Santuario Nuestra Señora de los Milagros

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Viernes Santo 2022

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy VIERNES SANTO 15 de Abril

LÁGRIMAS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

“Bienaventurados los que lloran…” (Mt 5, 5) Es llamativo el numero de veces, unas 700, que en la Biblia se mencionan explícitamente el llanto, el gemido, los sollozos, las lágrimas… Es un dato que acredita hasta qué punto las personas que en ella salen son verdaderamente humanas, porque esta es una experiencia que nos iguala a todos. Como dice el poeta Vicente Huidobro “es para llorar que la vida es tan corta, es para llorar que la vida es tan larga”. ¿Tendrán razón los que afirman que éste es un “valle de lágrimas”, o hay que dar crédito a Jesús que llamó bienaventurados a los que lloran?

Las lágrimas del inocente que sufre (Hbr 5,7) Pasó entre nosotros haciendo el bien”_, dice Pedro al resumir, con la autoridad del testigo directo, lo que fue la vida de Jesús. Pero eso no le libró de una muerte ignominiosa, en la que como certifica la Carta a los Hebreros hubo “grandes gritos y lágrimas”. Con razón llamamos al relato sobre los últimos pasos y la muerte de Jesús “la Pasión”, porque tuvo mucho de sufrimiento de un inocente y no menos de su amor apasionado.
Hoy, éstas son las lágrimas de millones de personas que, por diferentes causas, pasan por la experiencia del sufrimiento, a pesar de su inocencia. Sollozos, gemidos y lágrimas de las víctimas de la guerra de Ucrania; de los prófugos y emigrantes, que en un intento desesperado por salvar su vida se echan al mar en una patera o tratan de saltar unas vallas; de los niños de la calle, de los sin techo, de los fracasados que se tragan cada día las lágrimas amargas de su fracaso y soledad… Todo ellos actualiza hoy este dato de la Pasión del Señor.

Las lágrimas del arrepentido (Lc 22,61-62) Hay en los evangelios varias escenas en las que están presentes las lágrimas. Por ejemplo, las de la pecadora en casa de Simón el fariseo, las de María en Betania, las de la viuda de Naín, las del propio Jesús a la vista de Jerusalén,… pero, en el contexto de la pasión cobran una especial relevancia las lágrimas de arrepentimiento de Pedro.

El texto evangélico describe esta escena con sorprendente sobriedad. No hay palabras, sólo gestos expresados en cuatro verbos: “el Señor se volvió y miró a Pedro, y éste saliendo afuera lloró amargamente”. Jesús, como siempre, lleva la iniciativa, se vuelve y con su mirada busca los ojos de Pedro; a éste esa mirada le llega a lo profundo del alma: sale afuera, busca esa soledad que nos permite encontrarnos con nosotros mismos, y llora amargamente. El Greco plasmó en varios cuadros esas lágrimas con una impresionante belleza y realismo.

La cultura popular acuñó la expresión “lágrimas de cocodrilo” a las que no son auténticas, sino un reclamo engañoso e interesado. Pero la piedad popular reflejó en una canción, llena de sentimiento, “Amante Jesús mío”, las lágrimas del arrepentido: “Quién al mirarte exánime pendiente de una cruz,… de compasión y lástima, no siente el pecho herido?. Santa Teresa y san Ignacio hablaban de “el don de lágrimas”, que hemos de pedir a Dios, porque es una gracia suya. Con Gerardo Diego suplicamos: Señor, “filtra en mi secas pupilar dos gotas frescas de fe” y de arrepentimiento.

Las lágrimas de la compasión (Lc 23, 27-28) En el camino hacia el Calvario va Jesús cargando el leño de la cruz en la que va a ser ejecutado. Su aspecto debía ser lamentable después de una noche en la que había sido víctima de las burlas y vejaciones de los soldados. Para asegurarse de que Jesús llegaría vivo al Gólgota, ante la indiferencia, pasiva y curiosa, de los que miraban aquel macabro espectáculo, “obligaron” a un tal Simón de Cirene a que le echase una mano. Aunque también había un grupo de mujeres, que según las normas vigentes no podían hacer nada, pero que expresaban con lágrimas abundantes su “compasión”. Ellas no eran espectadoras curiosas, sino personas sensibles al dolor ajeno. Lucas describe su presencia y su actuación con esta expresión “se golpeaban el pecho y se lamentaban”. Una muy antigua tradición afirma que una de ellas, dando un paso adelante, se acercó a limpiarle el rostro a Jesús.

