Santuario Nuestra Señora de los Milagros

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UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Sábado 12 Diciembre. Conmemoración de Nuestra Señora de Guadalupe.
II Semana de Adviento

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 17, 10-13 Cuando bajaban del monte, los discípulos preguntaron a Jesús:
«¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?».
Él les contestó:
«Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos». Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.

Palabra del Señor

Reflexión: Este pasaje evangélico está ubicado cronológicamente tras la transfiguración. En ese momento, Jesús habla con sus discípulos sobre una de las personas que aparecieron en la visión del monte Tabor: Elías. Admite, como decían los maestros de la ley, que Elías tenía que venir antes del juicio pero advierte que eso ya ha sucedido sin que ellos se dieran cuenta. De este modo; invita a los discípulos a discernir el plan de Dios que está ante sus ojos.

El tiempo de la conversión, la curación de las relaciones humanas y de la relación con Dios ha llegado. Para que entiendas su urgencia, el Maestro identifica a Elías con Bautista. Este misterio se revela a los que, por su docilidad de fe están dispuestos a acoger la predicación de Juan con su invitación a convertirse y prepararse para el encuentro del que viene, de hecho, los discípulos lo entienden. Sin embargo, al poco caen en la terquedad y la incredulidad.

Como puntos capitales para nuestra vida destacan especialmente dos aspectos. Uno de ellos es mi relación con Dios, que me pide volver a Él. El otro es el de sanar mis relaciones con el prójimo. Debemos dejarnos interpelar por el Bautista que invita a una unir nuestra vida a la alianza con el Señor y a rechazar el pecado. Observemos qué obstáculos ponemos al camino de la palabra divina, a veces incómoda, pero que si nos dejamos impregnar por ella supera con mucho nuestras flaquezas. Por eso, siempre sale victoriosa. Tenemos un Dios que nos da el don del perdón por medio de su Hijo. Sólo así sabremos reconocerlo.
¡Demos gratis lo que gratis hemos recibido!

_* Dios te bendice…* “Virgen Santísima de Guadalupe, Madre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, muestra que eres nuestra Madre. Defiéndenos en las tentaciones, consuélanos en las tristezas, y ayúdanos en todas nuestras necesidades. En los peligros, en las enfermedades, en las persecuciones, en las amarguras, en los abandonos, en la hora de nuestra muerte, míranos con ojos compasivos y no te separes jamás de nosotros”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Martes 08 Diciembre
II Semana de Adviento Inmaculada Concepción Virgen María Proclamado como dogma en 1854, por el beato Pío IX; los pasajes del Génesis y del Evangelio de san Lucas, que se proclaman hoy, son fuentes teológicas que traslucen esta realidad. Más es el pueblo cristiano, a través de su fe, que consideró e invocó desde los primeros siglos a María como santa y Purísima, y sin pecado original y sin ningún pecado personal.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1, 26-38 En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».
María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.

Palabra del Señor

Reflexión: El misterio de la Inmaculada Concepción es un extraordinario regalo a través del cual Dios en su Hijo Jesucristo actuó para salvar a Maria, la Madre de Cristo, y, a su vez, a nosotros, al limpiarnos de nuestros pecados. De tal forma que María es la nueva Eva, la «madre de todos los que viven» (Cf. Gn 3,15). Y, a su vez, el hombre es llamado a ser hijo en el Hijo, por medio de la filiación divina, por pura iniciativa suya (Cf. Ef 1,5). Así es que María nos recuerda que estamos llamados a ser santos e irreprochables ante Él por el amor (Cf. Ef 1,4). Y ella refleja el modelo que Dios quiere hacer de todos nosotros, si aceptamos su propuesta de salvación. Como hijos de Dios, debemos poner los dones que recibimos al servicio de los demás, a ser partícipes de la relación restaurada por Cristo Jesús.

Por eso, bien se recoge en el prefacio de este día, con elocuente belleza y simplicidad, la pureza de María y su ejemplo de santidad al proclamarse:

«Purísima tenía que ser, Señor, la Virgen que nos diera al Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que, entre todos los hombres, es abogada de gracia y ejemplo de santidad».

