyente que presta atención al Dios que se le muestra en los sueños, que se admira ante la presencia del misterio en su hijo. José es el hombre de la escucha y del silencio.

Lectura Evangelio según San Mateo 1, 16-21 Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
La generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Cuando José se despertó, hizo lo que le habla mandado el ángel del Señor.

Palabra del Señor

Reflexión: En este día de fiesta de San José, nos acercamos a esta figura a través del relato de Mateo en el capítulo uno. Poco se nos dice de él, pero lo que se cuenta es muy significativo:

  • José es descendiente de la casa de Jacob y esposo de la Virgen María, de quien nacerá Jesús, el Cristo: Aparece por tanto, formando parte de ese plan de Salvación que Dios va realizando a través de su pueblo, Israel, y que culmina en Cristo.
  • Vive un hecho humano difícil de asumir: la mujer con quien está desposado está embarazada de un hijo que no es biológicamente hablando suyo. Pero José es un hombre justo; no en el sentido de la justicia humana de ese tiempo según la cual hubiera tenido que denunciar a María, sino en el sentido de la justicia de Dios que es salvadora y mira siempre por el bien de la persona. Es la justicia que brota del amor la que dirige la conducta de José hacia María.
  • También José vive su “anunciación”: Dios le hace partícipe de su proyecto, le invita a la confianza, cuenta con él y le pide su consentimiento. Haciéndolo ejercer de padre, del Hijo eterno de Dios, concebido en el seno de la Virgen María.
  • La respuesta de José es la obediencia de la fe, el fiarse de Dios más allá de lo que humanamente se plantea como dudoso, desconcertante y hacer suyo su proyecto encarnado en aquel hijo a quién él mismo pondrá el nombre de Jesús: “Dios salva”.

Poco más se nos dice en los Evangelios de José; pero seguramente, los cercanos a Jesús habrían sabido reconocer en aquel predicador de Galilea los aires de familia, las huellas de otro hombre que supo estar, acompañar, vivir y educar en la fe.

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todos lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la solemnidad de san José. Porque él es el hombre justo que diste por esposo a la Virgen Madre de Dios; el servidor fiel y prudente que pusiste al frente de tu Familia
para que, haciendo las veces de padre, cuidara a tu único Hijo, concebido por obra del Espíritu Santo, Jesucristo, Señor nuestro.
Por él, los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria, unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo IV de Cuaresma Domingo “LAETARE”

Lectura Evangelio según San Juan 3, 14-22 En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

Palabra del Señor

Reflexión: La liturgia de este Domingo nos ofrece un aroma anticipado de la alegría pascual. Los ornamentos del celebrante son rosados. Es el domingo «laetare» que nos invita a una serena alegría. «Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis…», canta la antífona de entrada.

Dios quiere que estemos contentos. La psicología más elemental nos dice que una persona que no vive contenta acaba enferma, de cuerpo y de espíritu. Ahora bien, nuestra alegría ha de estar bien fundamentada, ha de ser la expresión de la serenidad de vivir una vida con sentido pleno. De otro modo, la alegría degeneraría en superficialidad y majadería. Santa Teresa distinguía con acierto entre la «santa alegría» y la «loca alegría». Esta última es sólo exterior, dura poco y deja un regusto amargo.

Vivimos tiempos difíciles para la vida de fe. Pero también son tiempos apasionantes. Experimentamos, en cierta manera, el exilio babilónico que canta el salmo. Sí, también nosotros podemos vivir una experiencia de exilio «llorando la nostalgia de Sión» (Sal 136,1). Las dificultades exteriores y, sobre todo, el pecado nos pueden llevar cerca de los ríos de Babilonia. A pesar de todo, hay motivos de esperanza, y Dios nos continúa diciendo: «Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti» (Sal 136,6).

Podemos vivir siempre contentos porque Dios nos ama locamente, tanto que nos «dio a su Hijo único» (Jn 3,16). Pronto acompañaremos a este Hijo único en su camino de muerte y resurrección. Contemplaremos el amor de Aquel que tanto ama que se ha entregado por nosotros, por ti y por mí. Y nos llenaremos de amor y miraremos a Aquel que han traspasado (Jn 19,37), y crecerá en nosotros una alegría que nadie nos podrá quitar.

La verdadera alegría que ilumina nuestra vida no proviene de nuestro esfuerzo. San Pablo nos lo recuerda: no viene de vosotros, es un don de Dios, somos obra suya (Col 1,11). Dejémonos amar por Dios y amémosle, y la alegría será grande en la próxima Pascua y en la vida. Y no olvidemos dejarnos acariciar y regenerar por Dios con una buena confesión antes de Pascua.