“Los hombres no lloran”. Todos lo hemos oído desde pequeños y, se puede afirmar que, de alguna forma ese criterio de comportamiento se sigue inculcando y está vigente en nuestra sociedad. Porque lo que hoy se lleva a ser un tipo duro, insensible e indiferente ante el dolor ajeno, con el añadido de una dosis de agresividad, si es que se quiere triunfar en la vida. Mercedes Sosa compuso la letra de una antigua canción, que interpretaba magistralmente Ana Belén y que decía: “Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente, que la resaca muerte no me encuentre vacía sola, sin haber hecho lo suficiente”. Y, en la misma dirección el papa Francisco, en su visita a la isla de Lampedusa, nos advirtió: “uno de los peores males de nuestra sociedad es la globalización de la indiferencia”.

Las lágrimas ante la ausencia de Dios (Jn 11-15) Sin duda, esta fue la más dura experiencia de Jesús en la cruz: Marcos y Mateo lo reflejan en sus evangelios con especial crudeza: fue “un grito”, no un suspiro, pronunciado “con voz potente”, no con un hilito de voz. Incluso para subrayar su realismo, nos han transmitido el texto en arameo, tal y como saldría de los labios de Jesús: “Eloí, Eloí, lemá sabaktani” (m 15, 34).

Juan de la Cruz inicia las 40 estrofas de su “Cántico espiritual” con estos versos: “Adónde te escondiste / Amado, y me dejaste con gemido? / Como el ciervo huiste / habiéndome herido. / Salí tras Ti clamando, y eras ido”. Refleja muy bien la experiencia de Jesús y también la de María Magdalena tal como la describe reiteradamente el cuarto evangelio: María junto a sepulcro llora por una ausencia, la ausencia del Amado.

Esta es también una experiencia que hoy nos afecta a muchos creyentes, que vivimos en una sociedad en la que a Dios no se le nombra, y por eso muchos lo dan por desparecido. Algunos constatan el “silencio de Dios” (Eli Wiesel); otros hablan del “ocaso de Dios” (Feuerbach); yendo más lejos, no faltan los que declaran la “muerte de Dios” (Nietzsche); aunque algunos prefieren hablar del “eclipse de Dios” (Martín Búber). En cualquier caso, estas voces del pensamiento moderno dejan constancia de una cierta ausencia de Dios, y de las lágrimas que provocan.

Pero lo cierto es que todas estas lágrimas entran en la declaración de Jesús en las bienaventuranzas, son en verdad “lágrimas bienaventuradas” que serán consoladas. Lo acredita el Apocalipsis: “Dios enjugará las lágrimas de nuestros ojos y ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo lo antiguo ha pasado” (Ap 21,4), Y esto es lo que celebramos cada año en una Semana Santa que culmina con la Pascua.

_Del P. José Manuel Hernández Sánchez,

_* Dios te bendice…*. Oramos: “Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Jueves Santo 2022

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy *Jueves 14 de Abril. *JUEVES SANTO *

San Juan 13, 1-15 Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y este le dice:
«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?».
Jesús le replicó:
«Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».
Pedro le dice:
«No me lavarás los pies jamás».
Jesús le contestó:
«Si no te lavo, no tienes parte conmigo».
Simón Pedro le dice:
«Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza».
Jesús le dice:
«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos».
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».

*Palabra de Dios *

Reflexión recordamos aquel primer Jueves Santo de la historia, en el que Jesucristo se reúne con sus discípulos para celebrar la Pascua. Entonces inauguró la nueva Pascua de la nueva Alianza, en la que se ofrece en sacrificio por la salvación de todos.

En la Santa Cena, al mismo tiempo que la Eucaristía, Cristo instituye el sacerdocio ministerial. Mediante éste, se podrá perpetuar el sacramento de la Eucaristía. El prefacio de la Misa Crismal nos revela el sentido: «Él elige a algunos para hacerlos partícipes de su ministerio santo; para que renueven el sacrificio de la redención, alimenten a tu pueblo con tu Palabra y lo reconforten con tus sacramentos».