La Inmaculada Concepción es el regalo del Hijo de Dios a la mujer que libremente escogería acogerle como madre. Este misterio pone de relieve la extraordinaria misión que esta mujer acepta con su sí. No existe nadie en el mundo que posea la relación que la Santísima Trinidad, mantiene con María. Cooperando así en la salvación de los hombres, con fe y obediencia libres, María, acepta el mensaje divino. Con este gesto abraza de todo corazón, y sin entorpecimiento de pecado alguno, la voluntad salvífica de Dios y sirve al misterio redentor de su Hijo, con la gracia de Dios (Cf. LG 56). María es partícipe del plan salvífico de Dios para la restauración del hombre, en quien Dios, al engendrarse, como diría San Anselmo, “se hizo a sí mismo, y de este modo volvió a hacer todo lo que había hecho”.

«Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Con la respuesta fiel de María en su camino de fe, de esperanza en un mejor porvenir de la mano de Dios, la humanidad entera comienza el sendero de retorno al Señor. Con ella, descubrimos la importancia de acoger y como “engendrar” a Jesús en nuestros corazones, con ella somos llamados a colaborar en la renovación y misión salvífica de Dios. Así se revela para la humanidad entera, en la “Toda hermosa” la meta de su propio camino. (Marialis Cultus, 28). Entonces, confiemos siempre en Dios porque para Él, no hay nada imposible.

_* Dios te bendice…* “
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.
Amén. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora, y siempre, y por los siglos de los siglos”.
Amén.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo 06 Diciembre
II Domingo de Adviento

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 1-8 Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Como está escrito en el profeta Isaías:
«Yo envío a mi mensajero delante de ti,
el cual preparará tu camino;
voz del que grita en el desierto:
“Preparad el camino del Señor,
enderezad sus senderos”».
Se presentó Juan en el desierto bautizando y predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Acudía a él toda la región de Judea y toda la gente de Jerusalén. Él los bautizaba en el río Jordán y confesaban sus pecados.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:
«Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

Palabra del Señor

Reflexión: El evangelio nos presenta a Juan, el último de los profetas que enlaza el NT con la tradición profética más veraz del pueblo de la alianza. Juan es aquél a quien san Agustín considera voz de la Palabra. Su profunda convicción de no ser él el Mesías (a pesar del éxito aparente y de contar con discípulos) nos transmite una lección de humildad. No somos la Palabra sino la voz, el instrumento, el lapicero en las manos de Dios, como decía la Madre Teresa de Calcuta. Voz con que Él puede hacer oír su Palabra en el corazón de la humanidad.

Juan es profeta del y en el desierto. Este hecho marca unos distintivos que nos pueden ser de utilidad, ya que implica actitudes fundamentales en nuestro modo de ser y hacer como discípulos de Cristo:

Que Juan sea profeta del desierto implica que huye de las masas, huye de las modas, de lo políticamente correcto, en definitiva, huye de ese perverso arte de querer contentar a todos, aunque sea a costa de vivir un sucedáneo de Evangelio.
¿Hemos descafeinado, desnatado, edulcorado… la exigencia evangélica con tal de quedar bien siempre?
Que Juan predique en el desierto, es, en sí mismo, un acto de amor extremo a y por la verdad. Decirla en medio la nada porque la verdad en sí misma tiene el valor del todo.
¿Cómo ando de fidelidad a la verdad de mi vida, a la Verdad que es Cristo, aunque ello implique vivir desertado?
En definitiva, que Juan sea profeta del desierto y que predique en el desierto refiere a decir las cosas limpias de todo ruido, interés o distracción colateral. La verdad va emparejada a la nitidez, a la belleza en lo que se dice y en cómo se dice.
¿Qué hablo y cómo lo hablo? ¿Cómo es nuestra predicación de discípulos del Señor?: ¿nítida?, ¿ausente de intereses y distracciones o interesada y justificativa de nuestros modos de ser y hacer?

