Santuario Nuestra Señora de los Milagros

HOY CELEBRAMOS…

Nació el 8 de mayo de 1786 en Dardilly, cerca de Lyon. De familia campesina pero muy religiosa, no pudo ir al colegio, pero aprendió muchas oraciones de memoria. A los 17 años sintió la llamada al sacerdocio con lo que empezó un auténtico calvario debido a su bajísimo nivel cultural e intelectual. Y es que, solo gracias al empeño de algunos de sus superiores que vieron en él la auténtica vocación consiguió a duras penas acabar sus estudios y ordenarse sacerdote con 29 años. Enviado a la pequeña aldea de Ars, que contaba con 230 habitantes, fue todo un ejemplo de santidad, volcándose en el servicio al pueblo, a los más necesitados, a los huérfanos, a los enfermos, catequizando a niños y adultos, convirtiendo a muchos con la fuerza de su predicación… Pero si por algo destacó fue por ser un auténtico misionero de la misericordia divina, pasando hasta 16 horas al día en el confesonario. Siendo de origen tan sencillo y humilde, conseguía que llegaran hasta Ars multitudes desde todas partes de Francia para confesar con él y escuchar sus sabios consejos.

El martirologio romano dice de él que «durante más de cuarenta años se entregó de una manera admirable al servicio de la parroquia que le fue encomendada; con su ardiente caridad, alimentada en la fuente de la Eucaristía, brilló de tal modo que difundió sus consejos a lo largo y a lo ancho de toda Europa y con su sabiduría llevó a Dios a muchísimas almas».

Murió a los 73 años y el santuario que se levantó sobre su tumba recibe, cada año, a 450.000 peregrinos.

El santo cura de…

Hablar mal de los curas es fácil: «Los curas son todos unos…». Normalmente la frase se completa en la barra del bar con alguno de los prejuicios más extendidos. Pero en privado, en el cara a cara, y concretando en el cura de su barrio o de su pueblo, muchos de los que porfían contra el clero reconocen lo mucho que “su cura” hace por la comunidad en la que vive. Desde hace unas semanas, en estas mismas páginas publicamos la sección “Mi cura”, en la que los fieles expresan cuánto le deben a tal sacerdote que los ayudó en un momento de dificultad económica, a aquel otro que les transmitió la alegría del Evangelio o a aquel que les dio un sabio consejo que no olvidaron nunca.

La santidad cotidiana, la del cura buen pastor que da la vida por sus ovejas. Seguro que tú también conoces uno. Hoy es su día. Felicítalo.