Santuario Nuestra Señora de los Milagros

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
Hoy es Viernes XXI del Tiempo Ordinario Santa Monica Madre de san Agustín. Su determinación, su entereza de ánimo, su inteligencia, su amor materno y su fidelidad a la Iglesia, su total confianza en Dios, resultaron decisivas en la conversión religiosa de su hijo. Su vida es un modelo para muchas madres y es patrona de las mujeres casadas y de las madres cristianas, así como de las víctimas de abusos, los alcohólicos o los matrimonios con problemas.

San Mateo 25, 1-13 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:
“Señor, señor, ábrenos”.
Pero él respondió:
“En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora»

Palabra del Señor

Reflexion: La parábola del Evangelio de hoy es una invitación a la vigilancia. Vigilar no significa vivir con miedo y angustia, quiere decir vivir de manera responsable nuestra vida de hijos de Dios, nuestra vida de fe, esperanza y caridad. El Señor espera continuamente nuestra respuesta de fe y amor, constantes y pacientes, en medio de las ocupaciones y preocupaciones que van tejiendo nuestro vivir.

Cómo nos enseña Santa Mónica, la vigilancia tiene que ser en el cristiano una actitud constante, porque no basta sólo con iniciarnos en el camino que nos lleva al encuentro con Cristo, como las vírgenes que tomaron sus lámparas, sino que hay que perseverar aun en medio de las dificultades, sin ceder a la tentación de la vida cómoda y aburguesada.

Santa Mónica vive en propia carne lo que, más tarde su hijo Agustín ya convertido, ilustrará bellamente hablando sobre este texto que hoy proclamamos. Él dice: : “¿Acaso no son las vírgenes prudentes las que perseveran hasta el fin? Por ninguna otra causa, por ninguna otra razón se las habría dejado entrar sino por haber perseverado hasta el final…Y porque sus lámparas arden hasta el último momento, se les abren de par en par la puertas y se les dice que entren”.

Santa Mónica, con su vida, nos alecciona. El “aceite” que nos mantiene vigilantes es la oración, la intimidad con Jesús. Ya lo dijo Él a sus discípulos: “Velad y orad, para no caer en la tentación”.

Sorprende en este Evangelio el comportamiento de las vírgenes sensatas, que negaron su aceite a las necias que lo habían olvidado. Sin embargo la intención del autor sagrado es poner de manifiesto que la vigilancia es personal, nadie puede suplirnos en esta tarea. “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”, escribió San Agustín.

Pidamos al Señor que nos ayude a estar siempre en vela y a dejarnos cuestionar por esas buenas mujeres, madres de familia que, a pesar de todas las dificultades se hoy en día, se esfuerzan por vivir de Fe intercediendo para que tengamos un verdadero encuentro con el Señor de tal forma que nuestra vida encuentre su fuerza en aquellas proféticas palabras: “ conviértete al Señor tu Dios”.

_* Dios te bendice…* Oramos: Credo, Padrenuestro, Avemaría, Gloria.