Santuario Nuestra Señora de los Milagros

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UNA IMAGEN…UNA PALABRA

Este texto y en su conjunto todo el discurso del Pan de vida (Jn 6, 22-51) puede ser leido en relación con el Prólogo del Evangelio de Juan (Jn 1, 1-18). En esa relación descubrimos que la carne-pan que Jesús nos da es su Palabra. Esta sacramentalidad nos ayuda a redescubrir a Jesús Resucitado realmente presente también en su Palabra. Esto encierra un dinamismo, como lo celebramos en cada Eucaristía, donde la Palabra se convierte en pan, el cuerpo de Jesús que nos alimenta. ¿Descubro la presencia de Jesús en su Palabra? ¿Soy capaz de escuchar la Palabra de Dios con la misma reverencia como cuando voy a comulgar? Pidamosle al Señor que su Palabra sea el corazón de nuestra espiritualidad.

FLORES Y VIRGEN MARÍA

En la naturaleza muerta se percibe a menudo una estructura religiosa o moral escondida detrás de la imagen, sólo aparentemente sencilla. “Un florero o una mesa puesta”, recuerda la autora, “podrían ser sólo lo que parecen, expresando sencillamente el aprecio estético por los colores y las formas o, a lo sumo, el status del comitente. Pero, a menudo, algunos elementos y asociaciones nos hacen intuir un significado espiritual distinto, hoy quizá más difícil de comprender que en el pasado”.

“El gran éxito de las Stilleben (naturaleza muerta) en el área flamenca, tanto católica como protestante, está también vinculado a la exigencia de expresar la res mystica en una área donde estaba prohibida la visión tradicional del arte sacro” después de la Reforma protestante.

“Con la naturaleza muerta se podían satisfacer las exigencias tanto de una clientela culta, profundamente religiosa, que aún necesitaba de un medio con el cual poder representar la realidad religiosa, espiritual y mística sobre las que meditar, como la de los críticos reformados más extremistas, para quienes la representación literal y tradicional de la historia de la salvación era algo a evitar. Esta doble posibilidad ofrecida por la pintura ilusionista de la Stilleben era completamente comprensible para el público católico y esto explica cómo muchos de los primeros clientes católicos fueron precisamente cardenales y obispos, como en el caso del cardenal del Monte que encargó a Caravaggio la famosa Canestra di frutta (Cesta de fruta) – hoy en la Ambrosiana de Milán – para regalarla al cardenal Federico Borromeo”.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Esta es la vida nueva que nos comunica Jesús Resucitado, el pan que sacia nuestra hambre y sed más profunda. A la luz de este texto y de todo el discurso del «Pan de vida» podemos resignificar nuestra experiencia eucarística, la cual no se limita solo al ámbito litúrgico y sacramental. Cuando decimos que comulgamos el cuerpo-pan de Cristo: ¿qué comulgamos? Como dice el Papa Francisco: «El deseo de dejar en el centro de su corazón a Jesús», «comulgar significa pensar como él, amar como él, ver como él, caminar como él». Por el proceso de deglución lo que uno come se transforma en parte de uno, si aplicamos esta metáfora del comer a nuestra vivencia espiritual, al comer el Pan de vida nos transformamos en eso que comemos, por eso afirma Jesús: «el que viene a mi no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás… y yo lo resucitaré en el último día».

FLORES Y VIRGEN MARÍA

En su Vallis Liliorum, el místico alemán Tomás de Kempis cita el Cantar de los Cantares: “Yo soy la flor de y el lirio de los valles”; “Esta es la palabra con que Cristo se dirige a su santa Iglesia en general, y más especialmente a cada alma piadosa. Cristo de hecho es el bellísimo esposo de la Iglesia católica […], la flor de todas las virtudes, el lirio de los valles. […] quien quiera servir a Cristo y agradar al esposo celestial, procure despojarse de sus vicios, recogerá los lirios de la virtud”.