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro:
Porque concedes generosamente a tus fieles disponerse a la celebración de la Pascua con un corazón purificado,
para que, dedicados con mayor entrega
a la oración y a las obras de caridad,
y participando en los misterios que nos dieron nueva Vida,
lleguemos a ser plenamente hijos tuyos.
Por eso con los ángeles y los arcángeles, y con todos los coros celestiales, cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo III Semana de Cuaresma

Lectura del santo Evangelio según San Juan 2, 13-25
Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
«Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
«Qué signos nos muestras para obrar así?».
Jesús contestó:
«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».
Los judíos replicaron:
«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».
Pero él hablaba del templo de su cuerpo.
Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Palabra del Señor

Reflexión: Ha sucedido un hecho insólito en el templo. Jesús ha echado del templo el ganado de los mercaderes, ha volcado las mesas de los cambistas y ha dicho a los vendedores de palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado» (Jn 2,16). Y mientras los becerros y los carneros corrían por la explanada, los discípulos han descubierto una nueva faceta del alma de Jesús: el celo por la casa de su Padre, el celo por el templo de Dios. Por el verdadero culto y la oración.

¡El templo de Dios convertido en un mercado!, ¡qué barbaridad! Debió comenzar por poca cosa. Algún rabadán que subía a vender un cordero, una ancianita que quería ganar algunos durillos vendiendo pichones…, y la bola fue creciendo. Tanto que el autor del Cantar de los cantares clamaba: «Cazadnos las raposas, las pequeñas raposas que devastan las viñas» (Cant 2,15). Pero, ¿quién hacía caso de ello? La explanada del templo era como un mercado en día de feria.

-También yo soy templo de Dios. Si no vigilo las pequeñas raposas, el orgullo, la pereza, la gula, la envidia, la tacañería, tantos disfraces del egoísmo, se escurren por dentro y lo estropean todo. Por esto, el Señor nos pone en alerta: «Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!» (Mc 13,37).

¡Velemos!, para que la desidia no invada la conciencia: «La incapacidad de reconocer la culpa es la forma más peligrosa imaginable de embotamiento espiritual, porque hace a las personas incapaces de mejorar» (Benedicto XVI).

¿Velar? -Intento hacerlo cada noche- ¿He ofendido a alguien?, ¿son rectas mis intenciones?, ¿estoy dispuesto a cumplir siempre y en todo la voluntad de Dios?, ¿he admitido algún tipo de hábito que desagrade al Señor? Pero, a estas horas, estoy cansado y me vence el sueño.

-Jesús, tú que me conoces a fondo, tú que sabes muy bien qué hay en el interior de cada hombre, hazme conocer las faltas, dame fortaleza y un poco de este celo tuyo para que eche fuera del templo todo aquello que me aparte de ti.

_* Dios te bendice…*”En verdad es justo bendecir tu nombre, Padre rico en misericordia, ahora que, en nuestro itinerario hacia la luz pascual, seguimos los pasos de Cristo, maestro y modelo de la humanidad,
reconciliada en el amor. Tú abres a la Iglesia el comino de un nuevo éxodo a través del desierto cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, con el corazón contrito y humillado, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza, convocado para bendecir tu nombre,
escuchar tu Palabra
y experimentar con gozo tus maravillas.
Por estos signos de salvación, unidos a los ángeles, ministros de tu gloria, proclamamos el canto de tu alabanza: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo II Semana de Cuaresma

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 9, 2-10
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, subió aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
No sabía qué decir, pues estaban asustados.
Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube:
«Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.
Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor

Reflexión: La pequeña Mafalda decía que la vida es linda, lo malo que muchos confunden linda con fácil. La vida implica felicidad y esfuerzo. No podemos potenciar solamente una de las dos dimensiones. El relato de la Transfiguración, que hoy nos regala la liturgia cuaresmal, nos ayuda a comprender que el camino de la cruz también será el camino de la resurrección. Será la experiencia de salir de lo falso hacia lo verdadero. Dios actúa en nuestra historia abriendo el cielo sobre lo cotidiano de la vida. Es un momento luminoso en este viaje de la fe hay que saber descubrir y disfrutar. Por eso necesitamos una nueva forma de mirar la realidad. Para ayudar a tener esta mirada Jesús emprende con los discípulos el camino al monte. Es necesario subir, dejar lo llano, lo seguro, lo conocido e ir hacia arriba. Toda subida implica esfuerzo, pero al mismo tiempo nos posibilita tener una mejor visibilidad y ser más libres.