_* Dios te bendice… Feliz Domingo II preparando el camino al Señor* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro. A Él que había sido anunciado por los profetas, la Virgen Madre lo llevó en su seno con amor inefable;
Juan Bautista proclamó la inminencia de su venida y reveló su presencia entre los hombres. El mismo Señor nos concede ahora preparar con alegría el misterio de su nacimiento, para que su llegada nos encuentre
perseverantes en la oración y proclamando gozosamente su alabanza. Por eso, con los ángeles y los arcángeles, y con todos los coros celestiales
cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Jueves 03 Diciembre
I Semana Adviento San Francisco Javier Misionero jesuita, miembro del grupo inicial de la Compañía de Jesús y estrecho colaborador de san Ignacio de Loyola. Destacó por sus misiones que se desarrollaron en el oriente asiático y en el Japón, recibiendo el sobrenombre de Apóstol de las Indias.

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 7, 21.24-27
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

Palabra del Señor

Reflexión: Leyendo al profeta Isaías desde nuestro caminar cristiano de este año 2020, nos sentimos llamados a confiar siempre en el Señor, también en estos días que nos toca vivir. Nos vienen a la cabeza y al corazón no solo las promesas de Dios en el Antiguo Testamento, sino de forma más extensa las promesas de Jesús, su Hijo, para todos sus seguidores. Después del primer adviento cristiano y de su vida, muerte y resurrección, su gran promesa, la que engloba a todas las demás, es la de ofrecernos su presencia continua y de instalarse incluso, si le dejamos, en el interior de nuestro corazón. Su estar siempre con nosotros, no nos resuelve los problemas económicos, laborales, familiares… que podamos tener. Pero desde su amistad, su consuelo, la luz que nos regala, su ejemplo de vida, sus indicaciones… viviremos de manera más adecuada todos los problemas y situaciones que se nos presenten en la vida. Nunca nos dejará solos, ni en los momentos de bondad ni en los momentos difíciles. “Confiad siempre en el Señor”. Así la casa “ no se hundió”… y, para ello, es preciso cuidar el terreno de la confianza de tal forma que pasemos de las palabras a las obras. No basta con decir que confiamos en el Señor e ir por un camino distinto al que él nos señala. Confiar en Jesús es estar seguros de que la senda que él nos indica lleva a la alegría, a la esperanza, a la felicidad que nos promete… por eso, caminamos por ella. Confiar en el Señor es estar seguros de que la senda del amor, del perdón, de la limpieza de corazón, de la pobreza de espíritu, de la justicia… nos lleva y nos hace experimentar esa vida y vida en abundancia que nos promete. También en el ancho campo de la confianza no vale sólo decir: “Señor, Señor… sino cumplir la voluntad de mi Padre”, bien expresada y vivida por Cristo Jesús. Es la mejor manera de que nuestra casa, nuestra Comunidad, nuestra persona, se mantenga en pie y no se derrumbe ante fuertes vientos que la puedan azotar.

Hoy recordamos el gran ejemplo de San Francisco Javier testigo de vida y ejemplo misionero. Todo su proceso vital es el retrato de alguien que, ciertamente, se fio de Dios, construyó su casa sobre roca y por eso tuvo la libertad suficiente para ir cambiando el rumbo según soplaba el Espíritu Santo en la vida de cada día. Si él pudo… ¿por qué tú no?

_* Dios te bendice…*”
¡Oh Dios mío! Yo te amo; y no te amo porque me salves, o porque castigues con fuego eterno a los que te aborrecen. Tú, tú, Jesús mío, has abrasado todo mi ser en la Cruz; sufriste los clavos, la lanza, las ignominias, innumerables dolores, sudores, angustias, y la muerte: y esto, por mí y por mí pecador. ¿Por qué, pues, no te he de amar, oh Jesús amadisimo? No porque me lleves al cielo, o porque me condenes al infierno, ni por esperanza de algún premio; sino así como tú me amaste, así te amo y te amaré: sólo porque eres mi Rey y sólo porque eres mi Dios. Amén” (San Francisco Javier).

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Domingo 29 Noviembre
I Domingo Adviento

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 13, 33-37 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!».

Palabra del Señor

Reflexión: Hoy, en este primer domingo de Adviento, la Iglesia comienza a recorrer un nuevo año litúrgico. Entramos, por tanto, en unos días de expectación, renovación y preparación.