Jacopone da Todi, en Il Pianto della Madonna de la passione del figliolo Jesù Cristo, (El llanto de la Virgen de la pasión de su hijo Jesucristo) le hace decir a María: “¡Oh hijo, hijo, hijo! / Hijo, amoroso lirio, / hijo, ¿quién da consejo / a mi corazón angustiado?

“Si la unión entre la rosa y el lirio en las representaciones religiosas subraya a menudo precisamente el vínculo místico entre la Madre y el Hijo”, escribe Piccolo Paci, “allá donde se enfatiza la presencia del lirio, quizá asociado a otra flor, como la aguileña por ejemplo, se quiere evidenciar la soberanía y el destino doloroso y necesario del Salvador”.

VISITA AL SANTUARIO

El coro del Santuario de Los Milagros de Amil visitó este Santuario y participó con sus cantos en la Misa Solemne del III Domingo de Pascua. Les agradecemos su visita y buen hacer… participarán, Dios mediante, el 1 de septiembre en la Novena.., os esperamos….

FLORES y VIRGEN MARÍA

Otra flor que se asocia a un simbolismo doloroso es el cardo mariano. El cardo era conocido tanto por su uso alimentario como por el terapéutico. Sus propiedades tónicas, antioxidantes y galactógenas la volvían una planta valiosa, a menudo era usada por las mujeres recién paridas y los ancianos como integrador y regenerador.

Las pequeñas manchas blancas que se encuentran en las hojas y los usos galactógenos dieron origen a la leyenda que cuenta sobre las gotas de leche de la Virgen que cayeron mientras amamantaba a Jesús durante la fuga a Egipto.

La presencia de las espinas la volvieron apta también para representar los dolores de María, además de evocar la imagen de la corona de espinas de la crucifixión.

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

En el Evangelio continuamos con la lectura del discurso del «Pan de vida» en el capítulo seis de Juan. Jesús se revela como pan de vida, como alimento que sacia nuestra hambre. Su palabra nos dice que el único pan que nos hace vivir es el amor. No es extraño, por ello, que los relatos de resurrección se den siempre entorno al pan, a las comidas, a la mesa compartida. En este gesto-símbolo no solo descubrimos la presencia del Resucitado en medio de la comunidad, es también una invitación a ser pan vivo para saciar el hambre de tantos hermanos nuestros. Hagamos nuestra la petición de los discípulos: «Señor, danos siempre de este pan».

UNA IMAGEN… UNA PALABRA

Hemos iniciado la tercera semana del tiempo de Pascua.  Durante este tiempo somos invitados a pedir la gracia de experimentar que Jesús está vivo y resucitado. La fuerza de su Espíritu sigue actuando hoy en tantos hombres y mujeres que se dejan tocar por su dinamismo transformador. Más allá del miedo, la oscuridad y la injusticia de nuestro mundo; tenemos la firme esperanza de que la muerte no tiene la última palabra, nuestra vida esta llamada a ser un reflejo de esta esperanza pascual.

FLORES y VIRGEN MARÍA

La rosa es la flor mariana y mística por excelencia, capaz de conservar secretos e intuiciones espirituales: “blanca y sin espinas, porque no lleva la mancha del pecado; rosa, por el misterio de la Encarnación; roja, por el amor y la caridad con que ha accedido a la llamada del Padre y por el dolor sufrido al ver a su Hijo en la cruz”.

La rosa roja se volvió también el símbolo del Amor perfecto, al poderse asimilar también a Cristo además de a María; de oro, finalmente, en la gloria de la Asunción y, por asociación, describe también las bienaventuranzas paradisiacas, tanto que Dante imaginó a los santos en el Empíreo compuestos como una rosa alrededor de Dios.

Una rosa para cada fase de la vida de María. Así, para Piccolo Paci, nació probablemente también el rosario, o sea “corona de rosas”, “práctica devocional que ve una serie de oraciones intercaladas en la reflexión sobre los principales misterios de la vida de la Virgen y de Cristo precisamente como se recoge un bouquet de rosas”.