Y aquel mismo Jueves, Jesús nos da el mandamiento del amor: «Amaos unos a otros como yo os he amado» (Jn 13,34). Antes, el amor se fundamentaba en la recompensa esperada a cambio, o en el cumplimiento de una norma impuesta. Ahora, el amor cristiano se fundamenta en Cristo. Él nos ama hasta dar la vida: ésta ha de ser la medida del amor del discípulo y ésta ha de ser la señal, la característica del reconocimiento cristiano.

Pero, el ser humano no tiene capacidad para amar así. No es simplemente fruto de un esfuerzo, sino don de Dios. Afortunadamente, Él es Amor y —al mismo tiempo— fuente de amor, que se nos da en el Pan Eucarístico.

Finalmente, hoy contemplamos el lavatorio de los pies. En actitud de siervo, Jesús lava los pies de los Apóstoles, y les recomienda que lo hagan los unos con los otros (cf. Jn 13,14). Hay algo más que una lección de humildad en este gesto del Maestro. Es como una anticipación, como un símbolo de la Pasión, de la humillación total que sufrirá para salvar a todos los hombres.

El teólogo Romano Guardini dice que «la actitud del pequeño que se inclina ante el grande, todavía no es humildad. Es, simplemente, verdad. El grande que se humilla ante el pequeño es el verdaderamente humilde». Por esto, Jesucristo es auténticamente humilde. Ante este Cristo humilde nuestros moldes se rompen. Jesucristo invierte los valores meramente humanos y nos invita a seguirlo para construir un mundo nuevo y diferente desde el servicio.

_* Dios te bendice…*. Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaria, Gloria.

V Domingo de Cuaresma

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy Domingo 03 de Abril. *Quinto Domingo Cuaresma

San Juan 8, 1-11 En aquel tiempo, los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos, Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó:
«Ninguno, Señor». Jesús dijo:
«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

Palabra del Señor

Reflexión En el evangelio de hoy encontramos dos clases de miradas. La mirada de los letrados y fariseos, es una “mirada que mata”. Sus ojos no ven más que a una mujer que ha cometido adulterio (del varón que ha adulterado con ella no dicen nada), y según la estricta ley judía debe ser apedreada.

Nos encontramos también con la mirada de Jesús, una “mirada que ama”, una mirada llena de compasión para esta mujer. La mirada de amor tiene dos características peculiares. En primer lugar, ve más allá de las apariencias, ve el interior de las situaciones, el interior de las personas. En este caso concreto, Jesús con su mirada de amor, ve que esa mujer está dolida y arrepentida por lo que ha hecho, ve que esa mujer está pidiendo que la comprendan y perdonen. Alguien ha dicho que “amar es saber mirar”. El amor penetra muy hondo, tiene ojos más claros, más potentes para ver el interior de las personas. Una madre, cuando ve entrar a uno de sus hijos por la puerta de casa, con su mirada de amor sabe si su hijo está bien o está mal, si está contento o si tiene alguna preocupación. El amor tiene una mirada más penetrante que la inteligencia más poderosa. Sabe ver lo invisible, lo que no se ve, pero que está ahí, es real. “Amar es saber mirar”. El emérito Papa Benedicto XVI, en su encíclica sobre el amor, dice que Jesús porque ama tiene un “corazón que ve”. Por eso, vio el interior desolado y arrepentido de la mujer adúltera.

En segundo lugar, la mirada de amor siempre busca amar. Los letrados y fariseos, porque no amaban, sólo buscaban el castigo para la que había pecado. Pero Jesús con su mirada de amor, no busca condenar y castigar, sino curar, sanar, rehacer la vida de una persona rota, devolverle su dignidad y que encuentre una buena salida a su vida. El diálogo de Jesús con ella, después de haber puesto en evidencia a sus detractores, está lleno de comprensión y de ternura: “ Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado? Ella contestó: Ninguno, Señor. Jesús dijo: Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más”.