Jesús advierte que ignoramos «cuándo será el momento» (Mc 13,33). Sí, en esta vida hay un momento decisivo. ¿Cuándo será? No lo sabemos. El Señor ni tan sólo quiso revelar el momento en que se habría de producir el final del mundo. En fin, todo eso nos conduce hacia una actitud de expectación y de concienciación: «No sea que llegue (…) y os encuentre dormidos» (Mc 13,36). El tiempo en esta vida es tiempo para la entrega, para la maduración de nuestra capacidad de amar; no es un tiempo para el entretenimiento. Es un tiempo de “noviazgo” como preparación para el tiempo de las “bodas” en el más allá en comunión con Dios y con todos los santos.

Pero la vida es un constante comenzar y recomenzar. El hecho es que pasamos por muchos momentos decisivos: quizá cada día, cada hora y cada minuto han de convertirse en un tiempo decisivo. Muchos o pocos, pero —en definitiva— días, horas y minutos: es ahí, en el momento concreto, donde nos espera el Señor. «En la vida nuestra, en la vida de los cristianos, la conversión primera —este momento único, que cada uno recuerda y en el cual uno hizo claramente aquello que el Señor nos pide— es importante; pero todavía son más importantes, y más difíciles, las sucesivas conversiones» (San Josemaría).

En este tiempo litúrgico nos preparamos para celebrar el gran “advenimiento”: la venida de Nuestro Señor. La que aconteció en la historia: la “Navidad”, “Nativitas”. Pero también la que sucederá al final de la historia, llena de gloria y majestad. Donde los fieles recibirán el premio a su espera del Señor, paciencia y compasión con los más débiles, y los malvados mentirosos e inmiericordes serán severamente juzgados. !ojalá que cada jornada de nuestra existencia sea un “nacimiento” a la vida de amor! Quizá resulte que hacer de nuestra vida una permanente “Navidad” sea la mejor manera de no dormir. ¡Nuestra Madre María vela por nosotros!

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo Señor nuestro. Él vino por primera vez en la humildad de nuestra carne, para realizar el plan de redención trazado desde antiguo, y nos abrió el camino de la salvación; para que, cuando venga por segunda vez en el esplendor de su grandeza, podamos recibir los bienes prometidos que ahora aguardamos en vigilante espera. Por eso, con los ángeles y los arcángeles,
y con todos los coros celestiales cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Viernes 27 Noviembre XXXIV Semana Ordinario Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 21, 29-33 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola:
«Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.
En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

Palabra del Señor

Reflexión: La gente que vive en el campo entiende muy bien los signos naturales de los que hoy habla Jesús: lo que anuncia el brote de una higuera, qué signo anuncia el frío o el calor, cuándo va a llover…, signos que avisan de lo que está a punto de acontecer. En lenguaje teológico llamamos “signos de los tiempos” a las realidades a través de las cuales el Espíritu Santo nos está interpelando. También son signos que avisan, manifestaciones que nos remiten a una realidad mucho mayor, indicadores de cómo construir el reino que Dios quiere. Para el creyente no importa tanto el signo en sí mismo: el brote de la higuera, sino lo que significa: la llegada de la primavera.

En nuestra realidad personal, comunitaria y mundial, existen signos del mal, del anti-reino, y signos del bien, de Dios, que nos hablan de un reinado que poco a poco se va extendiendo. En nuestras vidas personales, familiares, comunitarias, también hay signos de los tiempos, “brotes”, que nos llenan de esperanza. A estos signos y no a los del mal (a nuestra cizaña), nos invita a mirar el evangelio de hoy a las puertas del Adviento. ¿Cuáles son los signos que en ti y en tus cercanos te hablan de la presencia del Espíritu de Dios? Piénsalo, toma conciencia de ellos y descubre qué querrá Dios de ti y de los tuyos: amigos, familia, comunidad, gente con la que vives cada día en el trabajo y en los demás ambientes de tu vida. Y es por ahí, por esa realidad cotidiana, por la que tendremos que avanzar y llegar a Dios y mostrarlo a los demás. Ahí es por donde asoma el Reino de Dios, ese es el brote que anuncia el calor de Dios en ti. Que no seamos ciegos a estos signos, al lenguaje silencioso pero profundo de Dios. ¿Cuáles son tus “signos de los tiempos”, tus “brotes” de Dios? Pide el auxilio de Santa Maria, que venga en tu auxilio la poderosa intercesión de la Madre del Señor y Madre nuestra.

