Santuario Nuestra Señora de los Milagros

HOY ES DOMINGO…

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Evangelio según San Mateo 3, 14-17 En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Palabra del Señor

Reflexión Hoy celebramos el Bautismo del Señor, una fiesta que cierra el tiempo de Navidad y abre solemnemente la vida pública de Jesús.

El Niño adorado en el pesebre se manifiesta ahora como el Hijo amado del Padre, enviado para salvarnos.

El evangelio nos presenta una escena sorprendente: Jesús se acerca a Juan para ser bautizado. Juan se resiste: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti”. Y tiene razón. Jesús no tiene pecado. Entonces, ¿por qué entra en el Jordán?

Jesús lo hace por nosotros. Se pone en la fila de los pecadores, se mezcla con la humanidad herida, carga con nuestra historia. Desde el inicio de su misión, Jesús nos enseña que Dios no salva desde lejos, sino metiéndose en nuestra vida, compartiendo nuestras luchas, nuestros miedos y nuestras esperanzas.

Cuando Jesús sale del agua, ocurre algo decisivo:
El cielo se abre,
el Espíritu Santo desciende,
y se escucha la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.
Aquí aparece claramente el misterio de la Santísima Trinidad y, al mismo tiempo, se revela la identidad profunda de Jesús: Hijo amado, enviado para cumplir la voluntad del Padre.

Pero esta escena no habla solo de Jesús. Habla también de nosotros. El día de nuestro bautismo, quizá sin ruido ni multitudes, pasó algo inmenso:
el cielo se abrió para nosotros,
recibimos el Espíritu Santo,
y Dios nos llamó hijos e hijas amados.

Muchas veces vivimos como si lo hubiéramos olvidado. Buscamos valor en lo que hacemos, en lo que tenemos o en lo que otros piensan. Pero nuestra verdadera identidad no se gana: se recibe. Somos amados antes de hacer nada.

El Bautismo del Señor nos invita hoy a tres cosas concretas:
Recordar quiénes somos: hijos amados de Dios.
Renovar nuestro bautismo, viviendo como cristianos auténticos en medio del mundo.
Escuchar la voz del Padre y dejarnos guiar por el Espíritu Santo, unidos al Señor Jesús.

Que la Eucaristía de hoy nos ayude a volver al Jordán de nuestro propio bautismo y a vivir con alegría y responsabilidad la misión que Dios nos confía: ser luz, ser esperanza y ser testigos de su amor.

Dios te bendice Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

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