Dos lecciones más podemos sacar del evangelio de hoy. Primera: Nadie de nosotros puede presumir de ser Dios, de ser impecable. Todos fallamos y pecamos. En más de una ocasión, vamos en contra de nuestra propia conciencia, que eso es pecar. Ojalá el sabernos débiles y pecadores, sin decir que el mal está bien, nos haga más comprensivos con los demás, con sus fallos y destierre para siempre el ser orgullosos y sentirnos por encima de los demás. Fue la lección que Jesús quiso dar a los acusadores de la mujer adúltera.
Segundo: Todos necesitamos miradas de amor. ¿Sabemos que disfrutar del cielo ya ahora en esta vida o padecer el infierno ya en esta vida depende en gran parte de nosotros? Cuando lanzamos miradas de amor a los demás y recibimos miradas de amor… ya estamos tocando el cielo con la mano. Cuando nos lanzamos miradas de indiferencia, de desamor… y recibimos esas mismas miradas, ya estamos padeciendo y sufriendo los tormentos del infierno. Ya sabemos lo que va a pasar en el cielo, en el reino de Dios. Allí, de una vez por todas, va a reinar Dios y todo lo que se oponga a Dios va a desaparecer. Como Dios es amor, lo que va a reinar es el amor y nada más que el amor. Allí todos tendremos miradas de amor. Se acabaron para siempre las miradas frías, las miradas llenas de odio, de rencor, de agresividad… Sólo habrá amor, solo habrá miradas de amor. Es nuestra gran esperanza, es lo que nos ha prometido Cristo Jesús, nuestro Señor.

Para amar, lo mejor es sentirse amado. Para perdonar, lo mejor es sentirse perdonado. Para mirar con amor, lo mejor es sentirse mirado con amor. Miremos constantemente a Jesús en la cruz, o en cualquier otra situación. Él siempre nos va a devolver una mirada de amor. De esta manera podremos ofrecer una mirada de amor a todos los que nos rodean. “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado”.

_* Dios te bendice…*

IV Domingo Cuaresma – 2022

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy Domingo 27 de Marzo. *Cuarto Domingo Cuaresma conocido como “ Laetare”… ornamentos de color: Rosa

San Lucas 15, 1-33 En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
“Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo:
“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».
Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados:
“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó:
“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.
Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.
El padre le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

Palabra del Señor

Reflexión La bondad, que restaura, es propia de Dios; la libertad, mal usada y capaz de disgregar, pertenece a los hombres; la autosuficiencia está en el núcleo que impide acercarse a otros, al considerarlos débiles para brindarles ayuda.

Con la fuerza de la gracia, cabe retornar al Padre misericordioso, que invita a unos y otros a convivir en la misma comunidad de redimidos, de los hijos amados, en la Iglesia cuerpo místico de Cristo. Urge fomentar la acogida incondicional al que se ha alejado, a tantos como caminan separados, rotos, sin esperanza, a quienes buscan apoyo para reconducir sus vidas o no tienen capacidad para descubrir los caminos del retorno.

Para la reflexión:
La maduración personal ha de encaminarnos a reproducir la figura del Padre (sed misericordiosos) hasta llegar a las auténticas relaciones amorosas de hijos de Dios con el Padre celestial y con nuestros hermanos los hombres, identificándonos con su voluntad.

El descubrimiento de que llevamos dentro a los dos hermanos (menor y mayor) debe orientarnos hacia objetivos más profundos de la parábola, como es descubrir también al Padre-Dios en nuestro interior. El Reino de Dios está dentro de vosotros, decía Jesús. Estamos llamados a identificarnos con él, como Jesús nos manda (perfectos como el Padre celestial) superando tantas etapas de fricción fraternal y miradas de reojo que siempre resultan empequeñecedoras.

Queda pendiente en el fuero interno descubrir noblemente, con la ayuda del Espíritu Santo, qué manifestaciones de ambos hermanos existan en nuestra vida para si escuchamos “la voz del Señor … no endurecer el corazón”.

_* Dios te bendice…*. Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaria, Gloria.

1º Domingo de Cuaresma

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy *Domingo * 06 Marzo. Primer Domingo de Cuaresma.

San Lucas 4, 1-13 En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan».
Jesús le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre”».
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos de! mundo y le dijo:
«Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo».
Respondiendo Jesús, le dijo:
«Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”».
Respondiendo Jesús, le dijo:
«Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Palabra del Señor

Reflexion En los escritos de San Lucas resalta con fuerza la actuación del Espíritu Santo en la humanidad de Jesús y en la comunidad de los seguidores del Resucitado, nacida de su Pascua. En el evangelio de este domingo, el Espíritu Santo es el que lleva y acompaña al Hijo Amado por el desierto, antes de iniciar la misión que le ha sido encomendada por el Padre. Ese mismo Espíritu es el que ha sido derramado en nuestros corazones y nos ha hecho hijos e hijas de
Dios por el Sagrado bautismo .