_* Dios te bendice…* “Acordaos, ¡Oh piadosísima Siempre Virgen María!, que jamas se ha oído decir; que ninguno de los que han recurrido a vuestra protección, implorado vuestro socorro, haya sido abandonado de Tì. Animado con esta confianza, ¡Oh Virgen de las Vírgenes!, a Tì vengo; gimiendo bajo el peso de mis pecados, me postro a Tus pies.
¡Oh Madre del Divino Verbo!, no desprecies mis súplicas; antes bien, escúchalas favorablemente, y dignate acogerlas. Amén”. “Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Domingo 22 Noviembre XXXIV Semana Ordinario CRISTO, REY UNIVERSO

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 25, 31-46 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:
“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.
Entonces los justos contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. Y el rey les dirá:
“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá a los de su izquierda:
“Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. Entonces estos contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”.
Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”.
Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Palabra del Señor

Reflexión: La gran pregunta de hoy: quién es Jesucristo? La liturgia de hoy, en sus lecturas, nos presenta, a modo de respuesta, tres epítetos que califican y definen a Jesucristo: pastor, juez y rey.

Como pastor. ¿Quién sino un verdadero hombre, que ha transitado los caminos de este mundo con sus propios pies, que ha experimentado el itinerario del caminar humano en la tierra, que ha sufrido los rigores del clima, las piedras del camino, que ha conocido la sed del caminante, puede guiar a otros hombres por las vías que configuran la vida del hombre? Pero, ¿quién sino un verdadero Dios puede no sólo conocer y orientar sino ser el mismo camino que lleva a la Vida?
Como juez. ¿Quién sino un verdadero hombre, que ha experimentado en su ser, en su carne, el dolor y el sufrimiento de la carne, que ha vivido el mal como existencial, que ha sido tentado en su misma realidad, puede juzgar la existencia de un hombre? Pero, ¿quién sino un verdadero Dios, que conoce el espíritu de cada uno, puede dictar sentencia? Y ¿Quién sino un verdadero Dios puede juzgar y sentenciar al mal mismo y a la muerte misma? Y ¿quién sino un verdadero Dios puede salvar?
Como rey. ¿Quién sino un verdadero hombre, que sabe que ha de morir, que se sitúa en la ultimidad de sus posibilidades, que mira a su horizonte y se encuentra con la muerte, que él mismo se coloca el primero ante el enemigo, puede llevar animosamente a sus hombres a la batalla entre el bien y el mal, que no es sino la definitiva batalla del hombre, la de la vida frente a la muerte? Pero ¿quién sino un verdadero Dios, el Dios del Bien, el Dios de la Vida, puede asegurar la victoria frente al mal y la muerte?
_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque consagraste Sacerdote eterno
y Rey del universo
a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
ungiéndolo con óleo de alegría, para que ofreciéndose a si mismo
como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana, y sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita
un reino eterno y universal: el reino de la verdad y de la vida,
el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria. Santo, Santo, Santo Dios del universo. Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Sábado 21 Noviembre XXXIII Semana Ordinario Presentacion Virgen Maria Cuando la Virgen María era muy niña, sus padres la llevaron al templo de Jerusalén para ser instruida. Es una fiesta que nació en el año 543 en Oriente con ocasión de la dedicación de la basílica de Santa María la Nueva en Jerusalén.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 20, 27-40 En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».
Intervinieron unos escribas:
«Bien dicho, Maestro».
Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

Reflexión: Celebrando la fiesta de la Presentación de la Virgen María en el templo, el Evangelio de hoy se sitúa en el contexto final de vida pública de Jesús. Narra un debate de Jesús con los saduceos. Estos argumentan en contra de la resurrección de los muertos, tratando de ridiculizarla con un ingenioso cuento. Jesús termina desbaratando sus tesis. Quedémonos tan solo con dos pinceladas:

Jesús no devalúa el matrimonio. En absoluto. Jesús lo ha defendido en otras ocasiones y ahora no se contradice. Ha sido instituido por Dios, que nos ha creado como hombre y mujer y no sólo para la reproducción de la especie. De ahí que el motivo biológico no justifique la necesidad del sacramento. El matrimonio alcanza su sentido más alto en la realización del amor recíproco, expresión del mismo amor de Cristo. Los seres humanos no podríamos vivir sin un amor concreto, hecho de estabilidad y fidelidad, abierto a la nueva vida. Con la muerte de uno de los cónyuges, el vínculo se deshace… pero pasan a vivir en una condición libre del condicionamiento del sexo, en una vida distinta.
¿Qué es eso de “ser como ángeles”? Es una manera de expresar lo que queda aún oculto en el misterio. Dios nos tiene destinados a la vida sin fin, no a la muerte. La vida de resucitados no es una simple continuación de esta vida terrena. Acontece de otra manera. Para hacerse entender, Jesús opone «este mundo» y «el mundo futuro» … un mundo en el que las personas morimos y otro mundo en el que no se muere más, y por lo tanto donde no es necesario engendrar nuevos seres. No hace falta explicar más para refrendar que «sí se puede resucitar». Nosotros creemos, sin elucubrar ni dudar, que al final de todo, la última palabra es la del Dios de la vida. Y su palabra siempre es palabra vivificadora, resucitadora, creadora… siempre lo fue. Por tanto, “¡sí se puede!”.

_* Dios te bendice…* “Préstame, Madre, tus ojos, para con ellos mirar, porque si por ellos miro, nunca volveré a pecar. Préstame, Madre, tus labios, para con ellos rezar, porque si con ellos rezo, Jesús me podrá escuchar. Préstame, Madre, tu lengua, para poder comulgar, pues es tu lengua patena de amor y de santidad. Préstame, Madre, tus brazos, para poder trabajar, que así rendirá el trabajo una y mil veces más. Préstame, Madre, tu manto, para cubrir mi maldad, pues cubierto con tu manto al Cielo he de llegar. Préstame, Madre a tu Hijo, para poderlo yo amar, si Tú me das a Jesús, ¿qué más puedo yo desear? Y esa será mi dicha por toda la eternidad”.

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En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Domingo 15 Noviembre XXXIII Semana Ordinario

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
“Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”.
Su señor le dijo:
“Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:
“Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”.
Su señor le dijo:
“Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó también el que había recibido un talento y dijo:
“Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.
El señor le respondió:
“Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».
Palabra del Señor

Reflexión: En nuestra “cultura” atea y depredadora, que ya se quiere sembrar en los mismos centros de enseñanza, como un monopolio de determinadas ideologías, tratando de conquistar la felicidad como algo exclusivo de cada sujeto, como solo consumidores de emociones y placeres, gestores o súbditos de planteamientos “educativos” opuestos a los mandamientos de Dios. Y detrás de todo el dinero, verdadero dominador de todas las ideologías. El dinero y el poder y el placer considerados la única fuente de nuestra felicidad: Comer, beber, vestir, bailar, viajar… Y en medio de todo llega el Covid-19 y nos confina, no solo en casa, sino en nuestra impotencia.

El poder nos hace importantes, mandando sobre los demás… Y la pandemia nos releva y desorganiza, perdidos en un “hoy es así y mañana lo contrario”; y no sabemos en qué acabará todo. Somos un mundo destruido por la codicia humana. Precisamente hoy celebramos la “Jornada Mundial de los Pobres”.

¿Felices sin el buen Dios? La epidemia de la infelicidad y la muerte nos grita que no podemos ser felices centrados sólo en aplacar nuestros deseos. Hay más realidad que la que tocamos con las manos. Y vivimos muy engañados, pensando que no tenemos que dar cuenta de lo nuestro a nadie. Nos guste o no, sepámoslo o no, se nos ha encomendado una tarea y nuestra felicidad dependerá del modo en que ahora hagamos las cosas. Y, por supuesto, creyente o no, dará cuentas de si. No hay posibilidad de excluirse de la Verdad de Dios. Por eso, hermano, hermana, para saber de verdad quien eres, quienes somos, sométete a esta prueba: Lee san Mateo 25,14-30. En este espejo se refleja quién soy y qué me espera.
¡Qué grandes dones se me han dado, que talentos, dándoseme la vida! Y, ¿para qué? Responde.

