Santuario Nuestra Señora de los Milagros

I DOMINGO ADVIENTO

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Domingo I Adviento ciclo B.

Evangelio según Marcos 13, 33-37 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!».

Palabra del Señor

Reflexión San Marcos abre el adviento con una llamada a la vigilancia. Es el Señor quien nos la recomienda con gran insistencia. Hoy se nos dice que hay que mantener la vigilancia “al atardecer, a medianoche, al canto del gallo y al amanecer”, es decir, en las cuatro vigilias en las que se dividía la noche. Vigilar es estar alerta, estar despiertos, estar preparados. Vigilar es la actitud de no dejarse sorprender, de no cansarse de la ausencia del Señor, de no dormirnos.

Pero, vigilar, ¿para qué? ¿Para que no nos pase nada? ¿Para que todo siga igual? Esa es la vigilancia de los satisfechos, de los que se sienten contentos con lo que tienen y con lo que son. Nosotros, los seguidores de Jesús que empezamos a preparar el Adviento del año 2023, vigilamos con la esperanza de no frustrar la llegada de quien puede cambiarlo todo, todo lo que todavía nos falta: queremos valores evangélicos, actitudes como las de Jesús, apuesta por la Buena Noticia que, el que va a venir, nos trae. Queremos una paz como la que Jesús daba a sus discípulos; buscamos tener hambre de justicia evangélica; queremos poseer la Verdad para ser testigos, luego, de ella ante los demás.

Hoy el evangelio nos dice también otra palabra para indicar lo mismo: “velad”. Velar es lo contrario de dormir. Es mirar con ojos bien despiertos en todas las direcciones, con un doble propósito: que nadie nos engañe con soluciones fáciles, o incluso perversas, para problemas profundos: “Si alguno os dice que el Mesías está aquí o allí, no le creáis. Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas que harán signos y portentos para engañar, si fuera posible, a los elegidos. Pero, vosotros estad atentos, que os he prevenido” (Mc 13, 21-23). Y en segundo lugar, mirar para aprender y discernir los signos de los tiempos.

Recordemos que el Señor al irse de viaje, además de encargar al portero que velara, “dio a cada uno de sus criados su tarea”. Parece que la voluntad del Señor es conservar, pero no sólo. Conservar ya lo hace el portero, los criados no sólo tienen que estar despiertos, no sólo no tienen que hacer nada malo, tienen encomendada una tarea. Y la santa liturgia nos lo recuerda al comenzar el año litúrgico, al comenzar el adviento.

Esta es nuestra tarea como criados del Señor y podemos llevarla a cabo porque el Señor no nos pide más allá de nuestras fuerzas. Por tanto es importante ponerse manos a la obra, negociar, producir: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28,18-20).

La tarea encomendada es dejarnos conducir por el Espíritu Santo hacer eficaz el amor de Dios, hacer posible el proyecto De Dios y, para lograrlo, ofrecer de palabra y de obra la buena noticia del Evangelio.

¿Hasta dónde tiene que llegar la tarea? ¿Cuándo se puede dar por cumplida y acabada? En dependencia de los talentos recibidos, hasta donde podamos. Se trata de un encargo y de una gestión. Terminará cuando regrese el Señor, y vea y apruebe lo que hemos hecho. Más que hasta dónde, debe preocuparnos el cómo llevarla a cabo. Habrá momentos en que la tentación siga siendo hacer un hoyo en la tierra, esconder los muchos o pocos dineros del Señor, y esperar a que amaine el temporal. Pero, no podemos permitirnos esos lujos. Necesitaremos coraje, esfuerzo, sacrificio, pasión y dedicación.

Si estamos contentos, felices y agradecidos del encargo y confianza que deposita el mismo Señor en nosotros, tiene que notarse y repercutir en lo ordinario de nuestra existencia. Tienen que vernos con ilusión, tienen que notar que tenemos fe en lo que hacemos. Que, de tal forma hayamos asumido la tarea, que la hayamos hecho nuestra y queramos expandirla y contagiarla porque la consideramos la Buena, la mejor Noticia… Aquella que estamos esperando en su venida definitiva. Dejemos que el Espíritu Santo nos conduzca en este tiempo santo.

Dios te bendice oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria. Ven, Señor Jesús.