Tal vez, podríamos iniciar el camino cuaresmal tomando conciencia de la presencia del Espíritu en nosotros, de la vida a la que nos llama, de la fuerza que nos comunica. Pedirle humildemente su ayuda para no poner resistencia a su acción en nosotros y colaborar con él en todo lo que contribuya a que nuestra vida y la de las otras personas sea más plena, más humana, más esperanzada…

El desierto en la Biblia es el lugar donde Israel vive la tentación en su marcha hacia la tierra de la promesa; donde experimenta el silencio de Dios, el vacío y la soledad; donde se rebela y abandona a su Dios para volverse a los ídolos. Pero el desierto es, también y ante todo, el lugar de oración, de encuentro con Dios, del primer amor, de la misericordia y fidelidad de Señor a pesar del pecado de su pueblo; lugar del don de la alianza.

¿Encontraremos durante la Cuaresma algunos momentos tranquilos para orar desde nuestro propio desierto? ¿Nos atreveremos a hacer una cura de silencio para acallar los ruidos que nos impiden escuchar el latido de nuestro corazón y el del prójimo? ¿Seremos capaces de dejarnos llevar por el Espíritu
Santo al desierto y prescindir de tantas cosas que nos mantienen en la superficialidad y el divertimiento?

Las tres tentaciones que presenta el relato evangélico afectan a dinamismos muy profundos del ser humano: el deseo de tener y acumular bienes, el deseo de dominar y del éxito, y el deseo de dominar a Dios. No es difícil reconocer estas mismas tentaciones a lo largo de la historia de la humanidad y de la historia de la Iglesia, pero existen otras muchas: la desesperanza que surge en tiempos de crisis, el creernos mejores que los demás, el juicio inmisericorde a la debilidad ajena, el imponer como voluntad de Dios lo que se funda en nuestros criterios humanos, cerrar los ojos al dolor ajeno y refugiarnos en una vida confortable…

¿Cuáles son las tentaciones personales, comunitarias, eclesiales que nos asaltan en este hoy que vivimos? ¿De dónde sacamos la fuerza para hacer frente al mal?

El evangelista termina el relato diciendo que “el demonio se marchó hasta otra ocasión”. Jesús no fue tentado una sola vez como tampoco lo somos nosotros. El momento crucial de la pasión y de la muerte en la cruz será la ocasión propicia para que el tentador vuelva a la carga “Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate! (Lc 23, 37), “¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti mismo y a nosotros!” (Lc 23, 39). Necesitamos la fuerza del Espíritu Santo para permanecer unidos a Dios Padre en todo momento y, especialmente, cuando el mal muestra sus garras crueles y la confianza en la bondad de Dios flaquea.En este tiempo de pandemia ha vuelto a surgir en muchas personas la misma pregunta: ¿dónde está Dios? Jesús, consciente de la dificultad que supone resistir en la prueba, enseñó a sus primeros discípulos, y en ellos a todos nosotros, a pedir con confianza al Padre que no nos deje caer en la tentación y que nos libre del mal. Hagamos con insistencia esta súplica.

_* Dios te bendice…* Oremos: Credo, Padrenuestro, Avemaria, Gloria. Oremos por el fin de la guerra.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy *Domingo * 27 Febrero. Octava Semana Tiempo Ordinario.

San Lucas 6, 39-45. En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.
Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca».

Palabra del Señor

Reflexion La palabra de Dios, siempre es rica, siempre es sugerente, siempre tiene que comunicar algo, pero claro, primero hay que escucharla con atención y después dejarse interpelar por ella, dejar que llegue al corazón, tal y como es, sin pasarla por el tamiz de nuestra manera de pensar y de hacer, sin devaluarla y sin hacerla decir lo que nosotros queremos que diga. De ahí la importancia de que cada domingo, saquemos algún mensaje que pueda ser importante para nuestra vida.
¿Hemos escuchado con atención el evangelio de hoy? San Lucas con su lenguaje sencillo y directo nos presenta una doctrina de Jesús exigente y quizá, aunque conocida, no valorada lo suficientemente por nosotros a la hora de reconocer nuestras omisiones en relación al seguimiento del Maestro. Digo esto, porque no solemos confesarnos de estas faltas.

