Santuario Nuestra Señora de los Milagros

DOMINGO IV DE ADVIENTO

¿Puede el hombre construirle una casa al Señor?04-Adviento-4B

El Rey David en la primera lectura que vamos a proclamar en este domingo de Adviento,  es reprendido por Dios: “¿Eres tú quien me va a construir una casa?”. Es más bien Dios el que construye nuestra casa, como dice el salmo 126: “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles”.

¿Qué significa Adviento sino la presencia salvadora de Dios en medio de su pueblo? ¿Qué es la encarnación  de Cristo sino ese plantar su tienda en medio de nosotros? ¿Y qué simboliza María en el relato evangélico sino esa comunidad pobre y humilde que recibe en su seno al Salvador?

Dios quiere estar con nosotros, eso es la Navidad. La Virgen María es el modelo, acepta y acoge. Cree en la palabra del ángel y hace así posible la cercanía de Dios entre nosotros, en la calidez de su  vientre, toda la humanidad recibe al Señor como huésped. María, que abre en la fe su seno a la acción del Espíritu es, el símbolo de la nueva comunidad (Madre de la Iglesia). Dios sólo necesita nuestro sí, como el de María; un sí activo, consciente, comprometido: “Hágase en mí según tu palabra”, para que este Adviento florezca en Navidad. Él, está presente, tiene su casa, en la fe de los que reciben al Niño y le hacen un sitio en sus alegrías y tristezas, en sus gozos y penas. Lo original del cristianismo es que el hombre no necesita abandonar la tierra para llegar a Dios, lo divino se humaniza, en nuestra debilidad y en la pequeñez de María, halla cabida el soplo del Espíritu de la vida.

Al finalizar este tiempo de Adviento, es la propia Virgen María la que nos indica el camino de la fe para acoger al «Dios-con-nosotros»: desde su actitud de escucha a la Palabra de Dios, que implica un silencio interior, vaciarse de sí mismos, eliminar muchos ruidos, (¡cuántos estos días!, como si tuviéramos que buscar fuera lo que no tenemos dentro), que distorsionan o interfieren el mensaje. Estando abiertos al Espíritu, María, a pesar de que no entendía lo que iba a suceder, se dejo llevar por el Espíritu hasta el pie de la cruz, no le faltó el espíritu profético en el Magníficat y el ánimo que da ese viento y ese fuego. Lanzada a servir: “Aquí está la esclava del Señor”, recorrerá un largo camino para atender a su prima Isabel, es que Dios quiere ser servido en sus hermanos más necesitados y se produce la gran paradoja siendo esclava sé libera y liberaMaría es camino, pero aprender a mirar, comprender y sentir como ella, no se consigue sino guardando en el corazón el recuerdo y el asombro de esa noche en la que Dios irrumpió en el gran Belén de nuestro mundo.

FELIZ DOMINGO A TODOS… PREPAREMOS EL CAMINO…