La experiencia que comparten los discípulos les descubre algo oculto e inaccesible. Es un momento de intimidad. La luz de Dios los envuelve. Esa misma luz les abrirá los ojos para reconocer a Jesús resucitado.

En la Transfiguración aparecen junto a Jesús Moisés y Elías. La experiencia de la Transfiguración es tiempo de dialogo y escucha, de calidad en las relaciones. Jesús es el Hijo amado, en que llegan a su cumplimiento las esperanzas expresadas en la alianza y la ley. Es contemplación de la identidad profunda de Jesús: su condición divina.

Necesitamos momentos como este: Jesús es la verdadera Luz que trasforma e ilumina la vida. Luz que ilumine la oscuridad que a veces parece envolver la realidad cotidiana.

Cuaresma puede ser entonces un tiempo oportuno de hacer juntos un camino nuevo que nos ayude a ser más libres para amar, servir y entregar la vida como Jesús lo hizo, para destruir el egoísmo y la indiferencia. Como nos recordaba el Papa Francisco: “La vida subsiste donde hay vinculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad.” (Fratelli tutti 87).

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque Cristo, nuestro Señor, manifestó su gloria a unos testigos predilectos, y les dio a conocer en su cuerpo, en todo semejante al nuestro,
el resplandor de su divinidad. De esta forma, ante la proximidad de la pasión, fortaleció la fe de los apóstoles, para que sobrellevasen el escándalo de la cruz, y alentó la esperanza de la Iglesia, al revelar en sí mismo la claridad que brillará un día en todo el cuerpo que le reconoce como cabeza suya.
Por eso ahora nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y los santos, diciendo: Santo, Santo, Santo del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en el cielo”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo I de Cuaresma

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 12-15
En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían. Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

Palabra del Señor

Reflexión: San Marcos nos ofrece una versión abreviada pero muy densa de las tentaciones a Jesús cuando se retira al desierto impulsado en su humanidad por el Espíritu Santo. El desierto es, por un parte, un lugar donde la vida resulta difícil; pero también un lugar propicio para encontrarse con Dios. Por boca del profeta Oseas, Dios mismo dice que seducirá a su amada ‒es decir, a su pueblo elegido‒, la llevará al desierto y le hablará al corazón. En el desierto Jesús vivió intensamente este contacto de corazón a corazón con el Padre.En esta Cuaresma Dios nos concede la oportunidad de imitar a Cristo intensificando nuestra comunión con El a corazón abierto. Esta experiencia de desierto “ a corazón abierto”parece reescribir los primeros capítulos del Génesis, como si nos quisiera sugerir que con Jesús la historia se escribe de nuevo y con un signo positivo. Jesús marca un nuevo comienzo. Como en el paraíso, también en el desierto hay armonía entre el hombre y la naturaleza. La convivencia pacífica entre Jesús y las fieras nos remite a la armonía que profetizó Isaías para los tiempos mesiánicos. Jesús vive también en contacto con los ángeles que le sirven. En Jesús no hay ruptura entre el cielo y la tierra.

Pero como en el Génesis también interviene Satanás para intentar arruinarlo todo, para introducir la ruptura, para tratar de apartar a Jesús del Padre. Aunque nada podrá arrancarle la serena certeza de que el Padre lo ama y nunca lo abandona. Jesús, como nuevo Adán, va a enfrentarse con el tentador, va a desenmascararlo. El primer Adán cayó, arrastrando tras de sí a toda la humanidad; Jesús venció, salvando a todos los que se unen a él. Satanás salió derrotado. De esta victoria de Jesús depende nuestra salvación.

Este episodio de la vida de Jesús es capital para nosotros. Como decía santo Tomás de Aquino «todo lo que Cristo realizó en su carne fue salvífico para nosotros», también esta victoria sobre el tentador.