Hoy Jesús nos interroga sobre cómo tenemos el rostro de echarle a los demás en cara sus defectos, cuando no vemos con claridad los nuestros. Revísate primero tú, porque cuando lo hagas dirás voy a ser un poco más prudente, y cuando yo tenga claro los míos, podré hacer otra cosa. Si lo hago, me daré cuanta, que con trabajar por atajar mis fallos ya tengo bastante y dejaré en paz a los demás.

Jesús también nos invita a que sepamos distinguir lo que es lo principal y lo que es secundario, puede ser que mas de una vez confundamos lo segundo con los primero, valoremos lo secundario y se nos escape lo esencial.

Hay un texto paralelo a este que hemos leído de San Lucas en el evangelio en el de San Mateo que dice “Por sus frutos los conoceréis”. Me parece un consejo acertadísimo por parte de Jesús en lo que son nuestras relaciones con los demás. Muchas veces nos relacionamos con ellos, teniendo en cuenta su posición, o el puesto que ocupan en una empresa, o lo que representan, es verdad que hay unas normas de educación que hay que valorar y que se deben respetar. Pero el juicio definitivo sobre alguien lo tenemos que hacer, no teniendo en cuenta la posición que decía antes, sino lo que esa persona hace. Son las obras las que dan razón de lo que una persona es, no basta lo que uno diga, o lo que representa, sino lo que hace, las obras de cada uno son las que dan razón de lo que somos. Las obras de cada uno, son las que se ganarán nuestro respeto hacia ellos.

Las personas de corazón limpio son aquellas que van esparramando bondad allí por donde van, y aquellos que no lo tenemos tanto, pues lo haremos menos. El tiempo de cuaresma que vamos a comenzar nos impulsará de nuevo a que con sencillez sepamos reconocer siempre nuestros fallos, de esta manera seremos menos exigentes con los que viven junto a nosotros.

La llamada de Jesús a seguir demostrando con humildad todo lo que necesitamos cambiar en nosotros, nos anima a seguir con nuestros esfuerzos de mejora y superación, esa aspiración siempre constante nos sigue motivando para no desfallecer. El saberlo cercano a nosotros nos anima a ser mejores, evitando todo lo que nos separa y nos hace sentirnos lejos los uno de los otros.

Se lo pedimos al Señor y hoy mas que nunca, se lo pedimos para nosotros, los que cada domingo escuchamos su palabra, porque reconocemos lo que nos falta para acercarnos a los que Jesús nos pide, y lo hacemos al tiempo que recordamos a las personas que queremos y que nos quieren, pedimos también por todos los que sufren, están solos o enfermos…

_* Dios te bendice…* Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy *Domingo * 20 Febrero. Séptima Semana Tiempo Ordinario.

San Lucas 6, 27-38. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.
Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida que midiereis se os medirá a vosotros».

Palabra del Señor

Reflexion Es Cristo el que rompe esa reciprocidad basada en el “a igual daño, igual reparación” viviendo en primera persona el límite de la gratuidad. Es difícil para el ser humano, se diría casi imposible, de no ser por la gracia de Dios, el “pagar”el mal con bien, y si éste es la vida, es el supremo bien. El ser humano tiende a amar por algún interés a cambio.

El amor “oblativo” que Cristo dio a cambio de no pedir nada, no solo no escandalizó a los de su tiempo, que no podían recompensarlo, sino que llega hasta hoy, impulsando a amar incluso a aquellos que lo devuelvan con la enemistad, la calumnia, la opresión, etc.

Este amor de pura gracia racionaliza al ser humano poniéndolo por encima de la irracionalidad encargada de crear rencor -ley de la reciprocidad (Talión).

El verdadero amor es el amor “maduro: «Me aman porque amo»,y también«Te necesito porque te amo». Este amor siente la necesidad de la unión y el compartir lo que implica la compasión (padecer con) y tiene la potencialidad de engendrar más amor (cf. E. Fromm, “El arte de amar”).Y en palabras de Santo Tomás el amor verdadero crece con la dificultad. Este es el mayor escollo del amor y a la vez el mayor índice de “resurrección” del alma humana: perdonar al enemigo.

