En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
Domingo XXIX ciclo A
San Lucas, evangelista, fue compañero de san Pablo y, según la tradición, médico. Autor del tercer Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles, destaca la misericordia de Dios, la cercanía de Jesús a los pobres y la acción del Espíritu Santo. Sus páginas nos acercan especialmente a la Virgen María y nos transmiten parábolas como la del hijo pródigo y el buen samaritano. Por coincidir en Domingo no se celebra liturgia propia.
Evangelio según San Mateo 22, 15-21 En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas:
¿es lícito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».
Le presentaron un denario. Él les preguntó:
«De quién son esta imagen y esta inscripción?». Le respondieron:
«Del César». Entonces les replicó:
«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
Palabra del Señor
Reflexión. «Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Jesús nos invita hoy a reconocer el lugar de Dios y a asumir nuestra propia responsabilidad.
En la primera lectura vemos cómo Dios actúa en la historia a través de Ciro. Pero esto no significa que todo lo que sucede sea voluntad de Dios. Él acompaña nuestra historia sin anular nuestra libertad. No podemos culpar a Dios de lo que nace de nuestras decisiones humanas, de nuestros egoísmos o de nuestras injusticias, o de las de otros. Dios no quiere la guerra, la corrupción ni el abandono de los débiles, ni la mentira, ni ninguna forma de mal. Nos llama a construir la paz, actuar con honradez y cuidar unos de otros.
En el Evangelio, Jesús pregunta de quién es la imagen de la moneda. Lleva la imagen del César; nosotros llevamos la imagen de Dios. Darle a Dios lo que es suyo significa ofrecerle nuestra vida y dejar que su amor, su Santo Espíritu, oriente nuestras decisiones. No basta con pedirle que arregle el mundo si nosotros no estamos dispuestos a cambiar lo que está en nuestras manos.
San Pablo nos muestra cómo hacerlo: con una fe que actúa, un amor que se esfuerza y una esperanza firme. La fe nos mueve a obrar bien; el amor nos hace responsables del hermano; la esperanza nos sostiene cuando hacer el bien resulta difícil.
Antes de preguntarnos «¿por qué Dios permite esto?», conviene preguntarnos también: «¿Qué estamos haciendo nosotros? ¿Qué puedo hacer yo para aliviar este sufrimiento?» Hay dolores que no comprendemos, pero siempre podemos pedir al Señor que nos ayude a responder con amor.
Que este día nos enseñe a confiar en Dios y a asumir nuestra responsabilidad. Que nuestras decisiones reflejen su bondad y nuestras manos colaboren con Él en el cuidado de los demás.
Feliz Domingo oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