Al comienzo de la Cuaresma todos los cristianos estamos invitados a acompañar espiritualmente a Jesús en el desierto. Estos cuarenta días son para nosotros como una cura para habituarnos a Dios, para habituar no solo de nuestro espíritu, también nuestra carne a Dios, pues también nuestra carne tiene futuro, está llamada a la resurrección. Como Jesús, tendremos que confrontarnos con Satanás, a quien el Señor llama en alguna ocasión «príncipe de las tinieblas» o «príncipe de este mundo». El tentador aprovecha los momentos de debilidad, de cansancio o de angustia, como este de la pandemia, para hacernos caer en sus trampas. Incluso los momentos de oración no están exentos de tentación. Toda circunstancia puede ser propicia para tratarnos de separar de Dios. Como decían los antiguos, el diablo tiene envidia de los que tienden a lo mejor. Sólo amando intensamente al Padre ‒como hizo Jesús‒ podremos superar la tentación; sólo amando más al Padre que nuestro propio interés o que nuestras supuestas necesidades podremos resistir cualquier embate. El amor y la gracia poderosa De Dios puede con la tentación. Si el amor es fuerte, no hay tentación que se le resista.

Las primeras palabras que escuchamos de labios de Jesús en el evangelio según san Marcos son una llamada a la conversión y a la fe. Conversión y fe son como las dos caras de la misma moneda, no se pueden separar. La conversión es la vuelta a Dios; es caminar en la buena dirección, es amar a Dios por encima de todo, más que a uno mismo,… Es un don, una gracia. Nadie puede convertirse por propia iniciativa. En el libro de las Lamentaciones leemos estas palabras: «conviértenos a ti Señor, y nos convertiremos». Pero esta gracia tiene que ser acogida para que se dé una verdadera conversión. La conversión es una tarea de toda nuestra vida. Jamás podremos sentarnos a descansar diciéndonos que ya nos hemos convertido totalmente. Cada mañana hay que retomar el camino de la conversión, hay que reorientar nuestra dirección, dirigir el rumbo hacia Dios. La fe también es, en primer lugar, un don. Tiene muchos aspectos. Uno de ellos es la adhesión total a Dios, es entregarse de corazón a Dios; es confiar en él; es aceptar sus planes, sus criterios, sus tiempos,… es acoger sus palabras, ponerlas en práctica, es hacer su voluntad, en una confiar, confiar, confiar en El. La mejor manera de cultivar y acrecentar nuestra fe es orar mucho y hacer el bien. La oración y las buenas obras son como el termómetro que nos indica dónde estamos en la fe.

La Cuaresma puede ser un tiempo decisivo para avanzar en la conversión y para fortalece nuestra fe, especialmente en un mundo en el que se palpa una creciente falta de fe.

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo Señor nuestro.

El cual,
al abstenerse durante cuarenta días
de tomar alimento,
inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal,
y al rechazar las tentaciones del enemigo
nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado;
de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua,
podremos pasar un día a la Pascua que no acaba.

Por eso,
con los ángeles y santos,
te cantamos el himno de alabanza,
diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en el cielo”.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Miércoles 17 de Febrero. La celebración del Miércoles de Ceniza nos invita hoy a una profunda revisión de nuestra vida, de nuestras actitudes y criterios de comportamiento; a iniciar un serio proceso de conversión y de purificación. Cuaresma es un tiempo de gracia que Dios nos concede como un regalo.

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 6, 1-6. 16-18 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

Palabra del Señor

Reflexión: “El Padre es quien ve en lo secreto”. Hay una anécdota que se suele atribuir a Miguel Ángel, pero yo la he leído en un libro de Henry Nowen: El león dentro del mármol.

Una vez un escultor trabajaba con martillo y cincel un gran bloque de mármol. Un niño que estaba mirándole no veía más que trozos de mármol pequeños y grandes cayendo a derecha e izquierda. No tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo. Pero cuando el niño volvió al estudio unas semanas después, se encontró con la sorpresa de un imponente y enorme león sentado en el lugar en el que había estado el bloque de mármol. Con gran excitación el niño corrió hacia el escultor y le dijo: “Por favor, dígame cómo sabía usted que había un león dentro del mármol”.

La respuesta es: “Yo sabía que había un león dentro del mármol porque, antes de verlo ahí, lo había visto en mi corazón. El secreto consiste en que fue el león de mi corazón el que reconoció al león del mármol”

Para ver qué hay en el mármol de mi vida, qué quiere Dios de mí, cómo es el Padre, cómo parecerme cada vez más a su Hijo, tengo que descubrirle y verle en el corazón. Ahí en lo más íntimo, donde sólo Dios me habita, voy descubriendo quién soy, cómo me ama Dios, qué me pide. La conversión no es una tabla de ejercicios para ponerse en forma espiritual, no es solamente prácticas externas que a veces se quedan sin repercusión alguna en mí, en mi vida.