Que el amor, el perdón y la misericordia al enemigo sin ánimo ni de venganza ni de odio, puede ser una realidad, lo proclama la primera de las lecturas. David vivió el amor misericordioso de Yavhé, y ello le llevó a perdonar al ungido del Señor, Saúl que quería acabar con el pequeño pastor.

Si la persona es capaz de que “Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra” es porque le está cuestionando al poner la otra mejilla que su no violencia está por encima del dolor físico. O dicho de otra manera que su amor es un amor madura porque busca el bien ajeno, frente al amor infantil que busca solo satisfacerse.

La unión personal con Dios en la oración, sobre todo en la santísima Eucaristía, dan esa capacidad que le hacen al ser humano no ser un superhombre por ello sino ser imagen de Dios, lo cual está por encima de la sola humanidad que aspira a una felicidad de rango filosófico, para llegar a la felicidad plena basada en la visión beatífica del Creador.

Pide a Dios que te ayude a superar el amor filosófico, el del superhombre (que suele acabar en un despertar trágico) para llegar al amor pleno, fruto de la misericordia (que es parte de la intimidad divina) para vencer cualquier rencor u odio (poner la otra mejilla si es menester) y así no solo rezarás el padrenuestro sino, y es lo más importante, lo vivirás.

_* Dios te bendice…* Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

Una imagen… una palabra

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy Domingo 13 Febrero. Sexta Semana Tiempo Ordinario.

San Lucas 8, 17-26. En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre.
Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!
¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».

Palabra del Señor

Reflexion La fe: la confianza en la Vida. Ahora bien, hemos de tener fe, cómo nos dice San Pablo, en que Cristo ha resucitado. Es decir, hemos de tener la confianza de que al final la Vida triunfa, de que en el seno de la Palabra de Dios se encuentra la voluntad de Dios, que no es otra que la Felicidad del hombre. Sin esta confianza, estamos abocados a la muerte. ¿Por qué? Porque al final no es Dios quien condena sino que, somos nosotros mismos los que nos condenamos en el ya, ahora, en nuestro caminar diario…

Somos nosotros, con nuestra libertad, los que nos enrolamos en dinámicas de muerte, en dinámicas que, a quién más daño hacen, son a nosotros mismos, de tal manera que nos producen la muerte… Es la ley del pecado.

Por eso, la primera lectura nos hace una contraposición entre quienes son malditos, es decir, quienes están guiados por la ley de la muerte, del pecado y quienes son benditos, quienes se guían por Dios, por la Vida de su gracia:

“Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita.

Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.”

Y el Evangelio de san Lucas vuelve a recalcar esta doble dimensión de nuestra vida:

“Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre.

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.”

Las Bienaventuranzas son cercanas y lejanas: ¿Cómo ser pobre en una sociedad capitalista?, ¿Cómo ser odiado por Jesucristo, -realmente esto esto es cada día más habitual-si vivimos en una cultura que se dice tolerante? Llorar quizás nos quede más cercanos, porque la raza humana siempre tiene un motivo para llorar: ¡Miremos a Haití! ¡Allí esta Dios, porque allí se cumple hasta la letra del Evangelio!

¡Echemos a volar nuestra audacia! Tendamos nuestros brazos hacia Cristo. El nos hará volar.

_* Dios te bendice…* Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

Una imagen… una palabra

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy Domingo 06 Febrero. Quinta Semana Tiempo Ordinario.

San Lucas 5, 1-11. En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes.
Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
«Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo:
«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo:
«Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador».
Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Y Jesús dijo a Simón:
«No temas; desde ahora serás pescador de hombres».
Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor

Reflexion Con este relato de Lucas, iluminado también por Isaías y san Pablo, se nos está invitando a los cristianos de todos los tiempos a la “misión”, a sentirnos enviados a pesar de nuestras limitaciones humanas (somos pecadores). Necesitamos hoy, más que nunca, ser una Iglesia, una comunidad “en salida”, para poder llegar a tantos hombres y mujeres que caminan por la vida sin ninguna esperanza. Los primeros cristianos no tenían medios y se encontraron con una cultura hostil y un ambiente lleno de dificultades, pero fiándose de Jesús se lanzaron por todo el mundo y extendieron el evangelio por todo el Imperio Romano.

Nosotros, tal vez no queremos dejar nuestras redes y nuestras cosas y eso nos impide un verdadero seguimiento de Jesús. Nos da miedo todo (“hemos remado toda la noche y no conseguimos nada”), no nos fiamos de Jesús y no lanzamos las redes impulsados “por su palabra”.