_* Dios te bendice…* “En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro. Él mismo se compadeció del pecado de los hombres y quiso nacer de la Virgen María;
murió en la cruz para librarnos de la muerte
y resucitó del sepulcro para darnos la Vida eterna. Por eso, con los ángeles y arcángeles, y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo”.

San Martiño

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Hoy es Miércoles 11 Noviembre XXXII Semana Ordinario San Martin de Tours Fue soldado, y monje antes que otra cosa y nos invita a mirar con ojos nuevos la vida religiosa. Como obispo, es ejemplo de cercanía y de falta de ambiciones terrenas. Su gran caridad despertaba la responsabilidad frente a la urgencia de la evangelización y ante la pobreza y la enfermedad.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17, 11-19 Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, les dijo:
«Id a presentaros a los sacerdotes».Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano.
Jesús, tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Y le dijo:
«Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Palabra del Señor

Reflexión: ¿Dónde están?
Nos encontramos ante la desconsideración y la ingratitud hacia Dios. Jesús ha curado a diez leprosos, y sólo uno, el desconocido, el extranjero, el que no pertenece a la comunidad, es el que vuelve con un sentido de gratitud por haber sido curado.

Jesús se pregunta ¿dónde están los otros nueve?

Mientras estamos mal, son todo súplicas y gritos a Dios para que nos libere de nuestros sufrimientos. Sin embargo, cuando vivimos una experiencia de sanación, de liberación de nuestra amargura, miedo, enfermedad o esclavitud, nos olvidamos de volver sobre nuestros pasos para considerar de quién fue la acción que me devolvió a la vida.

El volver sobre tus pasos en la vida, para mostrar gratitud, te mostrará cuán frágil has sido en tu vida, no sólo por sufrir una enfermedad, sino también por la marginación que supone ser apartado, ignorado, vivir fuera de la sociedad.

La ingratitud es otra forma de egoísmo fruto del individualismo. Hemos crecido desde la posible exigencia hacia nuestros familiares y amigos creyendo que todo lo hemos de recibir gratis. “Tengo derecho”. Nos hemos acostumbrado a creer que nos merecemos todo, sin mirar cuánto sacrificio ha supuesto el que tú permanezcas de pie frente a la vida.

Uno no se sacrifica en la vida para que le alaben y le bendigan todo el día; pero sí hay que hacer constar el valor y el coraje de la persona que ha arriesgado su vida por ti. Hay que darle valor a todo cuanto se ha sacrificado por nosotros. Si no fuera así, lo que se muestra es el desprecio por la misma vida, el desprecio por el amor y sus razones, por la fe mantenida y ofrecida con esperanza. Se desprecia las fuerzas dedicadas y el tiempo consagrado con el sólo fin de que tú permanezcas de pie. Esto lo ha hecho a Jesucristo, ha puesto su vida en tu cruz de muerte para que tengas vida. Ha puesto su inocencia en el lugar de tus pecados para que aparezcas “impecable”.

¿Dónde están? ¿Dónde estás ahora que se han sanado tus heridas? ¿Dónde estás ahora cuando has sido liberado de tus esclavitudes? ¿Dónde estás ahora cuando has sido consolado de tus tristezas? ¿Dónde estás ahora cuando has sido reconstruido con generosidad por tus hermanos? ¿Dónde está ahora tu gratitud a Jesucristo?

_* Dios te bendice…* “Gracias, Señor Jesus, por la vida, por la salud, por la familia, por el hogar, por el trabajo, por los alimentos, por la bendición de cada día. Bendice Señor a mi familia, a mis amigos y también a mis enemigos, porque ellos también necesitan de ti. Te ruego Señor por aquellos que sufren y te pido, Jesús, que nos libres de esta terrible pandemia que está destruyendo la vida y el futuro. Da, tambien, paz para el mundo entero. Tú qué vives y reinas, con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén”.