Jesús nos invita a ir a lo más profundo, a ser coherentes y sinceros con nosotros mismos. Nos aleja de la imagen, lo que se vive “de cara a la galería”. Nos adentra ahí donde el Padre nos ve tal como somos, y nos susurra con infinita ternura: ”Eres mi hijo, amado”. Convertirse, hacer oración, ayuno y dar limosna, pasan por el momento de descubrir quién soy, quién es mi hermano, verme y verle con el corazón de Dios, demostrarlo y descubrirlo amando en el pequeño momento de cada hoy. Feliz camino de Cuaresma.

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno. Porque has establecido generosamente
un tiempo especial de gracia para purificar el corazón de tus hijos, de modo que, libres de todo afecto desordenado,
vivamos las realidades temporales
pero adhiriéndonos a las eternas.
Por eso, con los ángeles y santos
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo”.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo 14 de Febrero. VI Semana tiempo Ordinario

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 40-45
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo:
«Quiero: queda limpio».
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente:
«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor

Reflexión: Las lecturas de este domingo nos ofrecen una visión de la lepra no sólo como enfermedad sino como consecuencia de impureza o como fruto del pecado. Así y desde cierto punto de vista todos podríamos identificarnos con la figura del leproso.

Una persona leprosa, carece de lo más esencial, rompe con lo que sus circunstancias le marcan, se acerca a Jesús mostrándole su fe y suplicándole ser curado. Y, la respuesta no se hace esperar. Viene de un Jesús conmovido, que muestra su poder a partir de la fe de quien se le acerca accediendo a curarle. Dos actitudes, la del leproso y la de Jesús, que definen en conjunto un nuevo y diferente eje de coordenadas. Este eje, por muy diferente y novedoso que sea, es valido y asequible para cualquiera de nosotros.

Al igual que no hay nadie como un enfermo para valorar la salud, nadie como un preso para valorar la libertad o un pobre para valorar la riqueza,… tampoco hay nadie como un pecador para valorar y reconocer la experiencia, el sentido y el valor del perdón. Y así ninguna de nuestras carencias, limitaciones y fallos nos deberían mantener en lo que estas circunstancias pudieran marcar, no nos deberían impedir acudir a Jesús, nuestro Señor, lleno de compasión, con fe y suplicar, al igual que el leproso, ser limpiados.

Esta experiencia y valoración del perdón es la misma que nos relata el salmo 31: “Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito”.

Tres pequeños puntos a tener en cuenta. Yo ante la lepra.

  1. En el fragmento de la carta de san Pablo a los Corintios encontramos la invitación a hacer todo para la gloria de Dios junto con la exhortación de seguirle a él como él sigue a Cristo.
  2. Jesús, a través de la curación del leproso, sale al paso de la exclusión, de la marginación,… del sufrimiento. Donde antes había impureza ahora hay limpieza, donde antes enfermedad ahora salud.
  3. En este contexto la exhortación de san Pablo cobra un sentido específico y nos coloca ante la misma encrucijada que a Jesús. Ahora el cuestionamiento debería ser más directo: Yo ante la lepra. Yo ante la enfermedad de los otros, yo ante las vidas desestructuradas de tantas personas que hago? Y qué hago ante la lepra de mi escepticismo autosuficiente frente al Señor o de mi autocomplacencia ante realidades que son lo que el Señor espera de mi?

_* Dios te bendice…* “Señor Jesus, gracias porque tu amor y tu compasión superan todo rechazo, toda miseria, toda podredumbre moral, toda exclusión social. Me postro ante ti. Quiero sentir tus dedos sobre mi piel. Tu mirada tierna sobre mi pobre persona. Experimentar la fuerza de tus palabras para curarme. Bendito y alabado seas mi Señor y Salvador. Amén”.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Jueves 11 de Febrero. V Semana tiempo Ordinario Nuestra Señora de Lourdes La advocación de Nuestra Señora de Lourdes hace referencia a las 18apariciones de la Virgen María a Bernadette Soubirous (1844-1879) en la gruta de Massabielle, a orillas del río Gave de Pau, en las afueras de la población de Lourdes, Francia, en las estribaciones de los Pirineos, en 1858.

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 7, 24-30
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Entro en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse. Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo:
«Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella replicó:
«Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».
Él le contestó:
«Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Palabra del Señor

Reflexión: Jesús está en una casa y quiere pasar inadvertido, sin embargo la realidad de sufrimiento y dolor le hace traspasar este límite.