Para ser miembros activos como creyentes comprometidos en la actualidad, no hace falta especial talento, ni cualidades brillantes, ni sobresalir por el prestigio. Nada de eso. Hace falta ser como aparece Pedro en el relato evangélico de hoy. Hemos de ser hombres y mujeres capaces de:

Fiarnos de Jesús. Esto no es nada fácil. A Pedro le costó creer, como avezado pescador, que en pleno día iban a poder pescar algo. ¿Cómo nos cuesta fiarnos de Dios? ¿Qué rebeldía nos nace ante ciertas situaciones que nosotros no dominamos y nos parecen una perfecta sin razón? Fiarse es necesario para seguir adelante.

Hacer autocrítica. Algo que está de moda decirlo, pero no hacerlo de verdad. Es importante como hizo Pedro reconocer “apártate de mí, que soy un pecador”. Esto es algo difícil de aceptar y confesar. ¿Por qué no lo hacemos nosotros? Nosotros que somos tan buenos, tan religiosos, tan generosos… ¿pecadores? Claro que pecadores. Este es un sentimiento de lo más sano. Ayuda mucho a no juzgar, a comprender y, sobre todo, a comprenderse y a soportarse.

Darse a los demás.Hemos de vivir en función de…Pedro recibió la misión de ser “pescador de hombres”. Los otros serán para Pedro lo importante. Por ellos sufrirá, por ellos se alegrará. Los hombres serán, en adelante, la explicación de su vida. ¿Cuántos cristianos somos capaces de salir de nosotros mismos y de vivir para los demás? No “bogamos mar adentro” porque estamos muy ocupados en nuestras cosas y no tenemos tiempo para los otros. Nuestro “yo” es lo que más nos preocupa.

Estas tres cualidades del discípulo de Jesús nos tienen que ayudar a vivir nuestra fe de una manera más comprometida. Dejándolo todo, le siguieron”.

_* Dios te bendice…* Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaria, Gloria.

Una imagen… una palabra

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy *Domingo de la Palabra de Dios * 23 Enero. Tercera Semana Tiempo Ordinario.

San Lucas 1, 1-21

Ilustre Teófilo:
Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmiteron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque él me ha ungido.
Me ha enviado a evangelizar a los pobres,
a proclamar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos, la vista;
a poner en libertad a los oprimidos;
a proclamar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.
Y él comenzó a decirles:
«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Palabra del Señor

Reflexion “Hoy se cumple”
Pero no se trata únicamente de saber que formamos todos parte de algo más amplio sino también de que puede ser mejorado. Jesús intervino en algunas de las instituciones de su tiempo, hoy lo hace en la sinagoga de su tierra, pero su actuación le da un calado profundamente transformador.

Otros leyeron y escucharon mucho antes que él los textos del profeta Isaías, también hablarían de salvación, de nuevas posibilidades, seguro. Pero Jesús activó esa palabra y la tradujo en un “hoy”.

La novedad no reside en la potente garra del texto, en el deseo de liberación para los cautivos, en la recuperación de la vista, ni si quiera en el año de gracia anunciado. Lo grandioso es que, a través de él, se abre la posibilidad de que todo lo que anuncia comience a ser realidad.

En sus palabras de “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír” Jesús engarza esa posibilidad con nuestra capacidad de escucha, de transformación y de compasión hacia los otros.

Hoy, somos nosotros, los que tenemos la posibilidad de escuchar juntos, de establecer un diálogo los unos con otros, de dejarse interpelar por la Palabra y desde ahí, crear caminos de Fe auténtica. Quizá esto exija profundos cambios en nuestras mentes, comunidades e iglesias. Pero también quizá sea esto aquello que permita dejar espacio en medio de nuestras vidas para que sea la fuerza de la Palabra y de los Sacramentos la que anide en ellas. Así quizá, podamos comprender que hay muchos que siguen necesitando encontrarse con Cristo, salir de sus cautiverios injustos, o ver perspectivas menos dolientes en su día a día. Sin duda son ellos los que nos reclaman que tenemos que hacer posible ese “hoy” del anuncio, necesariamente fraternal, del evangelio.

_* Dios te bendice…* Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaria, Gloria.