Es una mujer extranjera con una hija enferma, poseída por un espíritu impuro. Madre e hija unidas por el amor. Lo que impulsa a la mujer a intentarlo todo es el amor, va a insistir a tiempo y a destiempo para favorecer la vida. Destaco algunos verbos que describen la persona de esta mujer:

  • Oyó hablar: Conocía a Jesús de oídas, escuchaba que era fuente de vida.
  • Vino: Se pone en camino, traspasa toda frontera, es extranjera, no tienen un origen común con Jesús.
  • Se postró a sus pies: Es un gesto de ponerse en las manos del otro. Un gesto de adoración. Confía, espera todo del Otro.
  • Le suplica: es intercesora para la vida de otros, le motiva el amor a su hija.

Ante esta mujer puede parecer que Jesús reacciona de una forma desconcertante de tal forma que sus palabras nos resultan duras y sorprendentes y dan pie para pensar que Jesús, en un primer momento, sólo quería predicar al pueblo judío. Pero, siguiendo adelante en esta escena, caemos en la cuenta que atedió el ruego insistente y confiado de esta madre afligida: “Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija”.

Por todo lo que sabemos de la vida de Jesús, es claro que quiso predicar la buena noticia a todos y nos pidió a sus seguidores que la divulgásemos por las cuatro esquinas del universo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. El sublime tesoro que él nos trajo de parte de su Padre no podía quedar reducido a su pueblo. Estaba destinado a toda la humanidad. El amor de Dios, la luz de Dios, el perdón de Dios, la bondad de Dios, las promesas de Dios, las curaciones de Dios, el cielo de Dios… están destinados a todos los hombres de todas las épocas. Y para ello está su Hijo, entonces y ahora. Realmente cuando nos dejamos conducir por el Espíritu Santo y amamos a alguien, cuando la situación del otro nos toca en lo profundo, nos colocamos en una dinámica de generar vida, es un movimiento capaz de transformar y de dejarnos transformar. María, nuestra señora de Lourdes, nos ayude a ello.

_* Dios te bendice…*”¡AVE, AVE, AVE MARÍA!

  1. DEL CIELO HA BAJADO LA MADRE DE DIOS CANTEMOS EL AVE A SU CONCEPCIÓN
  2. EL LOURDES DE FRANCIA SU TRONO FIJÓ, MIRANDO A ESPAÑA QUE NO ABANDONÓ
  3. DE LUZ RODEADA Y ETERNO ESPLANDOR, LA REINA DEL CIELO ASÍ APARECIÓ
  4. UN TRAJE VESTÍA DE BLANCO COLOR QUE EL TALLE AJUSTABA AZUL CEÑIDOR
  5. UN LARGO ROSARIO QUE EL CIELO LABRÓ SOSTIENE EN SUS MANOS MÁS PURAS QUE EL SOL
  6. POR DETRÁS SU CUERPO TODO ALREDEDOR, GRACIOSO ENVOLVÍA UN LARGO MANTÓN
  7. SUS PIES VIRGININALES DESNUDOS DEJÓ,
    Y EN ELLOS DOS ROSAS DE ETERNO CANDOR
  8. “VENDRÁS QUINCE DÍAS TE PIDO EN FAVOR: HACER DE ESTA GRUTA LUGAR DE ORACIÓN”
  9. YO QUIERO QUE UN TEMPLO SE ELEVE EN MI HONOR, QUE VENGAN MIS HIJOS AQUÍ EN PROCESIÓN
  10. “HACED PENITENCIA Y ARDIENTE ORACIÓN POR LOS PECADORES QUE OFENDEN A DIOS”
  11. Y EN PRUEBA A MIS HIJOS, DE MI PROTECCIÓN: “BEBED EN LA FUENTE”, PORQUE ELLA ES MI DON.
  12. SUS AGUAS BENDITAS MEDICINA SON
    QUE AL CUERPO Y AL ALMA DAN LA CURACIÓN
  13. AQUÍ LOS ENFERMOS ENCUENTRAN VIGOR, AQUÍ LUZ Y VIDA HALLA EL PECADOR.
  14. YO SOY LA HERMOSURA QUE REFLEJA A DIOS. YO SOY TODA PURA EN MI CONCEPCIÓN
  15. UNIDA A TU HIJO AL PIE DE LA CRUZ, IMPLORAS DEL PADRE PIEDAD Y PERDÓN
  16. PUES ERES, MARÍA, LA REINA DE PAZ: DESPIERTA EN NOSOTROS ANHELOS DE AMAR.